|
El señor George Walker Bush fue socio y ejecutivo de la empresa Harken Energy, cuyas acciones vendió --según “The New York Times”—sin la previa información al resto de los accionistas, operación de dudosa honestidad pero que le produjo beneficios por un millón de dólares. Otro diario estadounidense --“The Boston Globe”-- publicó también que el señor Bush desvió fondos de la Universidad de Harvard por unos treinta millones de dólares hacia las arcas de la petrolera Harken cuando era estudiante regular de esa universidad.
Con los beneficios tan honradamente obtenidos el señor Bush adquirió un monto menor al 2% del valor del equipo de base-ball “The Texas Rangers” y con aporte de 606 mil dólares tuvo beneficios por quince millones de dólares. ¿Cómo se operó ese milagro de la “oportunidad igual para todos”? Pues mediante la construcción de un estadio en Texas, a cuyo fin fue cobrado un impuesto especial y el Estado adquirió terrenos por debajo del precio real y expropió otros, después de lo cual hubo una reventa de tierras y generosas donaciones a un grupo encabezado por el señor Bush, a quien correspondía un poco más de dos millones de dólares de utilidades de acuerdo al aporte accionario pero cobró el monto antes referido, aparentemente porque los otros socios, seguramente víctimas de un severo ataque de bondad, renunciaron a sus beneficios para transferirlos a quien luego fue Gobernador del Estado de Texas. ¿Quién compró a quién? Posteriormente el señor Bush compitió por la presidencia de los Estados Unidos en un evento que llamó la atención pues hubo un lapso bastante prolongado antes del nombramiento del candidato ganador de la justa electoral, la cual por cierto estuvo llena de opiniones adversas, de críticas y denuncias que para cualquier país latinoamericano hubiesen significado regaños y hasta directa intervención del “hermano mayor” para restaurar el orden, pero allá no es posible que Comisiones de Observadores constaten el respeto a las reglas del juego, de cuyo arbitraje se adueña en forma abusiva el gobierno estadounidense. Comenzando porque el método --el “Colegio Electoral”-- es profundamente antidemocrático toda vez que es un mecanismo mediante el cual se impide cualquier incidencia de la mayoría popular en el ejercicio del poder. La base de ese método es que la cantidad de electores en cada estado se determina en proporción con su índice demográfico para la Cámara de Representantes, complementado con dos electores para la Cámara del Senado. Ello significa que un voto electoral de Nueva York representa 550 mil personas pero ese mismo voto en Dakota del Sur solo representa a 232 mil votos. Debe considerarse también que en los estados de menos población existe una desproporcionada cantidad de personas blancas, residentes en distritos exclusivos donde el acto de votación es realizado con auxilio tecnológico de punta mientras los pobres negros y latinos lo hacen con equipos convencionales pues allá también el “rebaño desconcertado” es excluido del concepto “sociedad civil”. Y a ese cuadro abiertamente discriminatorio se une el de la manipulación política desde organismos gubernamentales pues ha sido suficientemente demostrada la participación del gobernador del Estado de Florida, Jeb Bush, hermano del entonces candidato, quien se apoyó en su Secretaria de Estado, Catherine Harris, por añadidura sub-coordinadora de la campaña electoral presidencial. Y de acuerdo a su cargo esa señora es o era la máxima autoridad electoral, vale decir la gallinita de los votos bajo el cuidado del zorro tracalero. Y como si lo anterior no bastara, la señora Harris tiene o tenía estrechos vínculos con la mafia cubano-americana, tan llena de dólares como huérfana de ética. El 22 de noviembre de 2000, en pleno proceso de recuento de votos, hubo una manifestación de personas trasladadas hasta Florida (“la protesta de los chicos bien”) con el objetivo de frustrar ese proceso pues había impugnación de aproximadamente 180.000 votos que no pudieron ser leídos por las máquinas y que la Corte Suprema de los Estados Unidos decidió no permitir contar manualmente. Han sido publicados detalles de la financiación de la citada manifestación, entre ellos el reparto de 1,2 millones de dólares a unas 250 personas, para cuyo traslado fueron utilizados aviones de varias corporaciones, por ejemplo “Enron” y “Halliburton”, de la cual el actual vicepresidente, Dick Cheney, es o era directivo. Fue aleccionador el texto de una pancarta portada por un manifestante en West Palm Beach: “Los votantes nada deciden. Quienes cuentan los votos deciden todo”. Y sobre tales bases fue designado presidente el señor George Walker Bush, lo que nos mueve a preguntar: ¿Con qué autoridad moral ese gobierno instala “Oficinas de Transición” en otros países para promover un supuesto desarrollo democrático que en su propio suelo no practica? ¿Bajo cuál principio ético el Departamento de Estado exige a gobiernos de otros países una legitimidad democrática que su propio régimen no tiene? ¿Por qué el embajador (aunque actúa más bien como un “emsubidor”) de los Estados Unidos se permite dictar cátedra “contra la violencia” en nuestro país cuando el régimen que él representa no fue capaz de evitar la agresión a que los “Brooks Brothers” sometieron a los militantes del Partido Demócrata y luego tampoco adelantó gestión alguna para castigar el delito cometido? Es como si Venezuela enviara una Comisión a los Estados Unidos para que dictara cátedra de Ética Periodística a cargo de Domingo Blanco; de Rectitud Administrativa a cargo de Jaime Lusinchi y de Pundonor Militar a cargo de Molina Tamayo. Como dicen que diría el general Gómez: “ajá, ¿y a bush-té cómo le parece?”. Articulo leido aproximadamente 812 veces
|