Acerca del debate en torno a la necesidad de la crítica y la autocrítica
- www.aporrea.org
- www.aporrea.org/actualidad/a153066.html

"Mosca con las modas", pero... ¡Alerta con los lugares comunes y los eslóganes vacíos e hipócritas! 

Suscribo al compañero Pérez Pirela cuando arguye que la crítica, la anticrítica (y la casi esnobista autocrítica -todas indisolubles-) deben fundamentarse en procesos de reflexión e investigación. De igual manera coincido con su llamado a asumir la corresponsabilidad en los múltiples y muy diversos errores desarrollados desde lo que genéricamente denominamos revolución bolivariana (entendida como movimiento sistémico: en términos gramscianos como un bloque histórico-político), primordialmente porque la construcción revolucionaria (donde se incluyen los errores) no se limita o se reduce a la acción del gobierno que preside el Comandante Chávez,  pues dicha construcción trasciende el ámbito formal-institucional del Estado. 

Coincido a tal punto con Pérez Pirela, que considero preciso que l@s revolucionari@s debemos asumirnos como corresponsables de los errores producidos desde las diversas instancias del Estado, pues hemos apostado a este proceso político, somos partícipes de los cambios en desarrollo, impulsamos el triunfo del Comandante Chávez el 7-O (a pesar de estar conscientes de tantos problemas estructurales, coyunturales y factuales no superados, así como de una realidad signada por el dominio de dirigentes y funcionarios que no actúan con coherencia respecto a la ética del proyecto bolivariano), hemos apoyado, y en la mayoría de los casos, seguimos apoyando a la dirigencia chavista en la escala nacional y estadal. Por tanto, reivindico la siguiente reflexión: "la autocrítica es ante todo ( ) señalamiento a uno mismo: a una revolución de la cual, se supone, todos somos protagonistas, para lo bueno y para lo malo".

Sin embargo, me parece que el problema no radica en que se produzcan críticas hacia la dirigencia, los funcionarios, y por qué no, hacia el propio presidente Chávez (cabe acotar que no es casualidad que use la noción crítica, sin el prefijo posicionado y de moda, pues la intención es orientar el debate hacia la categoría crítica, la cual como señalé anteriormente, es indisoluble de las nociones autocrítica y anticrítica -se sugiere leer a Gunder Frank-).

Desde mi punto de vista, no hay que expresar temor a que se desencadene la crítica, e incluso, no hay motivo para temerle a las quejas, los lamentos, y las protestas, estas últimas alejadas de la crítica, pero expresiones auténticas de descontento que es preciso evaluar, con más razón si son formuladas por militantes de base de la revolución, hombres y mujeres que construyen desde la tierra, desde lo concreto, desde esos barrios donde Chávez obtiene tres cuartas partes de la votación.

¿Acaso hay alguna instancia orgánica para formar políticamente a nuestra base en la materia? ¿Acaso hay algún canal orgánico y efectivo para atender cualquier expresión de descontento de nuestra militancia?

Mucho menos hay que temer a la crítica (en este caso me refiero a la crítica revolucionaria, aquella que se sustenta en la reflexión y la investigación), pues la misma es inherente a los sujetos con consciencia política, y esencialmente, es una herramienta para la reflexión de los elementos críticos que producen y reproducen contradicciones, y es un arma para la transformación revolucionaria. 

Sobre todo porque se corren DOS PELIGROS:

Primer Peligro:

Repetir ejemplos concretos y explícitos de descalificación y censura hacia formulaciones críticas constructivas y propositivas formuladas desde adentro, desde lo concreto, desde el compromiso de la militancia revolucionaria, desde la tierra, sin dejar de tener claro que toda formulación crítica está mediada por la dialéctica concreto-abstracto.

Me refiero en específico a dos casos paradigmáticos:

