¡Basta de instigar a que nos matemos unos a otros!
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Ya es hora de que se tomen acciones en contra del sistemático ataque sicológico que sufre buena parte de la población venezolana que se opone al gobierno del Presidente Chávez.

Luego del triunfo electoral del Presidente Chávez, se desató de inmediato por las redes sociales, una andanada de insultos de toda índole en contra de los que votaron a favor del candidato reelecto . Muchos de los agresores, luego de insultar a su interlocutor chavista, los eliminaron de su lista de contactos telefónicos o de su correo electrónico, Facebook, etc. Pero las cosas no quedaron allí, un señor en el Zulia, que había apostado a favor de Capriles Radonsky, asesinó a tiros a los acreedores de esa apuesta y luego acabó con la vida de cinco personas más que celebraban el triunfo del Comandante Chávez, atropellándolos con su vehículo y dándose a la fuga. Y ni hablar de los incontables casos de personas que tuvieron que buscar ayuda sicológica luego de la derrota opositora. En lo particular conozco dos casos de amigos que tuvieron que ser internados en un manicomio con crisis esquizoides. Estas reacciones de muchas personas que adversan al Gobierno actual, no son el producto de una normal frustración generada por la derrota electoral; la derrota electoral fue sólo el detonante para que estallara todo el combustible que se les ha ido introduciendo en sus mentes, de manera consciente y sistemática, por quienes desde los medios de comunicación, dirigen a la oposición venezolana.

Por nombrar sólo algunos de los medios que ejercen permanentemente la guerra sicológica; podemos reconocer con facilidad a Globovisión, RCTV, periódicos como El Universal, El Nacional y emisoras radiales como 90.3, Circuito Actualidad.

La inoculación de odio y fanatismo que estos medios incorporan a la mente del pueblo opositor, utilizando para ello, de manera descarada, los métodos que utilizara el Ministro de Propaganda Nazi: Joseph Goebbels para crear y mantener en Alemania, el odio contra el Pueblo Judío; sólo persigue mantener divididos a los venezolanos, culpando de ello al Presidente Chávez y así mantener cautiva una porción de la población que eleve el rating de Globovisión o que escuche permanentemente 90.3, o lea los periódicos opositores y de esta forma, esos medios consiguen patrocinantes que les elevan sustancialmente sus ganancias económicas. Al final, a eso se reduce la guerra mediática, a un asunto de dinero; y para obtenerlo no les importa enfermar a sus usuarios o consumidores. Estas técnicas fueron utilizadas recientemente, por unos medios de comunicación en Ruanda para enfrentar, como en efecto ocurrió a dos grupos étnicos de ese país (Tutsis y Hutus), ocurriendo más de ochocientas mil muertes debido al enfrentamiento. La Corte Penal Internacional enjuició a los propietarios de esos medios.

Una de las características que distingue la forma como se aplica en la actualidad la guerra sicológica de los medios, es la sutileza con que invaden la mente de las personas a través de distintas técnicas bien estudiadas.

Endilgarle la culpa de esa violencia al Presidente Chávez, es parte del método estratégico de envenenamiento. Ellos saben que Chávez es pieza clave en el desarrollo de las políticas de este Gobierno y distorsionar su imagen es vital para sacarlo del juego democrático. Los dueños de los medios opositores se han cuidado de convencer al pueblo opositor de que los medios del Estado mienten permanentemente. De esta forma neutralizan la posibilidad de que la gente vea, escuche o lea al presidente Chávez, por otros medios que no sean los opositores, y ahí ellos ponen al máximo su habilidad para distorsionar la imagen presidencial y del resto de las instituciones democráticas.

¿Tenemos que llegar al fratricidio para detener a estos medios? ¿Es que acaso no es una muestra palmaria las reacciones que hemos visto de buena parte de compatriotas opositores; que han llegado al homicidio?

Definitivamente hay que hacer algo. La mal entendida Libertad de Expresión no puede seguir siendo el refugio de empresarios inescrupulosos que son capaces de envenenar de manera sutil la mente de mucha gente, sin importarles las consecuencias de ello, con tal y satisfacer sus intereses mezquinos.


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