¿Pacto de Unidad después del 07 de Octubre?
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Respetando a quienes, luego de los comicios del 07 de Octubre, se pronunciaron señalando la necesidad de olvidar las disputas político-ideológicas, en aras construir un país en el que todos marchemos de la mano, me permito señalar algunas cosas necesarias para entender la imposibilidad de tan pueril intención. Los diarios, las redes sociales y la cháchara callejera, no han dejado de recoger escenas en las que los derrotados seguidores de la ultraderecha se pronuncian en contra de los “tierruos”, “ignorantes”, “asalariados”, “brutos” que decidieron reelegir, no sólo a Chávez, sino a un modelo que le quitó la tapa a la olla, para mostrar la inmensa brecha social y la clara lucha de clases existente en Venezuela. Lucha de clases; he ahí el problema de un imposible pacto con quienes continuarán pensando en la necesidad de extirpar el mal de las diferencias sociales, pero no eliminando las causas, sino a los afectados de los sectores populares. Una lucha de clases que históricamente nunca ha pactado, en tanto que los sectores “pudientes” se resisten a mezclarse con los olores y colores de los menos favorecidos, lo cual los ubicaría en un peldaño inferior al de su clase y posición social.

Pactar implica establecer acuerdos entre las partes, a fin lograr objetivos comunes. Y Común, en una de sus acepciones, significa compartir las mismas características. ¿Podríamos llamar “Común” a modelos tan desencontrados como el capitalismo y el socialismo? ¿Existe algún ejemplo histórico que demuestre la celebración de pactos entre ricos y pobres, excluidos y excluyentes, con el fin de establecer equidad social y eliminación de clases? No resultó un trivial parloteo el de Marx cuando sostuvo que “el motor de la historia es la lucha de clases”. Eso nos habla de un escenario que seguirá en pie, desdiciendo la sutilidad de considerar pactos y unidades con sectores de oposición decididos a desmontar cualquier intento de reivindicación de las clases sociales menos favorecidas. Sectores de oposición representados por poderosos grupos de poder económico, verbigracia, los medios de comunicación de orden mundial y nacional, así como la enajenada pequeña burguesía que se resiste a ser llamada “igual” a los de abajo.

La expresión “Ganó Venezuela” termina siendo, en la voz de los sectores que buscaron la salida del proyecto político de la revolución, un eufemismo con el que se ocultan dos cosas: la resistencia a reconocer la derrota y la verdadera cara política de un sector que apostó, apuesta y apostará a una forma de gobierno de orden piramidal, en la que los menos, ubicados en la punta, descansan sobre la mayoría, en tanto que gozan de estar siempre arriba. Bajo esas premisas, creer en la posibilidad de un pacto entre revolución y neoliberalismo, entre clases sociales acomodadas y las manos favorecidas, reafirmará lo dicho por Nietzsche: “La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo”. Ojo pelao, pues.

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