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¡Tremendo llantén!, el que se trae la gente de Cavidea y todos aquellos que de alguna manera tienen que ver con el combo de la sensual, única y exquisita mulata Albis Muñoz.
Pero como todo se pega menos la hermosura, que mientan allá por mi pueblo, pareciera que han contraído una extraña enfermedad que destruye de manera masiva e irreversible las neuronas cerebrales, por lo que no es que parezcan gafos, sino que cada día se ponen más gafos. Y en medio de una fase cuasi terminal no es extraño oírles decir que la escasez de alimentos habrá de disminuir cuando el Gobierno consienta un aumento de los precios y les entregue algunos “dolaritos”, eso sí sin exigirles que presenten solvencias de impuesto sobre la renta y del seguro social, ya que ello se constituye en un atentado contra la libre empresa. No es raro que esto, lo de los dólares y el aumento de precios ya que lo demás es de mi cosecha, lo haya dicho Rafael Alfonzo al que, como lo señalaron en “Cianuro en gotas”, si le dan un poco de tiempo habrá de quebrar la empresa familiar, tal y como lo hiciera el hijo de Eugenio Mendoza y antes el Junior González Gorrondona y antes “Tellito” el heredero de “La Previsora”. Tampoco sorprende oírles decir en coro que no hay pollos porque no hay huevos, no hay huevos porque las gallinas no ponen si no comen finos alimentos importados (¿por eso será que los huevos huelen y saben a pescado?) y no hay dólares para importar la dieta de las gallináceas. Que no hay harina de maíz ya que al estar regulado el precio la sacan de contrabando, ¿quiénes?, siendo vendida en Colombia a 1.200 bolívares, es decir a casi el doble del precio regulado. Que hay que importar cien mil toneladas de arroz. Y uno creyendo que en Guarico y en Portuguesa se producía arroz en bruto, al menos esa fue una de las mentiras que nos vendieron por muchos años los adecos y copeyanos. Y así hasta el cansancio, con decirles que en Venezuela se tienen que importar las paletitas de madera para comer helados. ¡Tremendos empresarios que tenemos! Pero lo más insólito se lo oí hoy a una vecina, escuálida ella, la que escandalizada me comentaba que el pollo se estaba vendiendo a cuatro mil bolívares el kilo. Me hice solidario con su indignación y le señalé que a esos especuladores había que partirles la madre. Más vale que no, saltó como una fiera y me increpó de manera destemplada, ¿qué van a hacer los pobrecitos, no querrás que quiebren? Ante tamaño dislate le pregunté si ella era una comedora de pollo o amante de un empresario avícola. Ya que como ama de casa y madre de tres hijo debía pedir que se le parta el alma a los especuladores, lo que no sería el caso si el especulador es quien la mantiene. Con la nueva PDVSA supimos para qué servían los meritocráticos. Con MERCAL sabremos cuan productivos y competitivos eran los genios de Fedecámaras. ¡Qué bolas! Caracas, 06 de mayo de 2003. Articulo leido aproximadamente 2168 veces
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