El reto movimiental, la rebelión post electoral
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Ganó Hugo Chávez las elecciones, sin duda un triunfo del pueblo garantizado a última hora en que el chavismo se manifestó desde las bases reales que lo constituyen como movimiento popular, es decir, rompiendo con toda la lógica aparatera  y electorera que había dirigido la campaña y que puso las cosas a punto de perderlas. Voto clasista, entusiasta, reivindicativo de lo que realmente importa: la continuidad de una gran esperanza condensada en el significante de la revolución socialista. La derecha despojada de topo ímpetu masivo y fortaleza interna se rinde y acepta. Sin embargo, pocos días después rebota de nuevo la franquicia burocrática y a través del dedo presidencial reafirma su dominio e impone candidaturas regionales muchas de ellas sencillamente detestadas por la mayoría, otras decretadas y exportadas en vuelo directo Miraflores-estados sin otra mediación que no sea el reciclaje del cónclave partido-gobierno. Agresión a la democracia de la calle que ha supuesto en algunos sitios como Bolívar y Amazonas el quiebre de la unidad movimiental y partidaria del chavismo apareciendo candidaturas con fuerza venidas de la base real del mismo, mientras en otros estado las bases se confrontan a los comandos del candidato aceptado a regañadientes. Y como es natural toda esta historia al interiorizarse dentro del libre debate que la circunstancia induce en infinidad de colectivos organizados, crea un doble efecto: la reafirmación del triunfador y al mismo tiempo la indignación del marginado nuevamente que empieza a decir ¡BASTA!. Muchos cometen un gran error al ubicar la raíz del problema en la simple designación de candidatos a gobernador (toda lógica representativa de la política y mucho más en un proceso como el nuestro, tarde o temprano va muriendo allí, en el aplastamiento de todas las formas deseadas de democracia directa y y la decisión garantizada desde la razón de todos), pero aciertan al utilizar el hecho puntual como una frontera entre el antes y un eventual después, entre el reino de un esquema líder-masas que sin darse cuenta -¿o sí?- abre las vías a una república corporativa y burocrática  y la verdadera revolución social. Lo que simbólicamente llamaríamos el fin de Diosdao y el brote de Anita la madre de Alexander asesinado en Perijá. Unos lo gritan otros permanecen callados no necesariamente por miedo, corrupción u oportunismo sino por lazos de silencio obligado con el Estado (fundamentalmente en el campo de la producción),  pero conscientes de lo inevitable de esta rebelión en proceso.

De allí en adelante, con el límite en puertas, entramos en un nuevo tiempo. Toma sentido y verdad toda esta distancia crítica y en algunos casos confrontativa con el Estado que innumerables colectivos hemos asumido construyendo otra política  y hasta la práctica de una república autogobernante, pero al mismo tiempo se restablece de nuevo, después de 14 años de triunfalismo aclamado en la lucha directa contra el fascismo y luego mediáticamente, el debate en pleno sobre el problema del poder y las estrategias respectivas. Obviamente un reto de organización y movimiento pero con un sentido de poder muy distinto al discutido en los noventa y logrado en el año 98. No se trata para nada de anotarnos la presidencia y demás cargos, la cual metafóricamente ya es nuestra desde entonces en la figura de presidente Chávez, de lo que se trata es de garantizar la insurgencia definitiva del ejercicio autogobernante del pueblo sobre todo el país (espacios y territorios) que podamos (con el gusto o no del comandante) mientras en el continente y el mundo tarden el resto de los pueblos en debilitar a muerte el sistema capitalista global. Un bravo y doble reto, por un lado para el poder popular en sí  reafirmando su absoluta autonomía hoy acribillada por la logia burocrática y un reto de organización y lucha superior para una vanguardia colectiva hoy diluida y localizada que ha de tomar forma de un movimiento mucho más orgánico y articulado nacionalmente. En nuestra consideración sin algo que al menos se parezca a esto será mucha la rabia pero Anita definitivamente no brotará.

