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Esta noche escuchando a Nicolás Maduro, me permito hacer algunas reflexiones
que considero necesarias para mantener nuestro proceso revolucionario en marcha, independientemente de las ordenanzas del Imperio. Esta alerta permanente sobre la intervención de Estados Unidos no es comentario nuevo, eso lo sabemos todos, pero lo sabemos y lo dejamos pasar, pareciera que nos sentimos demasiados fuertes, demasiados anclados en nuestro territorio con esta revolución hermosa y que no le tememos al monstruo imperialista. Todas las advertencias que hemos tenido, y que semanalmente las vemos en los excelentes trabajos de Martín Guédez , no son exageraciones, son sus preocupaciones producto de un análisis profundo sobre las verdaderas acciones que ejecuta el imperialismo en el mundo y Venezuela no está exento de su control. Sobre el tema de la vigilancia, la vigilancia sobre el enemigo, se ha discutido acertadamente. El Ché en sus trabajos nos hablaba de la importancia de vigilar a todo aquel que entraba en nuestras filas, porque según él, no se sabe de donde viene. Pero no solo a este individuo que se acerca para colaborar en nuestro territorio debe ser vigilado, sino también con igual temor y fuerza al enemigo declarado. Entonces, observo las declaraciones Maduro y me parecen ingenuas, a Condolezza Rice se le chispoteo, no es así, Condolezza estaba al tanto de un problema que ya caminaba con miras a desequilibrar el país, y nadie del gobierno lo sabía. Porque no lo sabían, sencillamente porque nos creemos poderosos, fuertes, honestos, buenos revolucionarios, aceptamos todas las injurias que nos dices los medios privados, aceptamos a gobernadores golpistas que viajan Colombia, aceptamos el irrespeto a nuestro presidente en programas televisivos como Alo Ciudadano, aceptamos la presencia norteamericana financiando a Súmate. Nuestra benevolencia, nuestra bondad está por encima de la maldad del imperio y sus secuaces que viven en Venezuela. Y yo les canto está retahíla, sigan de bondadosos y honestos con los enemigos, sigan sin vigilar, sin censurar, sin llevar a prisión a los corruptos y golpistas, sigan dejando meter personas ajenas, desconocidas en nuestras filas y verán lo que sucede. Las fuerzas del imperio son poderosas, las acciones incontables, las fuerzas de la oposición, son viejas y curtidas en el arte de controlar, manipular y aniquilar. Dos son las alternativas que se presentan bajo esta coyuntura, o gobernamos con decencia, con amor y con justicia, o nos dejamos quitar este sueño precioso del pueblo venezolano. La vigilancia es única, por ingenuidad no podemos ser derrotados. Hasta la victoria siempre con la revolución bolivariana en marcha. Viva nuestra Venezuela, a defenderla con el alma de un buen revolucionario carajo. Articulo leido aproximadamente 1199 veces
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