La estrategia "otansista" del
lobby EEUU- Unión Europea intentaba
aislar a Rusia por medio del establecimiento de un cordón
de repúblicas ex soviéticas con gobiernos pronorteamericanos y
sumisos a Europa alrededor del cuello económico de ésta (petróleo y gas).
Las
redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios
secretos rusos, así como las
disputas estratégicas entre
Rusia y el eje EEUU-Unión Europea por
áreas de influencia, son factores esenciales que
cuentan en las "revueltas
populares" que hasta ahora -salvo Uzbekistán y Bielorrusia- han terminado
con gobiernos pro-Washington en la región.
Las protestas y los
movimientos de caos planificado y de desestabilización callejeros
(Georgia, Ucrania y Kirguistán) fueron organizados por las ONG financiadas y
dirigidas por Washington utilizando las redes económicas de la CIA
canalizadas a través de la USAID, según informes de la inteligencia rusa
expuestos en el Parlamento moscovita.
Todas las "revoluciones de terciopelo" en aquella región sirvieron a los
intereses financieros globales de Washington –representados por la Open
Society de George Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED)
cuyos fondos provienen de la Agencia Internacional para el Desarrollo
(USAID)- para fracturar y desmembrar las fronteras nacionales de sus más
importantes rivales geoestratégicos: China, Rusia e India.
En opinión de expertos
rusos las llamadas "revoluciones de terciopelo" de Georgia, Kirguistán y
Ucrania no fueron tales sino movimientos golpistas "democráticos"
orientados a sustituir gobiernos fieles a Moscú por otros que respondieran a los
intereses de Washington.
Con políticos que responden
incondicionalmente a las directrices de la Casa Blanca, como es el caso de
Viktor Yushchenco en Ucrania, cuya campaña fue organizada y financiada por
el Departamento de Estado, a través de su esposa, quien fuera secretaria de
George Bush padre.
Parte de las
ex repúblicas comunistas de
Europa del Este que conformaron la Unión Soviética -y
el Pacto de Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN., la
fuerza militar liderada por Estados Unidos que nació para combatir la
expansión militar del ex Imperio Soviético del que formaban parte estos
flamantes miembros de la alianza atlántica.
Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por
Estados Unidos primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y
ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas
de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia.
Con la ampliación de la OTAN con "socios
confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este, Estados
Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico y militar
estratégico en la región, en desmedro de Rusia, y China
que ven afectadas y desestabilizadas sus fronteras
y áreas de influencia.
El caos y la
desestabilización planificada con las "revoluciones de terciopelo" en el Asia
Central forman parte del mismo proyecto estratégico, cuyo objetivo central
apunta a desestabilizar las fronteras y áreas de influencia de Rusia con el
propósito del control militar y geopolítico sobre las ex repúblicas soviéticas.
En este marco, y
luego de asumir la presidencia en el 2000, Vladimir Putin, el hombre de la
mirada de hielo, formado en el mundo
del espionaje (KGB), con el petróleo como instrumento
geopolítico-económico estratégico, ponía en marcha su proyecto de relanzar a Rusia como
la gran potencia del
siglo XXI
El contraataque petrolero de
Putin
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El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad estrecha la mano de su par ruso Vladimir Putin |
A principios del
2000, ya convertido en presidente de Rusia, Putin, formado en el mundo
del espionaje (KGB) y con un curriculun que incluye una tesis
doctoral sobre la utilización del petróleo como instrumento
geopolítico-económico estratégico, comenzó su proyecto de reposicionar a Rusia
como gran potencia mundial, utilizando como herramienta sus colosales reservas de petróleo y gas y
su condición de país pivote entre Asia oriental y Europa.
Favorecido por los altos precios del petróleo, con $200.000 millones en reservas
de oro y divisas duras, y con su renovado sistema de armamento nuclear y
convencional, el gobierno de Putin comienza a desafiar a la hegemonía
imperial estadounidense en relación a los países situados por Washington en el
"eje del mal", como Irán, Siria, Venezuela, Libano, Corea del Norte
y las organizaciones y países anti-sionistas de Medio Oriente y el mundo
islámico.
Dispuesto a imponer
su condición de gran potencia energética
del siglo XXI, el gobierno de Putin ha venido estableciendo acuerdos con otros países
para el desarrollo de una red de oleoductos y gasoductos que convertirán a Rusia en el
gran
árbitro del suministro de petróleo y gas para Europa y los
grandes centros económicos y demográficos del Asia oriental
(China, India, Japón, Corea del Sur).
