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Lo primero que resalta del acontecer político venezolano, es la pobreza de su discurso. La ausencia de ideas para generar un debate serio y constructivo. Obviamente, es una actitud deliberada de sus protagonistas. De todos los dirigentes de todos los partidos.
La intensidad y calidad del discurso político, en una sociedad democrática o no democrática, donde exista la más mínima posibilidad de expresarse, lo impone la oposición. ¿Pero porqué la oposición? Porque es ella la llamada a señalar las carencias de resultados tangibles y provechosos para la sociedad a la que pretende servir. Es la oposición, la que aspira a sustituir a un orden y una manera de administrar por los suyos propios. Es la alternativa. Así mismo, en esta línea de pensamiento, al gobierno no le interesa, a ningún gobierno en general, elevar o mejorar una discusión donde el primer beneficiado va a ser, precisamente, el que tiene la intención de desplazarlo del poder. Es difícil imaginar a los primeros gobernantes adecos, posterior a Perez Jiménez, propiciando una discusión de altura con aquella oposición encendida, muy segura de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Lo propició Caldera mas tarde, cuando era evidente el agotamiento de las masas y la inocultable incompetencia de una dirigencia opositora arrivista, oportunista y ansiosa, no de ganar posiciones, sino de ocuparlas por el canal rápido de la negación de los principios, por los que muchos venezolanos, especialmente los muy jóvenes, ofrendaron su vida. Pero bien, ¿Qué va a comer el señor? El señor de la oposición de hoy, quiere que sea el mismo gobierno el que convoque al referéndum. Es decir, no te molestes en dispararme. Solo dame el arma que yo mismo me vuelo los sesos. Esa, más o menos, las pretensiones de la oposición. Y obviar todos los pasos que exige la Constitución. Ese es el acuerdo que persiguió esta gente, sin cesar en sus actividades de calle, vinculadas mas a la delincuencia que a la política. Hay algo muy elemental que esta oposición se niega a asumir. Hacer política no es una actuación de puro teatro. No es un acto de histrionismo. Eso de pretender engañar a tu prójimo haciéndole creer algo muy distinto a lo que estas pensando en realidad. Esta manera, en vía de extinción, de hacer política puede ser una práctica universal, pero sus resultados cada vez son menos positivos. O trabajan en dirección opuesta a lo perseguido. Hoy es martes 27 de mayo y ambas partes acordaron el 23 pasado suscribir un acuerdo. Este está siendo impugnado por un sector de la CD que insiste en el doble juego de decir una cosa y practicar otra. Incluso algunos de sus delegados en la Mesa rechazan el cese de la misma, porque sentados en esa mesa han ganado un protagonismo inmerecido, y sin necesidad de sudarlo. La oposición continúa debatiéndose contra el mar encrespado de su propia incompetencia. Todos los acuerdos importantes, logrados en la Mesa con Gaviria, no son distintos a las proposiciones que ya, con mucha antelación, había presentado el sector oficial, en voz del mismo presidente Chavez, a todo el país. Muchas veces desde el gobierno se recomendaba la aplicación del texto Constitucional para dirimir los asuntos públicos. La oposición eludió esta formidable oportunidad de iniciar un discurso esclarecedor de su propia propuesta alternativa. De cara al país, que es en definitiva, el gran elector. La oposición insiste en ver al pueblo de reojo, porque tiene miedo de ser mal interpretada por aquellos que el inefable Carlos Ortega llamaba, en sus habituales rueda de prensa en cadena nacional, “los diferentes factores de la vida nacional”. Habituados al usufructo abusivo del poder, por casi medio siglo, ejercido, irrespetando los más elementales derechos del ciudadano común, no han podido adaptarse al papel de opositores políticos. Ciertamente, el ejercicio político de esta oposición está limitado al acto dramático. A la espectacularidad. Y si va con sangre, mejor. Esto se ha visto corroborado en el acto convocado en Caracas por AD y suscrito por la CD, llamando a la reconquista del oeste. La conducta errática y divorciada de la realidad, evidenciada por la dirigencia de oposición, tiene, a nuestro modo de ver, una explicación más sicológica que política. Sin entrar a analizar aquí las razones que llevaron a Chávez a contar con las mayorías venezolanas, su irrupción en la vida pública, demolió el liderazgo y protagonismo del resto de los políticos en escena. Incluso muchos fueron borrados de ese escenario o convertidos en chatarras públicas. Estos últimos los constituyen, principalmente, los conversos, otrora, dirigentes de izquierda y después, sin sorpresa, de rodillas en la puerta de la CTV, exigiendo una ametralladora para defender los “principios”de Fedecámaras. Apoyados por los medios, esta dirigencia de la CD pretende presentar sus fracasos como triunfos, en un deshonesto acto de prestidigitación informativa y publicitaria. Esta asociación, medios – políticos, lejos de devolverles el protagonismo a estos últimos, a fuerza de saturar las pantallas con sus imágenes o con sus nombres, solo le han ganado el desprecio o la indiferencia de la gente. El pueblo venezolano vive muy mal, y eso es verdad y pasa hambre, y no es mentira, pero es uno de los pocos pueblos del mundo capaz de diferenciar entre la verdad y la mentira del mensaje que imprimen los periódicos o que transmite la TV y otros medios radioeléctricos. Al pueblo norteamericano, en menos de cuatro meses, le recrearon su percepción de Irak: Una campaña gestada desde el gobierno de Bush convenció a casi el 60% de los norteamericanos de que Irak estuvo detrás de los actos terroristas del 11 de septiembre... En Venezuela, una campaña perversa y desinformativa, por más de cuatro años, para justificar el atajo del golpe de estado, apenas si alimentó un gozo de auto-engaño de los grupos políticos y económicos cuyos privilegios cesaron el mismo día que cesó el último gobierno de Caldera. Cosas como éstas pueden servir para iniciar un período de reflexión entre aquellos dirigentes o los que aspiran a serlo, que no se sientan representados en el proyecto o proceso del gobierno actual. El ejercicio de oposición, además de legítimo e imprescindible, debe ser edificante. ¡LA MOVILIZACION POPULAR NO DEBE CESAR! puebloinsurgente@yahoo.com Articulo leido aproximadamente 1426 veces
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