El contexto en que esto se da no es nada fácil. Si Venezuela es un país que efectivamente el año 2004 está exportando 4 millones de barriles diarios de petróleo y va en subida, todos los pulpos del mundo incluidos los nacionales van a intentar comerse esta tierra nuestra  supone entonces una permanente perspectiva de acorralamiento y chantaje de guerra. Luego, tomemos en cuenta que nos situamos en un continente económicamente ascendente dentro del orden global que presiona a través de mecanismos como el Mercosur y demás ejes de integración continental meramente capitalistas por acabar todo radicalismo y horizontes revolucionarios vigentes: es la presión conservadora de los hermanos:  Y por otro lado el termidor interno, el fin de la revolución justificado desde el propio gobierno revolucionario tomando como excusa las presiones de contexto y el plan de desarrollo-Venezuela potencia, es algo que ya se respira y prepara sus argumentos, políticas y personajes (el fin de la revolución agraria esta cerca según el redesignado ministro Loyo) como era lógico esperar, teniendo a toda la población opositora más los propios componentes reaccionarios del chavismo como marco de apoyo (es decir la mayoría cuantitativa y pasiva): lógica termidoriana que se inserta en todo proceso revolucionario . Bien podemos decir por tanto que aquí hay lucha de clases pa rato  y fundamentalmente otra política por fabricar urgentemente y desde la razón de todos, sosteniéndonos en la mayoría cualitativa y activa que suma en estos momentos el pueblo en lucha.

Pero además del contexto y sobretodo obligados estamos a superar situaciones que bloquean el reto movimiental. Entre otras:

 

  1. La nube hipnótica que ha generado la batería mediática oficial creando las bases de un movimiento popular en permanente silencio o autocensura, lo que disuelve nuestra palabra y la mimetiza con la propagandística del sistema público quebrando su propia libertad, su verdad y su razón de lucha.
  2. La letargia localista que ha absorbido a muchos movimientos, condenándose al desarrollo de una presencia local sin articulación alguna con ninguna totalidad horizontal, lo que impide cualquier mediación orgánica entre la acción local y la visión global que tanto reivindicamos sin entender sus nocivas consecuencias. Esto ha facilitado enormemente su atrapamiento dentro de las líneas burocráticas de conducción vertical institucional (movimiento popular administrado), la apropiación de su producción política (explotación de la plusvalía política del colectivo), facilitando en último término todas las formas de corrupción del mismo movimiento popular que conocemos, condenándose a existir en una eterna táctica de sobrevivencia que embasura sus principios y lo despolitiza quedándose como suplemento de los aparatos desmovilizantes del partido-gobierno.
  3. La autonomía negociada cuyos efectos le han costado la propia autonomía del movimiento revolucionario del pueblo. Un lenguaje del poder popular absorbido por el Estado supone en este caso la aceptación por parte de las organizaciones de base de su serialización, es decir, series homogéneas dirigidas institucionalmente -por ejemplo de consejos comunales preferiblemente y mucho mas manejables, o de organizaciones obreras, indígenas y campesinas- que son delimitadas territorialmente, impedida su confederación propia y horizontal, sus manifestaciones como verdadero poder popular distinto, al menos equivalente y ante todo contrario a la lógica del Estado capitalista. Todo ello se inscribe en una negociación tácita y reproducida por los propios colectivos aunque muchos de ellos enarbolen discursos contrarios.

En definitiva empezó sin vuelta atrás la rebelión antiburocrática esperada. La unidad garantizada por un cónclave de señores y señoras que dan ruedas de prensa para sí mismos, callando y hasta denigrando de la situación del pueblo real, está llegando a sus límites posibles. ¿Y entonces qué?. Sólo la acción significativa general desde una razón de lucha común que nos es otra a estas alturas que enfrentar de lleno el problema del poder y al pulverización del Estado burgués como dice el propio programa presentado por el presidente, puede garantizar el salto. El Poder Popular autonomizado y la Vanguardia Colectiva articulada son dos grandes sujetos políticos que en ámbitos de debate y organización distintos y complementarios han de abordar la situación. No adelantemos profecías mucho menos concedernos la arrogancia de decir cuál es el deber-ser de nuestro renacimiento... la reelección viene siendo en efecto la única puerta a una nueva rebelión, y eso esta garantizado y comprobado. Pero los propios límites y el campo abonado de esta historia tenemos que reconocerlos muy bien para saber responder al inmenso, duro y bellísimo reto que tenemos por delante. 

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