Putin (quien
compite por áreas de influencia con el llamado "Imperio
unipolar") ya se posicionó en el mercado de la "carrera
armamentista" convirtiéndose en principal proveedor de
armamento y tecnología de guerra a los países situados en
el "eje del mal".
Guerra y negocios:
el viejo axioma que hizo grande a los Estados Unidos de Bush y al lobby sionista
capitalista europeo, también vale para la Rusia capitalista emergente del
gobierno nacionalista de Vladimir Putin que reestatizó las empresas públicas
de la ex URSS, particularmente las de energía y de armas.
Con Rusia severamente disminuida en sus capacidades militares y
económicas, y perdidas buena parte de las áreas de influencia
que en su momento detentó la URSS, Putin y su gobierno
nacionalista apostaron a la estrategia del desarrollo energético con el
petróleo y el gas como herramientas tácticas fundamentales.
Siguiendo esa línea estratégica la administración de Putin ha recuperado
sistemáticamente el control de las empresas que explotan los
recursos petroleros y gasíferos en su territorio, y actualmente cerca del 80% de las
reservas mundiales de hidrocarburos le pertenecen a compañías de
propiedad estatal.
Rusia posee las mayores reservas de gas natural en el mundo a
la vez que posee las séptimas reservas petroleras en magnitud y
es el actual segundo productor mundial de petróleo.
Sus reservas gasíferas y petroleras de los
Urales y Siberia, al igual que las de Venezuela, son las únicas
grandes reservas mundiales de hidrocarburos fuera del inestable triángulo Mar Negro-Mar Caspio-Golfo.
Gazprom -el monopolio estatal ruso, primer exportador de
gas natural del planeta- tiene como objetivo controlar el
tránsito de gas hacia Europa, Asia y Medio Oriente.
La administración de
Putin concretó una
serie de acuerdos que le aseguran que la producción de petróleo
y gas de las repúblicas centroasiáticas (Kazajastán, Uzbekistán,
Turkmenistán) seguirán utilizando los oleoductos rusos para exportar
su petróleo y gas hacia
Europa y en el caso de Kazajastán, el
transporte de petróleo ruso hacia China a través del oleoducto
Atasu-Alashankov, recientemente inaugurado.
Los acuerdos comerciales con Teherán, el apoyo técnico al desarrollo de la
industria nuclear iraní, y su condición de principal proveedor
de armas a las fuerzas armadas del país islámico, convierten a la Rusia de Putin
en un instrumento clave de resolución del conflicto nuclear planteado
entre Irán y el lobby sionista EEUU-Unión Europea
Irán, que tiene a Rusia como principal referente de poder frente al sionismo
USA-Europa, es una pieza clave para el dominio y control de la estratégica
y vital región del Golfo Pérsico.
La gran nación persa posee fronteras con dos de los vértices del
triángulo petrolero (Mar Caspio, Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz) y resulta
ideal para el tendido de uno o más oleoductos que lleven el petróleo y gas
ruso, y de otras ex Repúblicas Soviéticas del Asia Central (Tayikistán,
Uzbekistán, Kazajstán y Turkmenistán), hasta puertos del Golfo Pérsico y desde
allí hasta los mercados petroleros del Asia oriental.De ahí también, que
para Putin la relación con Irán adquiere importancia
geopolítica y militar clave en su tablero de construcción de
poder con el petróleo como herramienta fundamental.
Por último, y no por ello menos importante, son las
asociaciones estratégicas establecidas por los gobiernos ruso y
venezolano para la exploración y explotación de bloques en la
faja petrolífera del Orinoco y con Pdvsa gas para la posible
participación de Gazprom en la construcción del Gasoducto del
Sur que interconectará América del Sur a partir de Venezuela.
Pero, sin dudas, la
asociación estratégica Rusia-Irán y el
"efecto musulmán" son las dos cartas estratégicas fundamentales que los
halcones norteamericanos e israelíes deberán evaluar antes de lanzar los misiles
contra las instalaciones nucleares de Teherán.
Petróleo y "efecto musulmán":
una combinación letal que podría convertir a un ataque militar a Irán en una
tercera guerra mundial íntercapitalista con EEUU y Rusia como actores
principales.
Zbignieb Brzezynski,
ideólogo del lobby sionista USA
señala en su libro El Gran Tablero de Ajedrez: Primacía
Americana e Imperativos Geoestratégicos, que uno de los
imperativos de dicha geoestrategia consiste en impedir que
"los bárbaros se unan".
La estrategia de Putin se sitúa en
las antípodas del ideólogo sionista: Rusia, con el petróleo como arma
estratégica de poder, junta a los bárbaros del "eje del mal" contra el
Imperio hegemónico USA-Unión Europea.