Socialismo ágil, el reto de la revolución
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Previa de las elecciones

Son muchas las impresiones que las recién realizadas elecciones presidenciales venezolanas me han dejado, como paso una buena parte del día, todos los días, conectado a Internet, la invasión de las elecciones en las llamadas "redes sociales" me ha dejado un sabor bastante amargo, muchos insultos y odio, resentimiento, personas envalentonadas detrás de un monitor y un teclado diciendo una incoherencia tras otra. Mucha gente buscando, casi con desespero, gozar de sus 15 minutos de fama tratando de decir lo que se suponen que otros quieren escuchar. Constatar tristemente como la escalada de agresiones verbales de todo tipo iba in crescendo y deseando que llegaran las elecciones lo más pronto posible.

Desde mi subjetivo y parcial punto de vista, no puede ser de otro modo, los matices de odio de la derecha son más profundos y corrosivos, están sustentados en intereses y prejuicios más hondos y viscerales, y su influencia cuenta con muchos más recursos y alcance. Bastaría comparar los presupuestos y la presencia internacional del Sistema Nacional de Medios Públicos con el de una cadena como la CNN o el grupo Prisa, pero no voy a insistir en este punto. Sin embargo, ha sido muy decepcionante para mí encontrar que muchos que se dicen revolucionarios caen en el insulto fácil, la burla caústica, descalificaciones basadas en los mismos criterios de aquellos contra los que se supone que formamos una resistencia.

El referirse a Capriles como "Majunche" no fue nunca una buena estrategia, mucho peor aún transferir el calificativo de majunches a sus seguidores, había adjetivos más precisos y concretos para desenmascarar, si se quiere, lo que este candidato representaba. Por otra parte, insistir en el tema si Capriles era homosexual o no, es un rasgo más bien fascista, aunque mi opinión es que las reivindicaciones sociales de las clases populares tienen una prioridad muy superior, parte de nuestras luchas incluyen la libertad en relación a las preferencias sexuales, y no percatarse de esta enorme incoherencia habla bastante de la debilidad ideológica de nuestro proceso. El buen revolucionario ha de luchar con todas sus fuerzas contra las fuerzas opresoras pero es impulsado por grandes sentimientos de amor, como bien supo decir el Ché.

Momento de victoria

El momento de escuchar los resultados fue especialmente emotivo, compartía en ese momento con un grupo de amigos insuperable y todos estábamos muy contentos, se lanzaron cohetes, nos abrazámos. Fue una victoria que abre la puerta a muchas posibilidades, a muchas cosas por las que trabajo y en las que pienso día a día. En verdad es algo por lo que celebrar, que el presidente Chávez después de 14 años aún goce de estos niveles de popularidad es un hecho bastante inusual en el panorama mundial, y la continuación de distintos programas que favorecen a los sectores populares es algo que me llena de satisfacción, y por sobretodo, que se siga hablando de la construcción del socialismo en este país, es quizás lo más significativo.

Ahora bien, yo nunca dudé de la victoria, de hecho me sorprendió la escasa diferencia. Y no estaba bañado de triunfalismo, hice mis 5 horas de cola con bastante entusiasmo y hubiese estado 5 horas más de ser necesario. Si se revisan con detenimiento los índices de participación por centros de votación se puede constatar también que la participación en los sectores populares fue bastante alta. Si bien tiene un peso, me resulta muy odioso pensar en términos de "maquinarías electorales" ya que darle tanta importancia y dedicarle tantos recursos contradice los fundamentos de la democracia participativa y protagónica de nuestra revolución. Si las cosas se estuviesen haciendo según la prédica de nuestro presidente la diferencia sería mucho mayor, con seguridad se hubiesen sobrepasado los 10 millones de votos. Un gobierno revolucionario sólido y con la máquina aceitada apenas tendría necesidad de realizar una campaña para las elecciones, y es que los votos no se conquistan durante la campaña, se conquistan día a día...

