|
EL DRAMA DE LOS ACCIDENTES DE TRÁNSITO
Eddie González (CNP 2713) Las antes impresionantes estadísticas de accidentes de tránsito con saldos de muertos y heridos ya no dicen nada a nuestra sensibilidad embotada por la repetición, al igual que, por parecida razón, no hacen mucha mella en nuestro espíritu las cifras de muertos en la guerra de Irak. Tampoco parecen conmovernos demasiado, no obstante su punzante realismo, los reportajes gráficos que de horribles tragedias causadas por choques y volcamientos de vehículos nos ofrecen diariamente los periíódicos. En la crónica macabra de las carreteras, palabras como "espeluznante", "horroroso", "dantesco" se han vuelto lugares comunes. ¿He exagerado al expresar lo que antecede? No lo creo. Posiblemente, más bien me haya quedado corto, porque el tributo en vidas humanas que nos está costando la creciente motorización del país es verdaderamente alarmante, y sólo nos damos cuenta de su verdadera magnitud cuando nos roza el ala de la tragedia. Cuando un hijo, un hermano, un padre, una madre o cualquier otro ser querido, no pueden volver al hogar porque han perecido triturados dentro de esos ataúdes rodantes en que parecen haberse cconvertido los automóviles, o aplastados en plena vía pública por cualquera de esas máquinas que parecen proclamar la superioridad del metal sobre la blanda materia de que estamos hechos los seres humanos; cuando un compañero de trabajo no puede reintegrarse a sus labores después de un día de asueto, porque ha muerto en una de las formas antedichas o ha quedado lisiado para toda la vida; cuando el apacible sueño de una familia vecina tiene un despertar de terror al estrellarse contra la vivienda una máquina sin control tripulada por un loco o un borracho; o cuando nosotros mismos nos encontramos de pronto - Dios no lo quiera - metidos dentro de una automóvil, una camioneta o un autobús que da vueltas, como juguete volcado por por un niño caprichoso, para ir a quedar con las ruedas al aire, sin saber nosotros, a ciencia cierta, si nuestra humanidad ha resultado ilesa o si estamos heridos... No tengo vocación de Jeremías, pero creo que ya es tiempo de que nos llamemos a reflexión, los que todavia podemos hacerlo, acerca de la inmiinencia del peligro que se cierne sobre nosotros y sobre nuestros seres queridos., antes de que sea demasiado tarde. Que no nos veamos nunca en caso parecido al de un país como Estados Unidos, que hace muchos años dejó atrás la cifra del millón de muertos en accidentes de tránsito. Me parecen oportunas estas reflexiones al iniciarse otra Semana Santa. !Dios proteja a los viajeros! (*)CNP 2713 palabraeddie@hotmail.com Articulo leido aproximadamente 1091 veces
|