Miami en las narices de Chávez
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En estos días, como desde hace cincuenta años, la chusma de Miami -incluyendo agoreros, futurólogos y “analistas” de la realidad de Cuba- alborotó el manicomio batistiano, anunciando la muerte de Fidel Castro.

Basta escuchar la mal llamada Radio Martí o revisar El Nuevo Herald para percibir la cobarde y miserable actitud de esa horda frustrada y resentida; han vivido así por más de diez décadas. Son ellos quienes están muertos. El Comandante hace ya muchos años que transcendió a su tiempo. Y la Revolución Cubana es una obra social que ha influido para bien en la historia y la vida de muchos pueblos del mundo.

Defender los derechos de los pobres y oprimidos, produce odio; tocar los intereses económicos de las oligarquías nativas genera venganza. Los proyectos políticos progresistas que se han desarrollado en algunos países de América Latina han desatado ensañamiento, deseo de venganza, planes desestabilizadores e intentos de asesinatos contra los dirigentes de izquierda. La cloaca en la que un grupo de batistianos convirtió la Calle Ocho de Miami es un buen ejemplo de esa gentuza; ese ha sido el destino de quienes siempre quisieron que Cuba fuera el prostíbulo de los Estados Unidos.

El pasado mes de setiembre Orlando Oramas y Jorge Legañoa en calidad de compiladores, publicaron el libro Cuentos del Arañero Hugo Chávez Frías. El Capítulo 8 -último del libro-, hace referencias a varios episodios que le ha tocado vivir a Hugo Chávez con Fidel Castro. Escojo un par de ellos para ilustrar las luchas libradas por estos dirigentes.

El primer relato indica bien la visión que tiene el estratega mayor de la izquierda internacional, cuya triunfo revolucionario en 1959 se debió entre otras razones a la unidad del pueblo y las fuerzas combativas. Chávez relata lo siguiente: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. A Fidel lo que es de Fidel. Él me dijo cuando nos despedíamos, después de siete horas, el abrazo y la mirada de águila, parece un águila, y la nariz tú sabes. Y las dos manos aquí en los hombros míos, y así la mirada, tú sabes: “Chávez, allá está la batalla, ya yo cumplí lo que tenía que hacer. Te queda largo camino por delante, anda a la batalla, une a tu pueblo, que no te lo dividan más, que no te lo confundan más, une a los que están por ahí peleando” (p.222).

La reciente campaña electoral por la presidencia en Venezuela mostró que la derecha en su afán de derrotar a Chávez tuvo la capacidad no solamente de ‘unirse’, sino de atacar al chavismo, intentando dividirlo (cosa que no lo logró). Mientras que así actúa la derecha cavernícola no solo en Venezuela, sino también en Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Argentina, los partidos de izquierda se enfrentan entre ellos, enarbolando cada uno sus banderas y consignas, y se dividen como si fueran grupos religiosos, para dejarles al final la mesa servida a los dominadores de siempre.

En el segundo relato, Chávez narra cómo el Patriarca Revolucionario le indica dónde está el enemigo. Este señalamiento ayuda a entender la pelea que debe dar Hugo Chávez acuerpado por el pueblo unido, en la patria de Bolívar. Dice: “Chávez, la guerra tuya es muy distinta a la mía. Aquí mis enemigos más acérrimos se fueron, están en Miami. Allá tú los tienes en tus narices. Tú Miami está allá Chávez”. “Hace rato —me dice— que yo puse distancia con el enemigo, tengo una distancia. Tú no, tú lo tienes ahí al lado, convives”. “Durmiendo con el enemigo”, dice una película por ahí, ¿verdad? “Está ahí, entonces es una guerra muy distinta”. (p.224)

Decirle a Chávez que allá tiene su Miami, es advertirle que tiene cerca a los enemigos de los grandes cambios sociales y económicos en Venezuela; que los sueños bolivarianos por una nación soberana e independiente son una pesadilla para la oligarquía venezolana; que aspirar a construir una sociedad más humana, justa y equitativa es estar dispuesto a transformar radicalmente el sistema.

Salta a la vista lo que significa Miami para el Comandante; él los derrotó, y por eso huyeron. La mayoría de los batistianos se establecieron en el sureste de la Florida, y desde ahí no han cesado con el apoyo de los distintos gobiernos de los Estados Unidos y de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), en realizar todo tipo de planes para desestabilizar a la Revolución Cubana.

En Caracas existe una nueva cloaca miamense conformada por esa derecha fascista, y el pueblo bolivariano está llamado a extinguirla.

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