Reflexión, desde un Chávez humano

Y aquí surge la reflexión necesaria e impostergable, en especial por la cercanía de las elecciones regionales, ¿porqué se ganó con un margen tan escaso?. Más aún sabiendo que en nuestro país no hay 6 millones y medio de personas que comulguen con los ideales de la derecha. Este es un punto importante, mucha gente, de hecho la mayoría, no ha votado por la oferta de Capriles, que muy probablemente desconozcan, han votado en contra de Chávez, porque se ha logrado con efectividad insertar la matriz de opinión según la cual el presidente Chávez es el culpable de cuanto problema haya en el país.

Mucha gente pretende rechazar la idea del mesianismo, pero por el otro lado acepta la imagen prefabricada de un Chávez omnipotente y omnipresente. Lo cual es muy curioso, porque los seguidores de Chávez apreciamos en buena medida sus rasgos humanos, admitimos sus errores, y acompañamos sus pesares. La idea que tenemos de Chávez es la del hombre que cantaba "que hay semerucos allá en el cerro y un canto hermoso para cantar", o la del hombre que aparece tomándose un guayoyo en una tacita de peltre en el medio de la lluvia.

Así, las reflexiones han empezado a aparecer, rápidamente, en particular de dos blogs que sigo con mucha atención: el artículo de "Un Grano de Maíz"  RECTIFICAR: MÁS SOCIALISMO (Martes 09-10-2012), y el de "El espacio de Lubrio" En 2018 nos superarán por 854.860 votos si no corregimos y avanzamos. Coincido plenamente con las premisas básicas, la clave está en la profundización del socialismo, cada vez que que se toma el camino del reformismo, de conceder espacio a sectores y las prácticas negados al proceso revolucionario, una y otra vez, se ha perdido fuerza, empuje, coherencia, en especial en términos morales.

El burocratismo, el mal de fondo

Aquí me quiero corregir de inmediato, la cuestión de fondo, como lo señalan en "Un grano de maíz" está en la esencia del Socialismo, en el amor. El problema es que tanto socialismo como amor son términos tan abusados que es impredecible lo que cada quién vaya interpretar. De modo que prefiero argumentar y proponer desde un plano concreto, conversando con @petrizzo llegamos a identificar al burocratismo como el origen tangible de la mayoría de los problemas que debilitan la profundización del socialismo.

Muchas personas insisten, por ejemplo, en la inseguridad, pero a la hora de plantear soluciones el panorama es incierto, con frecuencia se proponen cosas como llenar las calles de policías o dotarlos de mejor equipamiento, aunque esto es necesario hasta cierto punto, una medida descontrolada de este tipo nos pone en una situación puede desencadenar muchos problemas adicionales. La actividad policial requiere de recursos, de adiestramiento, de logística, de labores de inteligencia, de gestión administrativa. La calles repletas de policías con atribuciones especiales para poder enfrentarse a las bandas criminales requeriría una absoluta confianza en la polícia y sus procedimientos. Una acción policíaca a gran escala con seguridad ejercería más presión al sistema carcelario, que a su vez presionaría al poder judicial y los ya saturados tribunales, y el aumento de la acción policial con mucha probabilidad afectaría los derechos civiles. Habría entonces que confiar también ciegamente en el trabajo de los jueces, en los distintos juzgados, etc. El pez que se muerde la cola. Lubrio lo señala "la inseguridad es un problema que no tiene solución sencilla", y recuerdo la frase atribuida a Einstein (no se cómo le daba tiempo para soltar tantas frases) "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".

Es más que obvio que la mejora y depuración integrales del sistema policial y de las instituciones encargadas de la seguridad debe continuar con decisión. Pero su accionar se verá sistemáticamente mermado por las prácticas y la cultura arraigadas en las instituciones desde hace décadas, porque, ¿quiénes formarán a los que estén llegando si no son los que ya estaban?. Si esto lo generalizamos a todas las actividades de la administración pública, en caso de haber un Ministerio del PP para el Seguimiento, ¿quiénes les harán seguimiento al ministerio del seguimiento?. Tan sólo haría falta corromper este ministerio para que las cosas sigan como están. Es decir, la burocracia, en los términos en los que está definida actualmente está diseñada para servir a los poderes constituídos, a los que cuentan con poder económico, con el poder de la violencia, a los que cuentan con influencias y palancas, en otras palabras no está diseñada para servir al pueblo, al ciudadano de a pie. De modo que hay que rediseñar la burocracia antes de seguir reproduciéndola, ya que incluso con las mejores intenciones, sus resultados no son ni serán los esperados.

