|
Las presiones de la extrema derecha
Si algo caracteriza y define la gran maniobra de oposición contra el dictado de justicia por parte de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia es el cinismo con que han actuado sus voceros y medios. Públicamente conducen una campaña de desprestigio contra sectores del movimiento popular que lo único que han hecho es, apenas, expresar sus opiniones como demócratas, sobre las votaciones viciadas de las ponencias que le han sido presentadas a la Sala Plena del TSJ. Las dos, según se conoce, postulaban la posición del Estado de Derecho y la democracia, y contrariaban los deseos de los golpistas, en el sentido de hacer justicia por los hechos de rebelión militar de extrema derecha de los miembros de la Fuerza Armada que habían formado parte de los sucesos del 11 de abril y de los días posteriores. Cuando la votación resultó adversa a la lógica jurídica y a la democracia, se conocieron las argumentaciones en contrario de la mayoría de los magistrados, los medios arremetieron, por igual, contra los integrantes del Tribunal Supremo que habían votado a favor del enjuiciamiento, olvidando que de acuerdo a la Constitución vivimos en una sociedad democrática en la que todos debemos respetar las instituciones, que el abuso de su poder mediático no está ni debe estar orientado a aupar el golpismo y la impunidad y a favorecer las conveniencias de la extrema derecha y que, en ninguna parte del mundo, ningún medio de comunicación que sea serio puede utilizar sus tribunas (que deben tener otros objetivos en una democracia) para desacreditar y poner en entredicho el desempeño de ningún juez. En todo caso, existen preceptos perfectamente establecidos para obligarles a dar cabida a las apreciaciones democráticas y comentarios, dentro de un clima civilizado de respeto y consideración de las instituciones democráticas entre si. Desde luego que las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia no pueden estar a salvo de las críticas enérgicas que los ciudadanos tengan a bien formular, a través de actos públicos legalmente permitidos o de los espacios de los medios de comunicación. Ello forma parte de las reglas del juego democrático que deben estimularse para fortalecer la participación de todos en la vida social, pero siempre dentro de un clima de paz donde predomine el debate de las ideas. No es eso lo que procuran los medios y la oposición al lanzar a la calle a los forajidos y malandros que conforman las tropas de choque de varios de sus partidos, que lo único que esgrimen como argumentos son piedras, bombas molotov y armas de guerra para emboscar a los seguidores del gobierno y luego desatar una campaña de manipulación de los hechos y criminalización de los manifestantes democráticos. Muy lejos está el texto constitucional, tantas veces criticado por los medios de extrema derecha, de respaldar en su sentido y contenido esta conducta signada por el ventajismo, la conspiración antidemocrática y la barbarie. Los medios y sectores políticos de la extrema derecha vienen diciendo desde hace dos semanas que estarían muy atentos a lo que decidieran los magistrados de Tribunal Supremo de Justicia. Muy bien conocemos las virtudes de nuestros folklóricos sectores fascistas en este campo, y estamos hartos de sus estudios y disertaciones en la materia en reconocidas universidades y tribunas públicas: tenemos sobradas demostraciones de su infinito desprecio a la democracia y de su profundo irrespeto por la voluntad de las mayorías y la justicia. Al respecto, la vida la vida no nos va a dar sorpresas. Bien sabemos que aprendieron las lecciones de los fascistoides asesores gringos, pero no les servirán de mucho si tomamos en cuenta la esencia democrática del pueblo venezolano y su hartazgo con respecto a los loibelos difamatorios e intolerantes que representan hoy día la mayoría de los medios de comunicación de masas. De manera que debemos seguir soportando el gran show de la oposición y su cretina intolerancia. Pero el gran problema para los medios y la oposición es que su público se ha vuelto internacional. Desde otros países, así como en la ONU y la OEA están pendientes de lo que sucede en Venezuela. Ya no se trata de evitar una nueva aventura golpista, apoyada y avalada por los medios para tratar de manipular al pueblo venezolano, a los representantes de la sociedad civil o del movimiento popular. Eso le funcionó al fascismo criollo, hasta cierto punto, el día 12 de abril. Ahora ya no es así y, para desgracia de los sectores antidemocráticos, muchos gobiernos y observadores del exterior le están haciendo un seguimiento a las continuas conspiraciones que, desde la oposición, se hacen contra la Constitución. Esto resulta muy grave para la imagen de nuestro país y para la percepción que se está formando más allá de nuestras fronteras. Venezuela está comprometida, de diversas maneras, con la Organización de Estados Americanos y con las Naciones Unidas en el sentido de no permitir que se quebranten las normas que modelan el establecimiento de un Estado democrático. Los sueños de la oposición de imponer de nuevo un régimen que privilegia las actuaciones autoritarias y cercena las libertades del ciudadano no va a ser aceptado por las instancias internacionales. Ahí no hay presiones que valgan. Articulo leido aproximadamente 810 veces
|