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Nota de aporrea: (*) María Cristina Rosas es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro más reciente se titula Cooperación y conflicto en las Américas. Seguridad hemisférica: un largo y sinuoso camino, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, 365 pp. (Texto introductorio de La Insignia). Ver fuente original en http://www.lainsignia.org/2003/mayo/econ_010.htm Mientras la coalición que encabezó Estados Unidos desarrollaba las hostilidades contra Irak, en Puebla, México, se inició la recta final de las negociaciones encaminadas para dar vida al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), mediante el cual se espera que hacia el 1° de enero del año 2005, el continente americano sea una vasta zona de libre comercio, con la excepción de Cuba, país que no fue invitado por el promotor de esta iniciativa, que es, justamente, EEUU.
El ALCA es un diseño muy singular. Cada uno de los participantes (34 países en total) parece estar más interesado en acceder al mercado estadunidense que a los de las demás naciones. Ello puede tener importantes consecuencias para los procesos de regionalización que, al margen de Estados Unidos, evolucionan en el continente, como el Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR), la Asociación de Estados del Caribe (AECA), o bien la Comunidad Andina (CA). Las relaciones horizontales que se han venido forjando entre las naciones latinoamericanas y caribeñas palidecen frente a la expectativa de poder acceder al mercado más grande del mundo. Sin embargo, los planes de Estados Unidos para consolidar una zona de libre comercio hemisférica podrían no concretarse, no al menos, en los tiempos previstos. Para comenzar, la guerra contra Irak evidenció el disenso imperante en el continente respecto a la cruzada bélica, la cual justificó Washington en la existencia de armas de destrucción en masa -que aun ahora nadie ha logrado encontrar. Ciertamente sólo Brasil, Venezuela, Argentina y Cuba se opusieron de manera clara a la guerra contra el país asiático, e inclusive el gobierno de Lula Da Silva, encabezó algunos esfuerzos diplomáticos para concretar una condena más enérgica contra el operativo militar lidereado por Estados Unidos. Hubo otro grupo de países, entre ellos México, Chile y Canadá, quienes deploraron el inicio de las hostilidades pero se contuvieron en sus críticas hacia Washington. El resto de los países o bien se abstuvieron de opinar, o bien apoyaron a la Unión Americana. Entre este último grupo de naciones figuraron Colombia, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Honduras y El Salvador. El análisis de la coyuntura de la guerra contra Irak y de la manera en que se comportaron las naciones latinoamericanas y caribeñas en esos momentos, es un ejercicio de la mayor importancia, dado que aun cuando se lograra tener un tratado comercial consensuado con los 34 países participantes, su aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos dependerá de un sinnúmero de factores. Por ejemplo, en una sociedad como la estadunidense, donde el poder se encuentra tan estratificado, habrán grupos de interés a los que no les convenga que determinados productos procedentes de las naciones latinoamericanas y caribeñas, ingresen libres de obstáculos al mercado de Estados Unidos. Ahí jugará un papel fundamental la capacidad de lobby que los países del hemisferio puedan impulsar en Washington, a fin de cabildear entre los escépticos legisladores, y lograr su visto bueno para que el ALCA sea ratificado. El problema es que las posturas de condena y no apoyo que diversas naciones latinoamericanas mantuvieron a lo largo de la guerra contra Irak, alimentarán el escepticismo entre los legisladores de EEUU: ¿por qué habrían de ratificar la Cámara de Representantes y el Senado estadunidenses un acuerdo comercial con países que se han comportado como "socios desleales"? Claro, ello le permitirá al gobierno de George W. Bush elevar el nivel de exigencia respecto a los países del hemisferio, pero a costa de demorar el proceso negociador, -mala noticia, máxime considerando que la autoridad de promoción comercial que posee el Presidente, es perecedera. Hay otro factor más: hoy Bush cuenta con un consenso más o menos amplio de parte del Congreso, para impulsar diversas iniciativas legislativas, aprovechando los bonos de la "cruzada contra el terrorismo" y ahora también el de la "victoria sobre Saddam Hussein". Empero, esos bonos se diluirán, sobre todo si la economía estadunidense no "despega". Las recesiones son los peores enemigos del libre comercio y las voces de activistas como Lori Wallach podrían recuperar la influencia que llegaron a tener en la década de los 90, que obstaculizaron el otorgamiento de la autoridad de promoción comercial al entonces Presidente Clinton y que promovieron el movimiento globalifóbico que encontró su máxima expresión en la Tercera Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio que se llevó a cabo en Seattle en noviembre-diciembre de 1999. Hoy el movimiento pacifista parece más visible e influyente que el movimiento globalifóbico, pero esa situación se revertirá rápidamente, en la medida en que la economía internacional se siga desacelerando. Conscientes del problema, los gobiernos de Chile y de los países centroamericanos están tomando medidas para, en el caso de que el ALCA entre en un callejón sin salida, tener un acceso garantizado en el mercado estadunidense. Para ello, tanto Chile como los países centroamericanos suscribieron (en el caso chileno) y negocian (en el caso centroamericano) sendos acuerdos de libre comercio con la Unión Americana. El acuerdo Chile-Estados Unidos fue concluido, en su fase negociadora, hace varios meses. Empero, el Presidente Bush ha demorado su presentación ante el Congreso -para que lo ratifique- primero porque Chile no apoyó a EEUU en la guerra contra Irak, y segundo, porque el lobby chileno no puede ser persuasivo ante los legisladores estadunidenses en las condiciones actuales. Inclusive el gobierno de Chile ha debido relevar del cargo a su representante ante las Naciones Unidas, Juan Gabriel Valdés, para llevar a cabo la "operación cicatriz" y superar los escollos surgidos entre los dos países con motivo de las hostilidades contra Bagdad. Las naciones centroamericanas que negocian el acuerdo CAFTA, casi todas -con la notable excepción de Guatemala- apoyaron la guerra contra Irak y al menos en teoría están en condiciones de ganar su "redención" a los ojos de Washington. Empero, sus lobbys parecen débiles, sobre todo frente a los legisladores de Florida, quienes perciben que muchos productos centroamericanos van a afectar negativamente los intereses de los productores de la península estadunidense. Si a lo anterior se suma el hecho de que hay en marcha importantes negociaciones en el seno de la OMC como parte de la Ronda de Doha y que ésta tiene una fecha límite para culminar (31 de diciembre del año 204, fecha idéntica a la que se tiene contemplada para que concluyan las negociaciones del ALCA), en realidad hay mucho trabajo por delante, y muy poco tiempo. Ciertamente los negociadores del hemisferio occidental, que realizan gestiones a nivel bilateral, al mismo tiempo que se celebran las negociaciones regionales y multilaterales, están entrando a una etapa de saturación peligrosa, que irremediablemente los obligará a elegir la negociación que les resulte más prioritaria y a sacrificar las demás. Sobra decir que dado que Chile y Centroamérica estiman esencial que sus sendos acuerdos comerciales con Estados Unidos sean ratificados y entren en vigor a la brevedad, la atención que le prodigarán al ALCA y a la Ronda de Doha será menor, puesto que sus mejores negociadores se desenvolverán en Washington, no en Puebla ni en Ginebra. Ello también fragmenta y divide a los países latinoamericanos porque, a pesar de tener preocupaciones comunes, no logran articular iniciativas conjuntas que, sin duda, podrían tener mayor peso en los entornos regional y multilateral. Ojalá que en el breve tiempo que le quedan a las diversas negociaciones en curso, los gobiernos de los países del hemisferio piensen más allá de la coyuntura, por el bien de sus pueblos. Articulo leido aproximadamente 1063 veces
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