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El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la Constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. José Martí (Nuestra América) En su obra, “La formación del pueblo venezolano”, Carlos Siso nos cuenta en sus propias palabras: “En todas las sociedades, en todas las civilizaciones, ha habido entre los hombres desigualdades sociales; en todas partes el fuerte ha oprimido al débil, el noble al humilde, el rico al pobre; pero en ninguna parte, salvo en la India, ha existido una desigualdad social tan marcada como la que hubo entre los blancos criollos y los pardos en la sociedad colonial hispano-americana” (pp. 176-177). ¿Significa ese, “como la que hubo”, que la desigualdad social ha desaparecido en Latinoamérica? Haití fue uno de los primeros países en los que se inició la lucha independentista Latinoamericana, allí se rebelaron negros y mulatos contra el imperio español y, de hecho, se proclamaron República independiente en 1804, pero, lastimosamente, este logro no duró mucho, pues pronto fueron derrocados. Años más tarde, el 5 de Julio de 1811, se firma en la ciudad de Caracas el Acta de Independencia de Venezuela y, según los entendidos, allí “nos” proclamamos República soberana y democrática, caracterizada por la igualdad social y la libertad. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿En verdad, ese “nos” proclamamos, se refiere a que participaron todos los venezolanos de aquella época o a que sólo participó un grupo? Con honradez, ¿logramos nuestra independencia? ¿Cultivamos nuestra independencia a lo largo del tiempo? ¿Existió la igualdad social ayer? ¿Existe hoy día? Se declaró la libertad: ¿Cuál libertad? ¿La libertad de quién, de qué y para qué? ¿Somos libres hoy día? ¿Qué se firmó en realidad en el Acta de Independencia? Independencia La idea de Independencia de un país se refiere a no estar ocupada militarmente por otra nación, a su autonomía en cuanto a la capacidad para sostenerse por sí misma económicamente, esto es, para producir alimentos, bienes y servicios; y a su capacidad de manejar sus asuntos políticos internos sin interferencia por parte de otras naciones. Aunque Venezuela actualmente no es ocupada por tropas extranjeras, sin embargo, como todos los países Latinoamericanos, es ocupada ideológicamente por USA a través de las redes de comunicación social, esto es, mediante lo que ellos han denominado Psychological Warfare o Guerra Psicológica, mejor conocida por nosotros como “propaganda de guerra” o simplemente “propaganda”. Los ideólogos imperialistas de USA definen la “guerra psicológica” o “bombardeo ideológico” como el uso planificado de la propaganda y otras actividades (a excepción del combate) para comunicar ideas e información con el propósito de influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamiento de grupos extranjeros, de manera que apoyen el logro de sus objetivos nacionales de subyugación de las poblaciones y preparar el camino al eventual empleo efectivo de sus fuerzas militares. El tipo más eficaz de “bombardeo ideológico” es aquel en el que las personas están convencidas de que hacen lo que hacen por motivaciones propias, cuando en realidad no hacen sino seguir las directrices de quienes diseñan la propaganda de guerra psicológica. El blanco del bombardeo ideológico de USA son nuestras mentes, es decir, “la conquista de nuestras mentes”, como una maniobra para disuadirnos de todo intento de independencia y de que, en su lugar, seamos sumisos a sus necesidades de poder. En Latinoamérica es obvio que USA, mediante la campaña mediática o “guerra psicológica”, intenta aparecer como un país amigo y aliado. Sin embargo, al detenernos a analizar dicha campaña es posible establecer que trata de aterrorizarnos mostrando lo que le sucede a los países que tratan de independizarse. Cuando esto ocurre, Washington simplemente dice algo como: “Estamos preocupados” o “Estamos descontentos con el gobierno de…”; y seguidamente, inician una campaña en su contra bajo pretextos estereotipados. En el