Derecho a réplica: La Unión Sovietica y Chávez
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Las presentes líneas tienen por objeto referirme a unos comentarios, por supuesto equivocados, que el presidente Chávez hizo la semana pasada en un Consejo de Ministros, y que reprodujeron, tal vez sin querer, las mismas falsedades y mentiras que los imperios de occidente han puesto a circular en contra de la patria de Lenin. En efecto, en la oportunidad señalada el Presidente afirmó que en la Unión Soviética no existió o no hubo democracia.

Lo primero que se me ocurre decir es que si en la Unión Soviética no hubo democracia y, por tanto, ningún tipo de libertad, en Cuba, cuyo socialismo se instauró conforme a los mismos preceptos organizativos y políticos del esquema soviético, tampoco han existido esos valores, es decir, ni democracia ni libertad. Al respecto, no tardarán en salir algunos diciendo que entre la revolución rusa y la cubana no ha existido ni existe el menor parecido. ¡No, que va!, sólo que la semejanza fue tanta, que en Cuba se llegó a copiar hasta el movimiento de los “pioneritos, es decir, de los niños con un pañuelo rojo alrededor de sus cuellos, que, como se sabe, fue una creación de la revolución liderada por esos dos colosos que fueron Lenin y Stalin.

Es indudable que lo dicho por el Presidente Chávez se debió al poco conocimiento que éste tiene de la revolución soviética, y al hecho de que la única fuente de información que al respecto tiene son los dirigentes cubanos que, aunque parezca increíble, se convirtieron en los peores enemigos de sus benefactores, al punto de que se han negado por años a reconocer que si esa revolución existe, ha sido gracias a la generosa y desinteresada ayuda que en todos los órdenes le prestó su aliado euroasiático.

Al respecto, podría decir muchas cosas en relación con esta injustificable y desagradecida actitud de los cubanos. Decir, por ejemplo, que incitados por los dirigentes de la nación antillana, se llegaron a realizar manifestaciones al frente de la embajada rusa, donde se vociferaban toda clase de consignas insultantes contra ese país. Uno de los que más activamente promovió estas acciones fue el Ché Guevara, cuyo odio hacia ese país y a su tesis del “hombre nuevo”, fueron las causas de su salida de la patria de Martí. Pero no puedo hacerlo, porque me tendría que extender demasiado.

Por eso prefiero transcribir un artículo de Javier Auqué Lara, titulado “La Unión Soviética, en el que se conseguirán testimonios de personajes de una estatura tan elevada, que echan por tierra todas las infamias y mentiras que alrededor de la Unión Soviética han difundido sus enemigos a través de todos los medios. En seguida el artículo mencionado:

“Cuando las Panzerdivisones de Hitler traspasaron las fronteras soviéticas en la pasada gran guerra, los desinformados y los peor intencionados del mundo entero se frotaron las manos con visible fruición (y entre ellos los trotkistas) y mal disimulado entusiasmo para decirse.

“Ahora el pueblo ruso se levantará contra el gobierno de la URSS, y saludará a las tropas alemanas como a sus auténticos libertadores.

Algo similar debieron pensar los consejeros del megalómano de Braslau, y el mismo inspirado Fuherer (el que creía en el esoterismo y el que consultaba a los astrólogos), cuando iniciaron su ataque por Ucrania, República Socialista de la “Tierra Negra” (que es lo que traduce el nombre del granero de Europa), pensando que sus laboriosos habitantes eran desafectos al Gobierno y al Socialismo, y que consecuentemente, apoyarían a los invasores.

Por el contrario a lo imaginado por estos geopolíticos de pacotilla y estrategas de pipiripao, el pueblo soviético, con sus dirigentes al frente, se levantaron como un solo hombre contra la agresión nazi-fascista, dieron la batalla más grande de que se tenga noticia en la historia, expulsaron a las legiones invasoras y, finalmente, entraron victoriosos en Berlín, cuando humeaba aún el cadáver del autor intelectual y material de la masacre en los sótanos de su guarida.