Burocracia Ágil para un Socialismo Ágil

En el mundo del desarrollo de software se viene hablando desde hace un buen tiempo de agilismo, esto es, de considerar la naturaleza especial, humana, del desarrollo de software, en particular reconocerla como un trabajo creativo/exploratorio y no tanto un trabajo mecánico en el que se pretende que la producción de software se puede modelar como una línea de producción industrial. Este agilismo no solamente genera recomendaciones a los procesos administrativos/gerenciales de los proyectos, pero también sugiere un marco de buenas prácticas para la propia programación, lo cual para los directivos, que casi nunca programan, era considerado un trabajo insignificante, baladí. Cualquier parecido con la importancia que le dan los funcionarios en cargos de libre remoción a los que en definitiva hacen el verdadero trabajo, es mera coincidencia.

Precisamente uno de los temas centrales del socialismo es la transformación de los sistemas, de las relaciones de poder, del rediseño de la sociedad, de manera tal que en lugar de tener que hacer un gran esfuerzo para alcanzar la equidad social, tal y cómo hay que hacerlo ahora, esta equidad sea una consecuencia inherente a la estructura y los procesos propios del sistema. No es casualidad que la primera frase del Manifiesto Ágil sea "Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas", es precisamente, difícil negarlo, una declaración en contra del burocratismo. Otro principio fundamental indica que "se debe considerar al cliente parte del equipo de desarrollo", lo cual, en el contexto de la administración pública, se traduce simple y sencillamente en Participación Protagónica y Contraloría Social.

Y es que, con el propósito de sacar provecho personal de privilegios, los funcionarios públicos han obstruido sistemáticamente la Contraloría Social, y es que hacen falta mecanismos formales que la sustenten. Algo como la Contraloría Social, y en general la lucha contra la Corrupción, no va a consolidarse a partir de actos de buena voluntad ni de fe ciega, sino tiene que ocurrir en el marco de procesos claramente establecidos. El proceso revolucionario ha intentado dar pasos determinantes en ese sentido y es buena parte de lo que se persigue con la recién aprobada Ley de Interoperabilidad, y algunas modificaciones que se han hecho a la Ley Orgánica de la Administración Pública.

La clave contra el burocratismo es la transparencia, pero no una transparencia basada en "oficinas de atención al ciudadano" en las que tienes que hacer una solicitud, a otro funcionario más, para poder tener acceso a la información. Se trata de publicar por los medios disponibles, léase Internet, toda la información de interés público debidamente sistematizada para que tanto el pueblo como las organizaciones del poder popular puedan acceder a esta de una forma expedita y según sus propios intereses. Las comunidades organizadas podrán entonces desarrollar mecanismos automatizados para el seguimiento de una forma más oportuna y pertinente de la que ningún ente gubernamental podría. Bajo este orden de ideas, es necesario ampliar progresivamente el espectro de la información que se considera de "interés público".

Los ciudadanos deberían poder rastrear, excepto en casos muy excepcionales, bajo los principio de datos abiertos, el recorrido de cada bolívar que recibe el Estado hasta que este es ejecutado, además los procesos deben ser abiertos, las ofertas recibidas en las licitaciones, los criterios utilizados y las evaluaciones de las mismas, los contratos finales deben ser públicos, y bajo este orden de ideas, cercar progresivamente la corrupción. Crear nuevas instituciones que persigan la corrupción no tiene sentido, porque ¿quién perseguirá la corrupción en las instituciones que persiguen la corrupción? ¿ellos mismos? Dado que la soberanía reside en el pueblo, no puede ser sino el pueblo debidamente habilitado legalmente y empoderado tecnológicamente el que puede dedicarse a la tarea del seguimiento.