pasado, la amenaza del comunismo, en el presente la amenaza a “los derechos humanos, a la libertad de prensa, a la democracia o al libre comercio” o se excusan diciendo que “se trata de un problema de seguridad de Estado” o que “es un país que promueve el terrorismo o lo apoya”; siendo la única verdad “El descontento de Washington”, debido a los intentos de cualquier nación por ser Soberana y no seguir sus lineamientos. En cuanto a nuestra independencia económica y política, las cuales son claves para la libertad de acción social de cualquier país, seguimos siendo dependientes. Si bien, mantuvimos desde 1811 una producción agropecuaria más o menos suficiente para alimentarnos y exportar, con el boom petrolero, la mayoría de la gente abandonó los campos de cultivo y se trasladó a los campos petroleros y a las ciudades, mermando así la producción interna y viéndonos obligados a importar alimentos y tecnología. La riqueza petrolera no fue sino un cuento, pues la oligarquía nacional y nuestros politiqueros, quienes tenían en sus manos el deber de sembrar el petróleo, no lo hicieron y, debido a ello, gran parte de los ingresos petroleros sigue saliendo del país a través de importaciones exageradamente desventajosas. Durante los 40 años de supuesta democracia (1959-1999) el Estado Venezolano controló directamente la renta petrolera y esta era reciclada desde la bolsa del Estado a través de sus diversos fondos de inversión hacia el sector bancario y financiero; y de allí a la Oligarquía y a las subsidiarias multinacionales, con las cuales los oligarcas han estado asociados en muchas ocasiones; lo cual significa que, en realidad, quienes se beneficiaban de los ingresos petroleros eran: la clase empresarial venezolana y los capitales extranjeros a través de las disposiciones crediticias, subsidios e incentivos directos. No se puede negar que aquellos gobiernos “hicieron algo” a nivel social. Pero, ¿cómo lo hicieron? Tomemos el sector salud. En términos globales, no utilizaron el dinero con un criterio de “salud para todos”, sino con un criterio capitalista, es decir, de “protección de la mano de obra y del capital humano”. Otro tanto hicieron en el sector educativo, en el cual la idea era proveer al educando de la instrumentación necesaria que contribuyera a aumentar la producción de bienes y servicios (Michel Chossudovsky: La miseria en Venezuela). Junto a ello USA se las ha ingeniado para manipular y controlar económica y políticamente a toda la América. USA ha impedido el desarrollo de una tecnología propia y de nuestra actividad industrial y agropecuaria mediante: sus procónsules, quienes suelen buscar aliados entre los ricos, militares y personas claves en los gobiernos de los países a parasitar; la CIA quienes adoctrinan, asesoran y entrenan a nacionales en actividades terroristas y sabotaje; el apoyo de países, presidentes o grupos terroristas; la penetración económica a través de la inversión de grandes capitales; y mediante el FMI y el BM y sus políticas, que no son más que instituciones que controla USA para sus fines imperialistas y que han contribuido tanto a un espantoso incremento de la pobreza como al aumento de nuestra dependencia económica. No conforme con lo mencionado, USA desea imponernos, además, el ALCA, es decir, un tratado de libre comercio, según el cual, los únicos libres de comerciar son los gringos, mientras a nosotros nos imponen todas las restricciones posibles. Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía y otrora vicepresidente del Banco Mundial, nos dice, en su obra “El malestar en la globalización”, que “los programas de ajuste estructural (del FMI) no aportaron un crecimiento sostenido ni siquiera a los países que, como Bolivia, se plegaron a sus rigores”; sino que, además, ahogaron sus economías (p.43). Por favor, tome nota de lo siguiente: “El FMI es una institución pública, establecida con dinero de los contribuyentes de todo el mundo” (Stiglitz, p. 37). De manera que debemos exigir cuentas a toda esa gente del FMI que utiliza nuestro dinero para oprimirnos e incrementar nuestra