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Chávez se pega a la oposición en cualquier terreno. No son sólo las siete victorias electorales consecutivas sino que, finalmente, el documento que se firmará en la mesa de negociación y acuerdos es el que propuso el gobierno. Allí se incluyen, además de lo dispuesto en la constitución, algunas cosas que son de esencia profundamente democrática. Por ejemplo, el único revocatorio no es el presidencial, sino que se le puede aplicar a todo funcionario o magistrado de elección popular. Tampoco se le impone la agenda al nuevo Consejo Nacional Electoral, ya que la oposición pretendía que a las autoridades aún por elegir se les obligara a poner como prioritario el revocatorio presidencial. Igualmente, queda claro que las policías están bajo control del Estado, del gobierno central que puede intervenirlas. En fin, que Chávez se los pegó de nuevo. Los copeyanos no quieren ser menos asesinos que los adecos. Por eso quieren organizar otra microconcentración en Petare. Allí los francotiradores de Enrique Mendoza podrán matar a quién sabe cuántas personas y culpar de ello al gobierno. Esta vez están dispuestos a liquidar incluso a algún dirigente medio-alto, para que el escándalo sea mayor. El respeto a la ley de esta gentuza es tal que dicen que realizarán su aquelarre con o sin permiso. Por cierto, Copei nunca aclaró ni pidió perdón al país por el hecho de que su presidente, José Curielito, fue uno de los delincuentes que firmó el acta constitutiva de la dictadura empresarial de Carmona Estanga. Cipriano Heredia Soltero, alias Cipiculito, es dueño de una agrupación llamada Visión Emergente. Con ella está haciendo ruido y protestando porque la oposición firmará el pacto propuesto por el gobierno y avalado por César Gaviria. El hijito de Heredia Angulo se las da de representar a alguien, cuando su asociación no es sino él mismo. En fin, que estos hijos de papá sólo sirven para eso, para dárselas de gran cosota, cuando todo el país recuerda que ese sujeto fue uno de los que escribió al dictador Carmona pidiendo un cambur en una carta ejemplar del jalabolismo que empezaba con “querido Tío don...” Otro de los loquitos que están contra la firma del acuerdo es José Luis Vetencourt. El capo de los paramilitares y responsable de más de setenta asesinatos no puede apoyar algo que tiende a normalizar el país, a erradicar la violencia. Lo suyo y de personajes como Genaro Méndez Contreras o Roberto Giusti, presuntos asesinos de Jorge Nieves es el asesinato por encargo, no la democracia. Las pretensiones de los pseudoartistas no tienen límite. Un tal Pedro Morales, sedicente escultor, pretende que el gobierno le pague pasaje y demás gastos para ir a la bienal de Venecia y allí exhibir sus bodrios antichavistas, es decir, usar dinero del Estado para intentar injuriar al Jefe del Estado. El sujeto, que tiene los mismos gustos de los efebos de Primero Justicia, podría buscar que le financie el viaje alguien de su misma condición. Por ejemplo, podría hablar con Pérez Oramas el traficante de arte que actúa de curador de la colección de Caín Cisneros, para ver si le da unos viáticos... Liliana Hernández daba vergüenza ajena la mañana del martes, en el programa Primera Página en Globovisión. El gordito Pingo retrocedía ante el tufo a caña que despedía la diputada. La duda es si se desayunó con su novio, Johnny Wálker –que a los 18 años es muy añejo- o, por el contrario, es que aún no se había acostado y despedía las vaharadas de la noche anterior. Lo único cierto es que la pobre parlamentaria no coordinaba las respuestas. Otra que puso la cómica la mañana del martes fue Marta Colomina, a pesar de que no estaba bajo el influjo de sus numerosos tanqueray con aguaquina de la cena. Tuvo el tupé de hablar de corrupción cuando leía los periódicos, a pesar de que ella tiene un rabo de paja del tamaño del de un cometa. Marta se robó hasta los clavitos de guindar los cuadros en el Canal 8. Es más, no sólo es ladrona, sino lambucia, pues se choreaba viáticos; de 500 bolos pa’rriba eran buenos para ella. Es más, el apartamento de Campo Alegre donde reside lo pagó no de contado, sino en efectivo: se presentó con 220 mil dólares en billetes verdes allá para el año 1998. Todavía hay ladrones disfrazados de empresarios dedicados a acaparar alimentos. En San Antonio del Táchira el Indecu detectó 111 toneladas de arroz, 162 de azúcar, 43 de harina de maíz y 13 de trigo en 10 comercios de esos que tienen los estantes vacíos y los almacenes repletos. Buena parte de esa mercancía se dedicaría al contrabando de extracción. Víctor Figueres, el jalabolas que Caín Cisneros tiene en Venevisión, es otro que se atreve a hablar hasta de moral. Se presentó en Fedecámaras para criticar la ley de contenidos, provocándole dulces arreboles a la sensual mulata Albis Muñoz. Al parecer, su amo está muy preocupado porque tendrán que limitar las novelas y otros bodrios que transmiten desde La Colina. El pobre Cisneros está que no duerme de pensar que no podrá ver a su admirado Don Francisco, su admirado modelo en materia de elegancia y que convierte al magnate en el más chabacano millonario del mundo. El gobierno colombiano se diferencia de la Cueva de Alí Babá en que los ladrones son muchos más de cuarenta. Fernando Londoño Hoyos, ministro del Interior, está siendo acusado por sus numerosos guisos como abogado de empresas que tienen juicios milmillonarios contra el Estado del cual es alto funcionario. Por ejemplo, a Londoño, uno de los testaferros de Uribe Vélez, el Banco del Pacífico le dio gigantescos créditos relancinos, por varios millones de dólares, para comprar acciones del mismo banco. Ni siquiera las amenazas de asesinato con los paramilitares que manejan Londoño y el mismo Uribe han servido para acallar las denuncias contra la galopante corrupción de la dictadura colombiana. Los hampones con uniforme azul de Alfredito Peña tienen una característica que los delata: siempre van preparados para robar o matraquear y por ello usan el chaleco antibalas para tapar su placa de identificación. Y cuando no llevan chaleco, se quitan la chapa. Articulo leido aproximadamente 2481 veces
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