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Cuando estaba pequeña, recuerdo como una cosa muy curiosa de la familia, ciertas conductas que hoy no puedo dejar de relacionar con las conductas irracionales del país en general. Me refiero en particular a las peleas entre dos de mis tíos sobre casi cualquier cosa (incompatibilidad de caracteres le dicen a eso, creo). Pero al margen de los motivos de discusión, algo si era seguro cuando intervenía un tercero, se tratara éste de mi, mis hermanos, mi padre o algún vecino: no era posible salir ileso del conflicto, inclusive tratando de sopesar los pro y los contra de cada posición, sin que alguno de ellos obligara al pobre tercero a tomar partido por uno u otro, so pena de ser tachado por uno de ellos o quizá por los dos: de traidor, desnaturalizado, malagradecido y mal nacido.
Así las cosas, el cuento familiar viene a colación a propósito de la sentencia de la corte suprema de justicia acerca del antejuicio de mérito para los militares que participaron el día 11 de abril en el golpe de Estado -excuse moi- ¿Será que debo decir de ahora en adelante “el día del vacío de poder”? En primer lugar, quiero advertir que la deliberada mención de este organismo con letra minúscula, es para dejar muy clara mi posición como ciudadana común y corriente en torno a esa decisión, la cual, sin ser jurista, creo que definitivamente es una bofetada al sentido de justicia y al sentimiento democrático de la mayor parte de los venezolanos, inclusive también les toca a aquellos que celebraron en Chuao, porque ¡Señores! si esto lo relacionamos con el tema de la violencia doméstica, ésta tiene dos vertientes según entiendo: La psicológica y la física, ambas con consecuencias graves para las víctimas, de manera que si el argumento es que no hubo uso de las armas para considerar la rebelión militar, es casi como decir que el torturador psicológico no empujó al suicida por el balcón porque no le puso una pistola en la cabeza. Sin embargo, cuando uno comienza a hurgar el fondo, es inevitable reconocer que así como con los tíos, una cosa es la posición con la que uno puede coincidir con ciertas cosas para acercarse a la justicia, y otra muy distinta tomar partido. Esta reflexión viene al caso. Por lo complejo que resulta mediar entre bandos visceralmente encontrados que no permiten lograr consenso sobre cuestiones que los afectan a ambos. Ciertamente, si de bandos se trata, no deja de ser irónico que precisamente el grupo escogido por la llamada mafia miquilenista para formar parte del máximo tribunal del país, la tribu del “padre adoptivo” del Presidente Chávez, hubiese sido el grupo de magistrados que asestó el golpe institucional, ese mismo grupo, antes cuestionado a rabiar por la oposición, y que ahora, dólares mediante, terminan siendo algo así como “héroes de la libertad”. En este contexto, los tíos y sus bandos se deslucen ante la mirada de todos. La memoria nos recuerda que estas maniobras maquiaveli-miquilenistas y neo-adecas, nacen dentro del chavismo, que Peña y su “plomo al hampa” forman parte del slogan de campaña de éste Alcalde promocionado por el gobierno, que la ciudad “mientras tanto y por si acaso” de Cabrujas es más un “por si acaso sobrevivo” dentro de las peleas encarnizadas de los tíos de Baruta, Chacao, Sucre y Libertador, que la meritocracia SI es meritocracia cuando la defiende el tío de PDVSA y NO lo es si la defiende el tío de Ministerio de Energía y Minas, que si no estás conmigo estás contra mi... Mientras tanto y por si acaso, una señora que llora en la calle dolida de impunidad, no sabe si recurrir a un outsourcing para solicitar a los mejores talentos para la administración de justicia -¿Será verdad –se pregunta- que eso de la meritocracia, los perfiles, la trayectoria, el doctorado y lo demás, garantizan la probidad de los magistrados y en general de los funcionarios públicos? ¿En cuál parte del currículo la gente dice que defiende los valores expresados en la Constitución? ¿Cómo puedo saber que lo que diga el candidato se va a traducir en acciones? No, definitivamente la señora de la calle anda por ahí molesta. Con razón, ella dice que declara con mérito para el antejuicio por inmoralidad a mucha gente, al tío que la permitió y al tío hipócrita que sólo le importa aquello de “si no estás conmigo estás contra mí”. En lo que a ella respecta, los dos se pueden ir al carajo, porque ella, “mientras tanto y por si acaso” camina (como si de una misma cosa se tratara) con una Constitución y una posición para arriba y para abajo. Articulo leido aproximadamente 773 veces
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