pobreza. Democracia Si bien, nos enseñaron en la escuela que democracia significa gobierno del Pueblo y en el Acta de nuestra Independencia consta que, a partir de ese momento Venezuela se constituía como gobierno democrático, este acto, al menos para la mayoría de los mantuanos, no fue en esencia sino una farsa para liberarse del yugo del imperio español y una mera formalidad para instituir y oficializar un penoso estado de cosas que venían ocurriendo y han seguido ocurriendo hasta nuestra actualidad. Supuestamente la democracia debió existir en nuestro país a partir del 5 de Julio de 1811. Sin embargo, según los historiadores, los blancos criollos se vieron obligados a ocupar los cargos del gobierno, por ser ellos los dueños de las tierras y los únicos “instruidos”, razón por la cual, además, alegaban que debían ejercer la patria potestad sobre la mayoría “ignorante”. ¿Cumplieron los mantuanos con su deber de instruir a los “ignorantes” y, una vez instruidos, compartieron los derechos políticos con la mayoría? No, no lo hicieron. Y no sólo no lo hicieron ni lo han hecho, sino que, además, siempre han tratado a la mayoría como seres inferiores, maleducados y entrometidos, a los cuales siempre les han impuesto degradaciones morales como las que aún se escuchan de sus voces en los medios de comunicación. Como ayer y con ayuda de sus aliados estadounidenses, los mantuanos de hoy hacen hasta lo imposible por mantenernos alejados del conocimiento de nuestra realidad nacional, del ámbito político y de una economía más justa. No podemos ni debemos seguir aceptando que son los ricos y todo aquel que está en el poder, los únicos que “saben” cómo se hacen las cosas, los “únicos que saben lo que es trabajar”. Al pan, pan y al vino, vino. Hay que nombrar las cosas por su nombre. Los mantuanos desde la firma del Acta de Independencia no han hecho otra cosa que mantener una dictadura, pues han usurpado los derechos de la mayoría y han mantenido su poder mediante su dominio económico y ascendencia política. Ya desde el mismo momento de la firma del Acta de Independencia, la igualdad social y la democracia empezaron muy mal en nuestro país. La tal igualdad social no comenzó por liberar a los esclavos y la democracia, coja como siempre, era entendida exactamente igual como la entendieron los griegos y la entendieron y siguen entendiendo e imponiendo a los demás países los grupos de poder estadounidense, es decir, sólo pueden dirigir, organizar y mantener el poder aquellos quienes más tienen: los poderosos, los ricos. Los mantuanos nacionales, imitando a los oligarcas estadounidenses, siempre han considerado al pueblo como un enemigo peligroso, que debe ser controlado por su propio bien; y en este sentido, las constituciones anteriores a la actual Bolivariana, tuvieron como objetivo básico proteger a la minoría opulenta frente a la mayoría y asegurarse de que el país siempre fuera gobernado por los que poseen. La lógica de los ricos La minoría opresora y tirana considera como algo natural (incluso de origen divino gracias al clero en Latinoamérica) la superioridad de estos sobre la mayoría. ¿Cómo no ha de serlo? Si, por una parte, la historia seglar de la humanidad invariablemente relata lo mismo: una minoría que siempre domina a una mayoría y, por otra, la historia sagrada de las grandes religiones persistentemente ha sido jerárquica. Ya desde el cielo, pareciera que las cosas siempre han estado organizadas de este modo y esto lo puede comprobar en los libros sagrados de los judíos, los católicos, los griegos, del hinduismo, del islamismo… Con excepción del budismo, que no es propiamente una religión, sino una filosofía de vida material y espiritual, todas hablan de una pirámide de poder, donde los “tontos”, la mayoría, debe obedecer ciegamente a la élite religiosa por mandato divino. Los “listos”, los “chicos buenos”, deben mandar porque como clase superior disponen de los recursos necesarios para instruirse y, a partir de ello, contar con la capacidad intelectual para organizarse y dirigir al resto. Puestas las cosas de