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Venezuela fue en el siglo XIX referencia mundial al liderar las luchas
independentistas contra el imperio español. El genio de Bolívar guió nuestro glorioso ejercito libertario hasta más allá de la Cordillera Andina no sólo para echar al invasor, sino para sembrar sueños de patria y libertad en el alma de los suramericanos. El siglo XX, por su parte, no le restó protagonismo en el concierto internacional a una Venezuela que descubrió en sus entrañas inmensos yacimientos petrolíferos que sirvieron, entre otras cosas, para impedir que el fascismo de Hitler devorara media humanidad. El siglo XXI no pareciera ser diferente. El mundo entero observa con interés como nuestra nación se niega a aceptar la tesis del fin de la historia y se levanta irreverente ante el imperio más poderoso que haya conocido la humanidad. Desde el espacio que los gringos siempre consideraron su patio trasero, los herederos de Bolívar, Miranda y Sucre llaman a una nueva guerra, ahora contra el neoliberalismo. Cómo no ser protagonistas de la nueva historia, quienes desde el vientre de capitalismo mundial se empeñen en construir una nación democrática, socialista, humanista y solidaria. Orgulloso de ser protagonistas de esta nueva era debemos sentirnos los venezolanos que con todas los vicios que arrastramos, tras vivir toda una vida con los antivalores del capitalismo como valores, hemos tenido sensibilidad para entender e interpretar el mensaje del Comandante; coraje para respaldarlo a pesar de nuestras propias contradicciones y entereza para no dejarnos avasallar por la canalla, aún en aquellos momentos en que tomaron el control y depusieron al líder. El siglo en el que Venezuela seguirá siendo protagonista de la historia universal recién comienza, al igual que nuestra lucha… Tanto falta de siglo, como de batallas nuestras por construir patria. Como en lucha independentista habremos de librar combates contra algunos compatriotas. Así como ayer el ejercito imperial se nutrió de hombres nacidos en estas tierras; hoy la mejor arma del imperio la empuñan algunos venezolanos que hace tiempo dejaron de sentirse como tales e hicieron de la “green card” su más caro anhelo. Allí están, cual Páez cualquiera, dándose por ofendidos cuando se hace del conocimiento público que son asalariados del imperio y que por unos miserables dólares son capaces de atentar contra los sueños de una nación que desde hace tiempo ya dejo de ser la suya. Debilitados están, no hay lugar a dudas, pero siguen representando peligro, aunque ya no son el principal enemigo. Somos nosotros con nuestro izquierdismo enfermizo, con nuestras contradicciones entre la concepción revolucionaria y los vicios pequeño burgueses, con el protagonismo que le imponemos al concepto de democracia participativa y protagónica, los principales enemigos de esta revolución. Tenía que ser así, pues venimos del infierno mismo. No en balde nos formamos en el laboratorio del neocolonialismo gringo. Pero es hora de profundizar en el análisis de las contradicciones, en el ejercicio de la práctica revolucionaria, en el fortalecimiento de la solidaridad y en la convicción de la igualdad. La tarea no es fácil, pero indudablemente mucho más sencilla que la que asumieron nuestros próceres. Vamos pues a practicar para ser verdaderos revolucionarios. Comencemos por dejar de calificarnos alegremente de revolucionarios, reconozcamos que nos falta un mundo para serlo y trabajemos para hacernos merecedores del calificativo. Articulo leido aproximadamente 855 veces
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