Decimos que el pueblo, con sus dirigentes al frente, repelió la agresión, porque, valga el caso, Vasily, el hijo de Stalin, que tenía el grado de teniente del Ejército Rojo, fue hecho prisionero por los alemanes. Cuando éstos propusieron al hombre fuerte del Kremlin el canje de su hijo por un Coronel nazi, el poder del Soviet, Stalin, respondió en una frase que, no por célebre, es menos dolorosa: “No cambiamos Coroneles por Tenientes”.

Hechos tan significativos como la voladura de la represa del Dnieper –orgullo de las realizaciones socialistas- cuando los nazi amenazaban con apoderarse de ella, conmovió al mundo entero. Con ello evitaron que tan colosal fuente de energía fuera utilizada por el enemigo en provecho propio, aparte de que, al actuar en la forma indicada, soltaba el caudal de agua de 2260 kilómetros de recorrido en un área vastísima, con lo que dificultaban los movimientos de la maquinaria de guerra de Hitler en el corazón de la Patria. La URSS perdió 20 millones de hombres en la pasada contienda. Cada familia soviética tuvo un duelo y, a veces, más de uno. Fue la nación que más gente perdió en la guerra.

Cuando, pasada la Revolución de Octubre, y muertos por los mencheviques (fracción minoritaria del partido Socialdemócrata ruso) el Zar y su familia, se instauró un nuevo gobierno en la URSS no pocas potencias mundiales sometieron al más tremendo bloqueo que se conozca a la nueva Nación, Pensaba el capitalismo universal coaligado en una comunidad de intereses que un país tan populoso no resistiría castigo tan grande para su precaria economía. Esta vez los aprendices de economía se equivocaron medio a medio: la URSS sobrevivió, superó la etapa inicial post-revolucionaria, y dio comienzo a la creación de un gran Estado del proletariado. Langston Hughes, el gran poeta negro que por esos difíciles años visitaba a la Unión Soviética, relata en su obra”Yo he viajado por un mundo encantado”. Como, ante la escasez de vivienda entonces imperante, muchas familias divorciadas debían permanecer bajo el mismo techo, ante la física imposibilidad de encontrar nuevos lares.

Los anteriores aspectos, presentados además en forma elemental y rústica, sirven para incidir en la verdad de que el pueblo soviético está cabalmente, plenamente identificado con su Gobierno y con la ideología que éste representa., así como con la orientación trazada para todas las Repúblicas integrantes de la Nación.

Esa patria nueva ha merecido como todo cuanto tiene que ver con el paso del hombre por la historia, elogios y rechazos. Yo relataré el caso de mi amigo y compatriota NN (por llamarle de alguna manera), quien obtuvo en Bogotá una beca para cursar estudios de ingeniería en Moscú. Procedente de una familia conservadora, el grupo familiar lo lloró y echó la bendición cuando éste hubo de partir rumbos a lejanas y desconocidas tierras. Trece años permaneció mi amigo fuera de su patria. Hoy es todo un ingeniero hidráulico. Habla bellezas de este país y de su gente. Y lo que es una prueba máxima de aprecio a dicho pueblo, pidió permiso al Gobierno del Soviet para contraer matrimonio con una joven moscovita , con la que tuvo relaciones cuando estudiaba.

Jorge Eliécer Gaitán, en una conferencia pronunciada en el Teatro Municipal de Bogotá, dentro del ciclo denominado “La Victoria y Nosotros”, luego de analizar y comparar la Constitución de la URSS con la de varios países del orbe, expresó: “Hace veinte años el Mariscal Timoshenko era un simple campesino. ¿Qué clase de nación es esta; con qué tipo de organización social cuenta; qué régimen alienta; qué mística lo inspira, como para que un simple campesino pueda llegar a ser Mariscal de una Nación que aplasta al invasor y entra luego victoriosa en su propia guarida”?.