No estoy diciendo nada nuevo, pero hay que contextualizarlo

El Ché en el año 1963 ofreció un histórico discurso titulado "contra el burocratismo" donde alertaba sobre este gran problema que amenazaba entonces, y aún lo continua haciendo, a la revolución cubana. Señalaba tres razones fundamentales del burocratismo: 1) falta de conciencia revolucionaria, 2) la falta de organización, y 3) la falta de conocimientos para la toma de decisiones. Y planteaba como remedios a) mejorar la organización, b) liquidar la falta de motivaciones internas, y c) promover la capacitación técnica. Sin embargo, esta receta la ofrecía el Ché desde la realidad cubana de entonces, en base a los medios a su disposición y desde sus propias convicciones. Venezuela no es un país de recursos escasos, cuenta con una infraestructura tecnológica importante, ya se han lanzado dos satélites, uno de comunicaciones y el otro de observación, para su uso particular, y existe un programa a través del cual se han donado más de un millón y medio de laptops basados en software libre a los niños de primaria.

El principal exterminador de la conciencia revolucionaria es el mito del éxito personal medido en términos de posesiones lujosas y privilegios, y es muy difícil trabajar en contra de esa idea si los propios funcionarios en los puestos más altos de la jerarquía no dan el ejemplo. Socialismo no consiste, por ejemplo, en carros lujosos, agresores ambientales por excelencia, consiste en sistemas de transporte público de calidad. Como lo dicen muy claramente los amigos de Un gran de Maíz: el mensaje debe descansar fundamentalmente en el espíritu, en el alma, en la pasión y en el sentimiento amoroso, no en las clases privilegiadas, no en la recompensa material que transforma al hombre en un mercenario fácil presa de promesas y ofrecimientos del capitalismo. Así, con mayor importancia mientras mas alto sea el rango de la funcionaria o el funcionario, debería ser usuario del transporte público, usuario del sistema de educación pública, usuario del sistema de salud pública. Es la única forma de garantizar que cada funcionaria y funcionario se conviertan en celosos custodios del bien público. Cada vez que un alto funcionario aparece en una lujosa camioneta, o haciendo uso de una clínica privada, o llevando a sus hijos en un colegio privado debe verse como una contradicción frontal contra los principios de la revolución, esta situación debería activar, en palabras del Ché: "las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo".

Mejorar las organizaciones, y la construcción de destrezas, individuales y colectivas, no puede verse sino desde la perspectiva de los procesos abiertos del conocimiento libre. Los cuestionamientos que plantea el documental La Educación Prohibida muestran con claridad las debilidades de la educación bancaria, en la que se supone que se "deposita" conocimiento a unos alumnos. Llevado al ámbito profesional, es exactamente lo que sucede cuando los entes gubernamentales creen saber de antemano lo que requieren de las personas con destrezas muy específicas (bajo el eufemismo de perfiles), y cuando esto sucede las personas devenidas en funcionarias y funcionarios no hacen sino reproducir los esquemas y procesos diseñados para la perpetuación del mismo sistema y mantener intactas sus relaciones de poder, incluso con la mejor de las intenciones. El funcionario público parece olvidar muy rápidamente que su deber no es con el cargo que le han asignado, sino con el pueblo, y muchas veces estos deberes caen en contradicción.

El gobierno debe abrirse, desplegarse, y ofrecer a todos y cada uno de los ciudadanos los recursos (información e infraestructura) y los procesos (marco legal y prácticas acordes) para que participen activamente en la formulación, ejecución y seguimiento de las políticas en todos los ámbitos. De hecho, el gobierno abierto es el único mecanismo desde el que considero factible salirle al paso al burocratismo, y en consecuencia a la corrupción, y en consecuencia a la inhibición sistemática del Estado para hacer frente a problemas como la inseguridad, la desigualdad, la injusticia, la especulación, etc. Insisto en que no se trata de depender de buenas intenciones y valores superiores, sino que las propias instituciones y sus procesos burocráticos han sido diseñados de modo que prevalezcan el individualismo, los privilegios, la explotación y la injusticia, y estas instituciones, deben replantearse mediante los principios de la participación, transparencia y colaboración. Se trata entonces de aplicar los principios de la ética hacker en el rediseño de la política y en consecuencia de la sociedad.

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