Una reflexión sobre la libertad y el poder
Amaury González Vilera - www.aporrea.org
08/04/07 - http://www.aporrea.org/medios/a33003.html

En el marco de la consolidación del proceso revolucionario, después de las elecciones del 3 de diciembre, en el marco de la puesta en marcha de la reforma de la constitución y la luz verde a las leyes habilitantes, y en el marco de los debates actuales sobre Socialismo del siglo XXI, Partido Único, no renovación de la concesión del espectro radioeléctrico a RCTV, entre los mas importantes, es pertinente elaborar una mirada compleja de estas problemáticas. Igualmente, aceptando al tiempo que estamos en un proceso de transición, se hace necesario analizar con altura pero también con profundidad, lo que se entiende por libertad y por poder, o seria mejor decir, el enigma de la libertad y el problema del poder. Las próximas palabras, pretenden hacer un modesto aporte sobre temas que consideramos neurálgicos para el actual debate político.

La diferencia entre poder como dominación y poder para hacer, entre poder para la imposición y poder para la emancipación, es la misma diferencia que existe entre un golpe de estado oligárquico-fascista y una rebelión militar de carácter popular. Abril 11 y Febrero 4, son los ejemplos concretos. Ahora bien, el aporte de Gramsci con respecto a la hegemonía podemos entenderlo de la misma forma. A una hegemonía para la dominación, que seria un bloque hegemónico-histórico conformado por unas determinadas elites económicas, una cúpula militar y una superestructura cultural orientada a la producción y reproducción del sistema (sistema educativo, instituciones religiosas, familia y medios de comunicación) que quiere decir reproducción, pero sobre todo, naturalización, de un estado de cosas, de unas formas de propiedad y relaciones sociales determinadas, podemos oponerle una contra-hegemonía, que en términos gramscianos significaría, revolucionar, transformar esa superestructura cultural de manera de que esa nueva hegemonía que iría surgiendo, de convertirse en tal, sirva no para implantar una nueva dominación, sino para impulsar la emancipación, para poner en practica una autentica pluralidad, debates reales, en el marco de una libertad que no seria entendida como libertad para vilipendiar, para incitar al magnicidio, para manipular, engañar e inocular odio, incitación que puede llegar hasta el punto de poner en peligro el estado de mínima moral necesaria que tiene que existir, para que pueda sobrevivir cualquier sociedad. Sin embargo, la imparcialidad, que puede ser toda, nunca implica neutralidad. La palabra neutralidad, en política, no debería existir, no se debería utilizar por inaplicable. En la contra-hegemonía, el poder esta presente, pero de otra forma, en sentido positivo. Es un poder que democratiza las capacidades, es, como diría José Vicente Rangel en una reciente entrevista, en el caso del presidente Chávez, el antipoder.

Tenemos entonces un contexto en el que, despolitizar la situación de los medios de comunicación, considerar este debate que se abrió de la influencia de los medios de comunicación y de su gran poder para influenciar al colectivo, recurriendo (el oposicionismo) a discursos de libertad de prensa, de información y de expresión, sin incluir en este debate, por ejemplo, el carácter político de la coyuntura en la que han surgido los hechos, el carácter de contrapeso comunicacional que ha tenido que ejercer VTV ante tanta desinformación pero sin desinformar en sentido contrario, lo que no niega la evidente ausencia de critica en sus contenidos, es recortar la realidad del contexto. La información es un bien público y la ignorancia no es un derecho. Desinformar, vilipendiar, calumniar y manipular, son crímenes totales. Claro, no lo olvidemos, siempre en nombre de la libertad. La situación de un canal del Estado que informa sin impulsar la critica al gobierno, nunca será tan grave, tan en contra de los intereses de una sociedad, tan peligroso y criminal, como la situación que encontramos en otros varios canales, que no solo desinforman y calumnian sin ningún empacho, sino que utilizando las –sutiles y otras explicitas- herramientas tecnológicas y psicológicas que completan la fuerza de las imágenes, transmiten el odio e incitan a la violencia. La libertad burguesa de prensa es y ha sido siempre, productora y reproductora de la falsa conciencia, naturalizadora del orden existente, y promotora de la ignorancia y la vulgaridad. Es decir, el resultado es, como al que llegó Bolívar en el Manifiesto de Cartagena, que la ideología liberal y la consideración exagerada de los derechos garantistas del hombre, siempre enfocados en el individuo, que nos ubican en un extremo de lo social, y en tiempos de revolución, sin una determinada cultura sociopolítica, sin virtudes cívicas, refiriéndonos concretamente a la libertad de expresión mal entendida, se convierte en un problema de salud pública, que tiende tristemente a que un sector de la población se autoexcluya de los procesos sociales, aderezándola con disociación, e incluyendo a su representación política.


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