  1. La censura explícita y obscena hacia el General Alberto Müller Rojas. Muy estimado después de su nombramiento como Primer Vice-Presidente del PSUV, pero denostado por la alta dirigencia y por los medios del Estado, a partir de algunas formulaciones críticas realizadas hacia el papel del partido en la construcción revolucionaria y hacia algunos carteles que se han posicionado en el alto gobierno. El compañero Müller Rojas pasó los últimos días de su existencia como un renegado de la revolución, por ser consecuente con sus principios y convicciones, por esbozar críticas desde adentro, desde el compromiso, desde la urgencia de transformar.
  2. En junio de 2009, en un foro organizado por el Centro Internacional Miranda (CIM), intelectuales y activistas de izquierda debatieron sobre las fortalezas y debilidades de la Revolución Bolivariana. Allí se formularon críticas a la alta concentración de responsabilidades en la figura del presidente Hugo Chávez, lo cual motivo una lógica de descalificación y censura hacia los intelectuales revolucionarios (como Vladimir Acosta, Luis Britto García, Carmen Bohórquez, Ernesto Villegas -por hablar de algunos de los venezolanos partícipes del evento organizado por el CIM-) que categorizaron al hiperliderazgo del presidente Chávez como un problema para la revolución. Muchos de ell@s, señalados como "opinadores de oficio", como parte de una "izquierda exquisita", alejada de la lucha revolucionaria (sic). Además de ser estigmatizados y condenados por actores y factores políticos de gran envergadura en el alto gobierno, fueron censurados por gran parte del "sistema" de medios públicos (salvo honrosas excepciones).

Segundo Peligro:

Que la crítica o la muy de moda anticrítica se diluya en una consigna vacía. En el lugar común de los eslóganes para efectos de obtener resultados favorables en las contiendas electorales venideras. En el eufemismo perfecto para disfrazar los discursos mediocres e hipócritas de los sectores (muy bien posicionados en la dirigencia y en el aparato burocrático del estado) que conciben el proceso revolucionario como un medio para satisfacer sus ansias de poder y de dinero. Al mencionar esos peligros, no puedo dejar de recordar las 3R, y su versión insultante de la inteligencia del pueblo, las fulanas 3R al cuadrado.

A MODO DE CONCLUSIONES:

En primer término, es necesario reivindicar el espíritu de autocrítica y rectificación explicitado por el Comandante Chávez. Esa actitud consecuente con los planteamientos esbozados por el Presidente en su rol de candidato, son estimados positivamente por el pueblo.

En segundo término, valorar el debate que se ha producido en las fuerzas bolivarianas (con todos sus matices y sus contradicciones), así como expresar mi más profundo respeto para quienes realizan aportes para la construcción revolucionaria.

En tercer término, es imprescindible impulsar la estructuración de instancias orgánicas para: i) La formación política de las bases ii) El diálogo y el debate interno. Muchas veces se exige a la militancia de base un tratamiento responsable e interno de sus críticas, pero no existen los espacios para tal efecto. En ese sentido, una de las autocríticas (para ir al ritmo de la moda) fundamentales, está relacionada con el papel del PSUV, y con las formas de relación dadas con otras formas y expresiones de organización del denominado Polo Patriótico.

En último término, "MOSCA CON LAS MODAS", PERO "OJO PELAO" CON PERMITIR QUE SE DILUYAN LA CRÍTICA Y LA RECTIFICACIÓN NECESARIA.

El pueblo venezolano demostró un alto nivel de conciencia política al elegir nuevamente al Comandante Chávez. No hay que olvidar que la revolución bolivariana, a través del Comandante Chávez se estaba enfrentando a un entramado de poderes cimentados en el imperialismo norteamericano y europeo (y cabe señalar, derrotar las potencias dominantes no es cualquier cosa).

La eficiencia (me refiero a la revolucionaria) es importante para avanzar en la construcción del socialismo, pero el descontento del pueblo estás más relacionado con las inconsistencias entre lo que predicamos y lo que hacemos, que con el desarrollo de obras públicas.  Sin embargo, el conjunto de contradicciones internas del proceso revolucionario, sobre todo las contradicciones de signo ético, tales como la corrupción, el irrespeto al pueblo, la arrogancia, el arribismo y la soberbia de gran parte de quienes detentan espacios de poder (sea en el partido o en el Estado), constituyen el peligro más significativo para la revolución.

Por tal motivo, resulta imprescindible producir los espacios para la educación, para la comunicación liberadora, para el diálogo de saberes, y por qué no, para el disenso desde adentro (es vital que exista ese adentro), para el debate y la polémica, para que sea factible aquello que representa casi un axioma: irreverencia en el debate, lealtad en la acción.

Sin temor a la crítica. UN ABRAZO FRATERNO A TOD@S L@S REVOLUCIONARI@S. ¡VENCEREMOS!

Investigador y Articulador Comunitario UNES Táchira

Integrante de la Dirección del Colectivo Pedro Correa

[email protected]

Articulo leido aproximadamente 972 veces
Actualidad