esta manera, es decir, dada la incapacidad intelectual de la mayoría, esta “debe apreciar la conveniencia y la necesidad de dejarse gobernar”. Es por ello que los ricos gritan a los pobres que son “desagradecidos” cuando estos reclaman sus derechos. Acorde con su lógica, los ricos, gracias a su instrucción, son los únicos capaces de pensar y discernir cuándo, cómo y con qué fin deben hacerse las revoluciones de cualquier orden. Son ellos los enviados o llamados por Dios para que se apoderen “de los sentimientos” de las “masas” y guíen a la mayoría por “buen camino”, así como lo “hace el buen clero”. Y dieron en el clavo, pues las emociones son primero que el cultivo de la inteligencia y el uso de la razón, en la evolución del ser humano; y, en base a ello, a través del condicionamiento de las emociones, no sólo se puede manipular a la gente por un tiempo, sino durante toda su vida, sin necesidad de un controlador presente que vigile la conducta del otro: El cura y el policía que habitan en nuestro inconsciente. ¿No es esto lo que nos impulsa muchas veces a aceptar los hechos sólo cuando estos coinciden con esos sentimientos que decimos nuestros, pero que en realidad han sido condicionados? ¿Explicaría esto, al menos en parte, el por qué mucha gente llega a votar por candidatos corruptos en las elecciones presidenciales? Según la lógica de los ricos, “hay que mostrarse de acuerdo” en que sin educación (educación negada en épocas pasadas o instrucción parcializada y a medias en el presente), la mayoría de la gente no puede formar parte de la dirigencia del país: ¿Cómo pueden analizar los hechos sociales sin instrumentos cognoscitivos apropiados? ¿Cómo pueden entender la política o la economía? Los ricos han considerado tanto en el pasado como en el presente que deben mantener la patria potestad sobre la mayoría, porque, los esclavos de antaño, los pobres de hoy, no son realmente seres humanos, sino seres inferiores, bestias en aquellos días, chusma en el doloroso hoy: “No hablan bien, no tienen modales, son maleducados”. Piense en esto último por un momento. ¿Quiénes nos han educado y han servido de modelo en cuanto a nuestras ideas, percepciones, sentimientos y conductas políticas y económicas? Básicamente, politiqueros, curas y medios de comunicación, ¿verdad? Siendo así, ¿Cómo suelen ser nuestras discusiones políticas? ¿Suelen ser elevadas, con criterios válidos, con razonamientos, basadas en hechos concretos, dentro de un contexto; o más bien suelen ser descontextualizadas, desordenadas, acaloradas, amenazadoras, mediadas por palabrotas e insultos, descalificaciones, descréditos, estigmatizaciones, rumores, verdades, medias verdades y mentiras? ¿Luchamos por nuestra libertad o por nuestra esclavitud? La historia oficial, especialmente en lo concerniente a la política, a la guerra y las revoluciones, siempre nos hace ver las cosas como si un solo hombre es el héroe de casi todos los acontecimientos. ¿Se tratará de un modo de obligarnos a pensar que por “carecer” de características extraordinarias, especiales y sabrá Dios que más, debemos callar y aceptar sumisamente? Yo quiero y admiro mucho a hombres como Miranda, Sucre, Martí, Simón Bolívar, etc. Son seres humanos que me inspiran. Pero no por ello puedo dejar de preguntarme, ¿Adónde quedan los Pedros, las Marías, las Juanas, los Enriques…? ¿No merecen reconocimiento alguno por su aporte a los cambios sociales? ¿Por qué no? ¿Acaso que los grandes hombres hubieran logrado algo sin su PARTICIPACIÓN? Hablo de PARTICIPACIÓN, de entrega, de acciones del Alma, con Corazón. Hablo de su fe y de su convencimiento. Usted dirá. Bien, en el caso concreto de nuestra Independencia la misma no se hubiera “firmado” y “concretado” respecto a la colonización española, si, además de los hombres conscientes que concretaron la firma y contribuyeron a esta independencia, no hubiese existido la numerosa participación de una parte del Pueblo. Ellas y Ellos contaron, fueron imprescindibles, ayer para lograr la Independencia de España y hoy, en nuestra Venezuela, en nuestra América, si