Chávez y Aristóbulo, del simio al mono ¿Cómo no fracasar?
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            -¿Por qué el candidato de AD, no dice cuál es su segundo apellido?

            Esa mal intencionada expresión, la pronunció el periodista, siempre adulantón él, tanto que de eso hizo su forma de vida, Oscar Yánez, en un programa de televisión, refiriéndose a Jaime Lusinchi.

            Un personaje siempre vinculado en aquellos tiempos a Copei o al socialcristianismo, quiso con mal gusto y desprecio profundo por los humildes de la tierra, poner de relieve que el candidato adeco al cual adversaba, era lo que coloquialmente llamamos hijo natural. Por eso, y el bien lo sabía, de allí su asquerosa argucia, intentó de manera nada inteligente por demás, descalificar al adeco.

           Al escuchar aquello, comenté a quienes estaban a mi lado:

           -Con ese comentario estúpido, que repite de bar en bar, restaurante en restaurante, hábitat del mal hablado, con su mascota grande y otras historias insípidas, Oscar Yánez, le ha subido los puntos a Lusinchi.

 Por supuesto, no por eso, Caldera perdió las elecciones y para aumentar los males de Venezuela, Lusinchi las ganó y lo que Piñerùa llamó el barraganismo, se impuso como forma de gobierno. Aunque es bueno recordar que Caldera, si mal gobernó en su primer período, en su segundo, aquel del chiripero, cuando engañó con la Agenda Venezuela, la llamada a Teodoro a Cordiplàn y en definitiva la adopción de las recetas del FMI, lo hizo peor aún.

         Pero, haber dicho aquella frase, aparte de un insulto e irrespeto miserable a un individuo, Oscar Yànez contribuyó en alguna medida a que Caldera perdiese. Porque en política, las expresiones de odio, de rechazo social y racismo, por lo menos en Venezuela, no producen buenos resultados a quienes ellas incorporan a su discurso o propaganda política. La oposición venezolana ya debería haber aprendido esa lección.

         Después de conocerse los resultados electorales del 7-0, habiendo ganado Chávez con la abrumadora ventaja de 12 por ciento, un diputado chileno, muy vinculado al gobierno y al pinochetismo, dijo con odio y vulgaridad, volvió a ganar el simio. No aprendió nada, porque la soberbìa y los complejos les enceguecen. En el chileno, aquella expresión fue de rechazo, odio y racismo, dirigida al mulato presidente.

         Como cosa curiosa, vale recordar que en Suramérica se aplicó desde unos cuantos años atrás, la palabra gorila, para referirse a los dictadores militares, justamente como Augusto Pinochet a quien ese diputado apoyó y representa.

         La derecha, la de aquí adentro y la de fuera, de distintas latitudes, no se cansa de aplicar epítetos racistas contra nuestro presidente; los cuales por cierto, uno no entiende por qué no le  utilizan contra el presidente Obama. ¿A menos que sea por aquello del Tío Tom, el negro bueno que acepta con humildad el desprecio de los blancos y hasta se muestra servil? Para desgracia de ellos, Chàvez encarna la rebeldía contra la opresión y el racismo.

       ¿Si esas expresiones racistas no producen buenos resultados políticos en Venezuela, por què insisten en ellas? ¿O en todo caso, es saludable poner de relieve ese tipo de sentimiento mezquino y ruin? ¿Le favorece a alguien que aspira ganar unas elecciones mostrarse como partidario de esas ideas canallas y miserables? ¿Cuántos están dispuestos a enrolarse en un movimiento que enarbole esas ideas? ¿Han perdido la perspectiva en cuanto a la composición social y étnica del venezolano? ¿El odio enceguece y envilece tanto?

            He leído a algunos personajes que usaron ese tipo de argumento intentando deslastrarse de aquella mezquindad, pe   queñez y horrenda cosa. Están como horrorizados de haber contribuido a desatar aquella bestia. Pero pese sus pequeños esfuerzos, ¡vaya usted a saber sin son sinceros o simplemente oportunistas!, ella anda desbocada y haciendo más daño a quienes creen ayudar.

            El simio está en Miraflores. Sus enemigos no pudieron impedir que les ganase con una diferencia abismal. Ganó porque es el pueblo y por demás talentoso. Pero la bestia pestilente que se energiza con el odio, no lo quiere entender y lo afronta como si fuese en verdad la imagen que de él se ha formado.

          Ahora en Anzoátegui, en la carrera por la gobernación, la deformada percepción que les produce el odio, enfrentará a Aristóbulo con dos perlas. Una, no la primera o la segunda, sólo una de ellas, que no es de aquí, sino nacido en Curiepe, pueblo que no nos queda muy lejos. Asunto que por razones de espacio, trataremos en próximo trabajo. La segunda que es un negro. Aristóbulo, al parecer prefiere llamarse afro descendiente; para quien esto escribe es simplemente un talentoso, tenaz y consecuente compañero al servicio de las causas màs justas y hermosas.

          Su adversario, que no es ario, tendrá que enfrentarlo no restregando su piel, o confrontando su color, a la del viejo maestro, luchador gremial, docente de larga trayectoria que arrancó del aula primaria hasta la universidad y llegó a ser excelente Ministro de Educación. ¡No! Tendrá que combatirlo en el campo de las ideas, confrontarlo en el debate político, teórico, en el manejo de la información; en un espacio y circunstancias donde se prueba el valor de los hombres.

        Si no es capaz de elevarse al nivel de Aristóbulo, como sabemos no podrà, perderá aunque gaste su arsenal de odio y racismo. En ese instante el candidato de AD y Primero Justicia, sabrá lo qué vale el negro.

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