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Otra vez apareció uno que otro jerarca de pacotilla predicando el libre
albedrío ante la bebedera de caña. Se trató esta vez de fulano y mengano (por autorespeto no vale la pena ni nombrarlos) llamando a la desobediencia civil ante una simple ley seca decretada a fin de prevenir accidentes en Semana Santa. Monseñorsejos: en el año les restan bastantes semanas para “jalarse” sus tragos diarios. Por Dios, hasta el más borracho de los mortales, con dos dedos de hígado, sabe eso. Se necesita estar en el extremo de la disociación sicótica para repetir con ustedes aquello de “con mi caña no se metan”. Recordé a Paulo Freire y su casi ancestral trabajo “Mi Iglesia duerme”, y de nuevo sentí vergüenza ajena, pues mi Iglesia y la iglesia de “ellos” siguen y seguirán siendo dos. Ay, Monseñorsejos, sepan que al fin y al cabo la sangre mancha hasta la más púrpura de las batolas, y si no se nota mucho ante el color, tengan por seguro que siempre que se pudre hiede a aquella vieja fetidez…y en sus manos, aún cuando la hayan lavado, quedará como recordatorio de sus verbos consejeros. En fin, a Dios rogando y con el vaso libando…mientras su escuela e iglesia duermen la borrachera idelógica, gracias a que los monseñores sí tienen su “chofer designado” por la jerarquía y pagado por la feligresía y el estado. (*)Arq. taima1boffil@hotmail.com Articulo leido aproximadamente 712 veces
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