Ineficiencia y seguimiento
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El pasado sábado 20 de octubre viendo al Presidente de la República reunido con su consejo de ministros, los venezolanos fuimos testigos de una didáctica, magistral autocrítica a la gestión ejecutiva de gobierno resaltando la ineficiencia que ha caracterizado a la mayoría de los ministerios en su accionar en el tiempo y la necesidad inmediata del seguimiento por parte de la vicepresidencia a las directrices emanadas de la presidencia, recalcando al Vicepresidente que se trataba de una orden y que se debían tomar los correctivos necesarios de inmediato como fórmula imprescindible de obtención de los necesarios logros revolucionarios.

Es notorio que la calidad del liderazgo que encarna la personalidad de Hugo Rafael Chávez Frías es de una estatura inconmensurable que significa en sí un salto cualitativo en la política ancestral venezolana y que para sus seguidores más inmediatos en la conducción de los lineamientos que de él emanan sean de difícil ejecución por su falta de identificación plena con el proceso revolucionario Bolivariano y su inserción en el mundo capitalista que aún persiste en nuestro País. Cuando el Comandante Presidente practica el ejercicio de la crítica y la autocrítica para hacer aflorar la ineficiencia de su gobierno, reconoce su responsabilidad en ello adjudicándose la falta de seguimiento en las diferentes ejecutorias ordenadas por él.

La crítica y la autocrítica son las prácticas más eficientes para la revisión de cualquier fase intermedia del desarrollo de un proceso y la comprensión de los resultados obtenidos al momento de su aplicación, por ello si no se practica se puede caer en la tentación de confundir resultados exitosos con fallidos. El Presidente en pasadas circunstancias ha intentado sin éxito la aplicación de la autocrítica cuando lanzó su política de las 3R (revisión, rectificación y reimpulso) y después las elevó al cuadrado; pero si la primera vez nos estaba llamando a que utilizáramos cada uno las 3R en lo personal y no lo hicimos, mal podríamos potenciar esa práctica.

No se trata de que el Presidente y el Poder Ejecutivo hayan gobernado mal. Tampoco se trata de que el Presidente esté culpando a sus ministros de las fallas en el gobierno. Se trata de que el Presidente pese a los avances del gobierno en el corto plazo de tiempo histórico matizado de  circunstancias adversas obstruccionistas, no logra cohesionar como un todo a un equipo de gobierno que no alcanza la velocidad requerida con la calidad necesaria, que no es otra cosa que la eficiencia  requerida, porque la inercia del sistema capitalista en que estamos inmerso nos nubla la imaginación y creatividad para construir el modelo socialista o sea que seguimos concibiendo los cambios desde la óptica del capital.

Y antes del rasgamiento de vestiduras y ataques a nuestros camaradas, es el momento de que nuevamente hagamos una introspección a lo más profundo de nuestra conciencia y asumamos la cuota de culpa de cada uno de nosotros por las cosas hechas y las dejadas de hacer y  por la debilidad de no haber asumido plenamente nuestro puesto de acción en el poder popular, convirtiéndonos en contralores, inspectores y fiscales de todas las estructuras de las instituciones de la revolución.

Para concluir creemos que ha llegado el momento de la interacción entre todas las instituciones nacionales, regionales, municipales y COMUNALES (donde realmente reside el poder popular). Al servicio de todas estas instituciones debe estar el PARTIDO cuya estructura es manejada  hasta ahora verticalmente y no se diferencia de los tradicionales partidos stalinistas.

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