somos serios, CONTAMOS Y SOMOS IMPRESCINDIBLES TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS, para lograr nuestra LIBERTAD e INDEPENDENCIA de naciones como USA y de las oligarquías nacionales. ¿Por dónde comienza nuestra libertad? La Libertad comienza con la Libertad Emocional y de Pensamiento. No me cansaré de repetirlo: La libertad no es sólo carecer de grilletes en los tobillos o no estar encerrados contra nuestra voluntad, sino la ausencia de condicionamiento emocional impuesto deliberadamente con el objeto de que reaccionemos de una determinada manera y la posibilidad de pensar autónomamente. Todo lo demás, leyes, tratados y lo que se le ocurra, carecen de sentido sin esas libertades básicas, así como careció de sentido la lucha de Independencia de los esclavos venezolanos, quienes suponiendo que luchaban por la libertad, desconocían que en realidad estaban luchando por ser esclavos, bien fuera, de la corona española o de los blancos criollos. Careciendo de Educación formal que contribuyera al desarrollo de su pensamiento y estando condicionados emocional y espiritualmente por el adoctrinamiento a punta de látigo de los blancos criollos o por el adoctrinamiento a punta de infierno y tortura del clero, a muy pocos de aquellos que eran tiranizados se les ocurrió la posibilidad de luchar por ellos mismos, ser autónomos y dueños de sus vidas. Y, sin temor a equivocarme, la historia se repite en este momento en un sector importante de toda nuestra América. Aunque la educación ha sido “obligatoria” en Venezuela y la mayor parte de Latinoamérica, como dice Noam Chomsky en su libro: “Obra esencial”; esta no ha sido sino un filtro muy particular, el cual ha consistido en ir apartando, excluyendo, castigando a quien no piense como piensa el maestro, el cura o tal como impone el status quo. Está prohibido pensar, está prohibido ir más allá de lo planteado. Quien se salga de los parámetros establecidos “no podrá tener éxito”, “no podrá ser nadie”; y en nuestro sistema social, económico y político, antes que ser uno mismo, se valora mucho más el “éxito”. A todos nos han tratado de meter en la cabeza que debemos estar en “primera plana”, “ser ganadores”; y la manera de lograrlo es ser sumisos, no pensar, aceptar incondicionalmente la ideología política de la dictadura de unos pocos y la ideología económica del capitalismo que pone al capital por encima del Hombre, que rebaja al Hombre a la condición de “capital humano”, que tiene por bandera los símbolos del egoísmo, el individualismo, la muerte de la solidaridad y dos grandes esqueletos luchando entre sí, los cuales representan la división y la enemistad entre la mayoría para que los pocos se enriquezcan. Es una bandera roja y gris. Lo rojo simboliza nuestra sangre derramada, el gris nuestra tristeza y nuestra esclavitud. Es ese anhelo de ser, de tener éxito, de ser un ganador, el que hace asumir a muchos toda esa ideología que va en contra del prójimo y de sí mismo y, quizá, sea una de las razones más sobresalientes por la cual inexplicablemente muchos defienden la tiranía de los ricos y el Imperialismo como modelo de toda Libertad y de toda Democracia. Se nos ha sembrado la idea de que: “Todos tenemos las mismas oportunidades de lograr el éxito en la sociedad capitalista”. Por ende, “hay que defender esa única posibilidad de ser, hay que defender el capitalismo en todas sus formas”. Por ello, no es de extrañar que los universitarios sean los que menos contribuyen a la transformación del país y sean quienes más se opongan a ella. De allí que los veamos en programas de opinión por la TV, despotricando de la Re-evolución Bolivariana y defendiendo los intereses de Fedecámaras. La mayoría de estos “intelectuales” piensan como Cisneros, como Carmonas, son unos cisneritos, unos carmonitas. Y, para más, hay también muchos cisneritos y carmonitas entre los pobres, con una mentalidad de víctima-opresor, de saboteador-oportunista, que no vacilarían en oprimir a los demás a la primera oportunidad. Ello no porque sean malos, sino porque ha sido el modelo social de