Ahora la URSS, que sabe lo que significa lo que es el horror de la guerra, habla de paz, de distensión y de entendimiento universal. No se trata, pues, de la púnica FIDES de la que hablaban los romanos para referirse a la actitud de Cartago, cuando las guerras púnicas. Existen razones de fundamento para aceptar la buena fe de esta nación tan calumniada y vilipendiada, en cuanto a política internacional se refiere. Nosotros también formamos en el grupo este. No compartimos las bravuconadas de Reagan, más teatrales que otra cosa, y que de continuar tal como vienen, pueden ocasionar un serio dolor de cabeza al orbe entero.-

Comentario de Alfredo Schmilinsky Ochoa

Bueno, increíble, después de los enormes éxitos alcanzados por La unión Soviética bajo la certera y acertada conducción del camarada Stalin, que la llevó a aventajar a los Estados Unidos, incluso en la carrera por la conquista del cosmo y en muchísimos otros campos más, y ello después de haber sufrido los estragos de dos devastadoras y desoladoras guerra mundiales y tener que enfrentar férreos cercos económico y agresiones internas y externas de todo tipo, todavía los trotskista no cesan en su empeño por atacar a los máximos líderes de esa revolución, es decir, a Lenin y al camarada Stalin. Qué fuerte es el odio y el desprecio por la verdad histórica. Porque eso fue lo que hizo Trostki. Este personaje siniestro, actuando como lo hace la oposición venezolana frente al gobierno de Chávez, que cuestiona todo lo que hace y dice el Presidente, no se dedicó a otra cosa que a sabotear y obstruir la acción del gobierno destinada a superar aquella apocalíptica y espantosa situación. Pero eso no es todo, porque ahora a las inconsolables viuda de del trotsquismo se han sumado unos pseudo izquierdistas que, sin saber nada de nada y, por supuesto, para estar a la moda, no han encontrado otra manera de llamar la atención y halagar a los enemigos del pueblo que atacar a Stalin.

Cuando se inició la Revolución Rusa, un diario norteamericano envió un periodista para que cubriera los acontecimientos que se habían desatado en aquella extensa nación euroasiática. Y fueron tan impactantes y conmovedores los hechos que presenció el corresponsal, fue tan heroica y abnegada la lucha de un pueblo y de sus líderes -con el inigualable Lenin a la cabeza-, por librase de la indignante tiranía zarista y por construir una nueva sociedad basada en la justicia social y el progreso, que no sólo se hizo marxista, sino que, además, cuando llegó de nuevo a su país, fundó el Partido Comunista de los Estados Unidos. Ese periodista se llamaba Jhon Reed, autor de la obra “Los diez día que conmovieron al mundo”, en el cual recoge sus experiencias vividas durante la Revolución de Octubre.

Pero todavía hay más, porque Isadora Duncan, ´célebre bailarina norteamericana y esposa del industrial de apellido Singer, fabricante de las famosas máquinas de coser, estando en la cúspide de su carrera, decidió, ignorando la prohibición de su esposo, viajar a la recién fundada república socialista y ofrecer allí varios recitales danzísticos. Viajó por varias ciudades soviéticas, y no pudiendo resistir el encanto de aquella revolución, fue víctima, por así decirlo, del mismo hechizo que cautivó a su compatriota Jhon Reed y abrazó la doctrina comunista.

Al llegar de regreso a su país, no sólo tuvo que afrontar la demanda de divorcio incoada por su reaccionario esposo, sino también las agresiones de las turbas fascistas que la llenaban de improperios y hasta de agresiones físicas. Lamentablemente, esta valiente camarada tuvo un final absurdo e inmerecido. Viajando en su automóvil, uno de los extremos de una especie de bufanda de seda muy larga que usaba alrededor de su hermoso cuello, se enredó en una de las ruedas trasera del vehículo y se ahorcó. Viva Isadora Duncan, viva Lenin, viva Stalin. Abajo los troskistas, quienes, con un lenguaje seudo-revolucinario pretendían castrar, junto con el traidor Kerensky, la gloriosa revolución de

Octubre.

Pregunta ingenua: ¿era absolutamente necesario transmitir por televisión ese Consejo de Ministro, donde no sólo se expusieron al escarnio público los ministros del gabinete, sino que también se puso ferozmente en duda la capacidad del propio gobierno para hacerle frente a los complejos problemas del país.? ¿No podía originar esto desconfianza y dudas acerca de la idoneidad del actual equipo gobernante? Ahí queda eso.

alfredoschmilinsky@gmail,com
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