Las elecciones municipales y sus muchos significados
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Nos movemos a partir de nuestros intereses, por más egoístas o altruistas que estos sean. Nos movemos por el significado del camino, por lo que representa la meta, tanto a lo individual como en lo colectivo. Cada objetivo debe estar lleno de múltiples significantes, para que calen en las convulsas emociones de las masas, y en las razones sosegadas del individuo. Sin significado, los objetivos se hacen inocuos, carentes de sentido; se encuentran imposibilitados para la creación de sensaciones que movilicen.

Este 8 de diciembre tenemos elecciones municipales en Venezuela. Estas elecciones tienen un alto valor, tanto en lo que circunscribe al espacio territorial del municipio, como en el impacto de este el municipio- en la vida política, económica, social y cultural de toda la nación. Los dos grandes bloques políticos del país se han encargado, respectivamente y según su orientación ideológica, a llenar de múltiples significantes esta contienda electoral. El impacto que tengan o no estos significantes, está determinado por el grado de sensibilidad que logren en el tejido social, en la posibilidad de cohesión que alcancen dentro de los diferentes matices que se expresan en el país, en la sensación de representación- auto-realización que logren en los individuos activos dentro de la colectividad.

La oposición venezolana ha logrado dar diversos significados a estas elecciones. Quieren hacer creer -en un proceso que desvirtúa la naturaleza de las elecciones- que los resultados de estos comicios a celebrarse el 8 de diciembre representan, por un lado, un reflejo de la voluntad expresada el pasado 14 de abril y, por otro lado, una petición expresa de un posible referéndum para con el presidente Nicolás Maduro. Estos significados son menores, deleznables, con sustentos sin solidez. No obstante, no hay que perder de vista un dato. La oposición venezolana ha logrado, en su militancia, establecer un corte nacional a unas elecciones regionales, y este hecho configura la voluntad de sus electores en una nueva dimensión. Esto último lo entendemos si no pasamos por alto el comportamiento histórico de la movilización de los votantes en elecciones regionales, el cual disminuye considerablemente. Si cubren de un significado nacional lo que realmente es local, obtendrán una movilización mayor, para no decir contundente.  

La revolución, por su parte, le ha tocado alternar estrategias, pasando de la resistencia a la ofensiva. Ante la táctica de la oposición de querer hacer de unas elecciones locales un plebiscito, la revolución se lanzó a las calles; aumentó los casa por casa, realizó actos locales de considerable envergadura con sus candidatos, acopló el gobierno de la eficiencia en la calle dentro de la dinámica de desarrollo local junto al poder popular, y desdobló nuevamente el discurso patriótico y chavista nacional en lo local, bajo una estrategia unificadora de visiones. En síntesis, llevó lo nacional a lo local en un proceso inverso a lo planteado desde la oposición. Esta estrategia aplicada por la revolución persigue demostrar en la práctica la ventaja-beneficio que puede gozar lo local cuando tiene una fuerte articulación-unión con lo nacional. Sin embargo, esta puede ser un arma de doble filo. Si nuestra acción no es lo suficientemente pedagógica como para hacer entender la estrategia, el pueblo podría entender que es el gobierno nacional, superpuesto a lo local, quien puede hacerlo todo. Y de ahí, de esta básica concepción, desmeritar todo esfuerzo de movilización en pro de un triunfo electoral el próximo 8 de diciembre.

Hay mucho aun por hacer en estas pocas horas que nos quedan, en estos contados días que nos separan del 8 de diciembre. Hay que generar una fuerte vinculación de lo local con lo nacional, estableciendo lo local como la fuente de energía dinamizadora de todo lo posible en lo nacional. Hay que resaltar en imagen infinita el hombre y la mujer del pueblo, del campo, y mimetizar en ellos la imagen de un candidato revolucionario. Debe aclimatarse y deconstruirse en los elementos cotidianos la noción de patria y revolución. Se debe delimitar, taxativamente¸ la concepción de pueblo, y llenar el contenido de olor, color y piel de aquellos hombres y mujeres explotados, desposeídos e históricamente excluidos. En definitiva, estas elecciones son y deben ser, en lo palpable y en los múltiples significantes que hoy le otorguemos, la oportunidad real de que los pobres tomen el poder.

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