conducta durante siglos, el cual se repite en la política, la economía, el cuerpo militar, los partidos políticos, la iglesia, la familia y casi toda forma de organización que existe y podamos imaginar. Hay que Re-evolucionar la Educación y la Espiritualidad. Hay que volverlas tan participativas como a la Democracia y a la Economía. La Educación no puede seguir siendo planificada a distancia, lejos de la realidad palpable de la gente de carne y hueso, disociada de su lenguaje, de su historia, de su cotidianidad, de los problemas que viven y han de resolver… Hay que enseñarles a los niños y a los jóvenes lo importante de aprender a pensar, a amar el conocimiento. Desterrar de sus mentes que se estudia para pasar un examen y con la acumulación de exámenes aprobados lograr un título y con el título la posibilidad de “ser alguien”. Eso es un fraude, un fraude para ellos mismos y para la sociedad. Hay que Re-evolucionar la espiritualidad que también debe ser participativa y que debe derivar del cultivo individual de la consciencia y no del miedo al infierno, la excomunión, la culpa... Tenemos la obligación y el derecho a saber que significan las palabras sagradas y cómo en lo esotérico, ellas representan la libertad en todos los sentidos. ¿Hasta qué punto cada quien está dispuesto a ser libre? La ambigüedad ante la defensa de la libertad deriva, además de lo que vengo enumerando, de otros factores también relevantes. ¿Qué imagina la gente que es la libertad? Con la libertad nos pasa algo semejante a lo que nos sucede con el amor. No tenemos ideas claras sobre lo que es el amor y cuando creemos que estamos amando no nos damos cuenta de que expresamos nuestro egoísmo al condicionarlo, al regatearlo. Parangonando el amor con la libertad, quizá muchos imaginen que ella es libertinaje, que cada quien puede hacer lo que le da gana y entonces, desde su lógica, quizá no esté dispuesta a luchar por ella dado lo peligroso que pudiera ser. La mayoría se pregunta, con justa razón, ¿de cuál libertad se habla?, pues en el pasado ha significado opresión y teme que la tal libertad se convierta en un voltear la torta, es decir, que los tiranizados se conviertan en tiranos y viceversa. La mayoría de la gente, gracias a las doctrinas cristianas, a las represiones de la oligarquía y más recientemente a la forma autocrática en que se han conducido los partidos políticos nacidos de la seudo-democracia, tiende hacia la sumisión, al “dejar pasar”, “ser conformistas”. Ello se manifiesta, entre otras formas, en el dicho popular que afirma: “Más vale malo conocido, que bueno por conocer”; lo cual expresa obviamente el miedo inculcado. Muchas personas presas del miedo, dicen no estar a favor ni de este ni del otro o, simplemente afirman, estar a favor de Fedecámaras, la Coordinadora Democrática, AD, COPEI, MAS…, que es lo mismo que decir: “Estoy con los ricos”. ¿Cómo puede ser de otra manera si la propaganda afirma que la Re-evolución es ese comunismo que mata gente, que arrebata propiedades, que obliga al Pueblo a trabajar para los poderosos y se come a los niños chiquitos? Si se mira con cuidado esto que dice la oligarquía, ¿no es eso lo que ellos hacen de una forma u otra? ¿Vamos a negar los crímenes que cometieron el 11 de Abril del 2002 en Caracas, la defenestración a la que nos obligaron con su Paro Cínico entre Diciembre y Enero, el odio sembrado hacia las clases populares, las muertes y persecuciones policiales actuales en aquellos Estados del país en cuales aún domina la “oposición” o, el desabastecimiento a que nos someten? La Re-evolución Bolivariana es un movimiento social autónomo, de edición nacional, que no tiene nada que ver con el comunismo divulgado por USA y la oposición ignorante. Esencialmente la Re-evolución Bolivariana está basada en la ideas de Bolívar, y los mantuanos de ayer y de hoy le han odiado y le odian, le consideran un traidor, un enemigo, porque entre sus principios y valores está: “La soberanía del pueblo como la única autoridad legítima de las naciones”. Es claro, entonces, que odien todo lo que tenga que ver