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En febrero de 2002, en pleno ejercicio de las atribuciones que la ley le
concede, el presidente Chávez nombró una nueva junta directiva en PDVSA, desatando con ello los demonios. Unos ejecutivos apátridas, cuya única preocupación era hacer de Venezuela un “seguro suplidor” de crudo al imperio, se colocaron al margen de la ley, y en alianza infernal con la oligarquía desarrollaron un plan desestabilizador que en su primera etapa incluyó un golpe de estado y en la segunda el mal recordado sabotaje petrolero. A los empleados de PDVSA les envenenaron el alma y los embarcaron en una lucha ilegal, vendiéndoles la idea de que se estaban convirtiendo en los salvadores de la patria. Con canciones, mensajes subliminales y campañas mediáticas, en primera instancia, y con amenazas y agresiones más tarde, los incorporaron a una aventura cuyo objetivo real era la retoma del poder por los cipayos. Los resultados son historia resiente y conocida. El pueblo venezolano los derrotó en ambas oportunidades y los oligarcas regresaron a su “vida normal” de viajes, negocios y placeres; mientras esperaban por una nueva oportunidad. Los saboteadores de PDVSA, mientras tanto, terminaron olvidados y lanzados al cesto. Para los medios que una vez los hicieron sentir en la gloria, ya no eran noticia; los políticos de oficio no recordaban de su existencia y a sus “líderes naturales” no volvieron a verles los rostros. Hoy la historia se repite. De acuerdo a lo establecido por la ley, el gobierno nacional decide no renovar la concesión a RCTV y los mismos que ayer usaron cual preservativo a los trabajadores de PDVSA, manipulan a los de esa planta para que inicien una lucha contra “el tirano que quiere acabar con la libertad de expresión y la democracia en el país”. Las escenas, los discursos y las asambleas de los trabajadores del canal son idénticas a aquellas de los expetroleros. Supongo que la siguiente fase es la misma que llevó a los saboteadores de PDVSA a las plazas públicas, a intentar hacer todo el ruido político posible. Como en aquella ocasión intentarán mantenerlos como noticia el mayor tiempo posible, pero al final, el hastío y la falta de resultados irá enviando a cada quien a su casa a llorar su derrota y a evaluar su futuro. Era previsible que saldrían derrotados, así como es previsible que los grandes perdedores serán los trabajadores. A la oligarquía le interesaba armar la alharaca que han armado en el escenario internacional; y levantar, en lo interno, el ánimo de una oposición que no haya de que palo ahorcarse; pero el futuro de los trabajadores, artistas y periodistas del canal, les tiene sin cuidado. Les suministraron una sobre dosis de odio para impedirles ver la realidad y usarlos a su antojo, y les hicieron creer que eran los salvadores de la patria, para al final, al igual que aquellos, abandonarlos a su suerte. Imagino que cuando, a pesar de necesitarlo, la vergüenza les impida tocar las puertas de algún canal del Estado en busca de empleo; será cuando reflexione sobre la forma vil en que fueron utilizados. Articulo leido aproximadamente 1864 veces
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