o huela a Bolívar, pues para la oligarquía implica tener que compartir el poder. Esta idea no tiene nada que ver con Marx o Lenín, ni tiene nada que ver con rescatar sus ideas o con reproducir la locura del comunismo soviético. Se podría también hablar de miedo a lo nuevo, a lo desconocido, como un factor para no participar en el logro de nuestra libertad e Independencia. Sin embargo, el que la Re-evolución Bolivariana sea Hecha en Venezuela, aunque implica novedad para todos, no significa caos, por cuanto existen planes para que se concrete nuestra democracia participativa, tal como es la organización social y económica mediante juntas de vecinos, cooperativas; la transformación de educación formal e informal… Pero aparte de lo anterior, quizá no se nos ha ocurrido que la gente sienta miedo a la libertad porque consciente o inconscientemente se puede estar preguntando: ¿Qué haré yo, qué hará el vecino con la libertad? Esa es una pregunta que debemos asumir con seriedad. Hasta ahora la mayoría de nosotros hemos sido más dependientes de lo que nos gusta admitir. Hemos sido programados socialmente según la concepción capitalista del tiempo, a muchos niveles, en una rara combinación con el Dolce far niente (dulce es no hacer nada) y solemos sentirnos mal cuando no tenemos nuestro tiempo programado. No nos gusta que nos saquen de nuestra programación, a la mayoría de la gente no le agrada cambiar de hábitos y se enoja cuando se le habla de ello. Estamos habituados a que otros asuman nuestra responsabilidad en los ámbitos de la Educación, la Política, las Leyes y la Economía, y tener que inventar algo nuevo y asumir la responsabilidad de nuestras vidas, que muchos han cedido a la voluntad de los que “saben”, puede ser aterrador, máximo en un país que siempre ha esperado que venga el Mesías a salvarnos y, en cada presidente, esperamos que sea el solito quien “lo arregle todo”. Crecer y tener fe en nosotros mismos es libertad Debemos crecer, debemos tener fe en nosotros mismos, es decir, amarnos a nosotros mismos, reconocer nuestras capacidades, liberarnos de esa tendencia a re-accionar y actuar, lo que implica no re-editar las conductas automáticas y pensar por un momento en qué vamos a hacer. Constantemente, aunque en una escala apenas perceptible o de manera inconsciente tomamos decisiones. ¿Quién decide? ¿Por qué decido esto? Es lo que debemos preguntarnos constantemente. Aunque desconozcamos qué es la libertad y qué hacer con ella, ya es hora de que crezcamos psicológica y espiritualmente. Es verdad, especialmente en las ciudades y por el trabajo especializado, que mucha gente ni sabe sembrar una mata de maíz ni sabe cambiar un bombillo, pero es importante que lo aprendamos y aprendamos mucho más. Nos han hecho creer desde la Conquista, que sólo los que “saben” deben guiar nuestras vidas, sí “esos salvadores”, pero eso es una mentira y una infamia. “Saber”, “discernir” requiere tener consciencia, ser capaz de darse cuenta de lo que se hace y a partir de las consecuencias aprender y cambiar en consonancia y estos que dicen “saber” pueden tener información, pero de saber, no saben. La decisión de nuestras vidas es, más que por una ideología, más que por un sector u otro de la sociedad, el decidir si crecer o no en nosotros mismos, ser auténticos o no, ser autónomos o no, ser independientes o no. ¡Que seremos como niños aprendiendo a caminar y será doloroso! Pues sí. Sí lo será, porque todo en la vida requiere un esfuerzo, de tiempo, de un compromiso. ¿Por qué no invierte su tiempo y su esfuerzo en creer en usted mismo, en la posibilidad de crecer todos juntos en vez de odiarnos? ¿Por qué no invertimos nuestro tiempo y esfuerzos en crear una nueva sociedad poniendo por delante toda nuestra creatividad y nuestra consciencia y siguiendo el flujo de nuestras vidas y las eventualidades del contexto, teniendo en cuenta que todo cambia constantemente y nos toca inventar momento a momento? (*) Psicólogo Clínico dgrosso@cantv.net Articulo leido aproximadamente 1447 veces
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