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¿Cómo se explican los seis millones y medio de votos de la derecha?

Al ver las cosas con las ventajas que nos da el hecho consumado, no nos queda más que concluir que la fuerza opositora siempre fue potencialmente mayor a la que derrotamos el año 2006, año que ha servido de base para algunos análisis numéricos.

La primera conclusión es de cajón. En 7-O por primera vez quizás en 30 años la oposición se presenta a una batalla electoral organizada y recompuesta, dirigida por un mando único (impuesto por el imperio pero mando único al fin), tutelada por un enemigo imperial cuyos “tanques pensantes” han tenido el tiempo suficiente para aprender de sus errores y estudiarnos como adversarios.

Dicho mando único fue impuesto por el imperio tras un mamotreto de elección primaria que buscó ante su base social la legitimación y legalización de la candidatura. El candidato: un triste pelele impuesto con el apoyo imperial, muy peligroso por su falta de escrúpulos éticos. La presión del imperio logró que la derecha tradicional claudicara y se le plegara humillada. Es el triste destino de los traidores a la Patria que lo primero que pierden es su dignidad. Por ello es altamente valorable los desprendimientos de dirigentes como Ojeda, De Lima y otros, pues en lo fundamental e independientemente de las divergencias, dichos dirigentes se comportan como dignos patriotas, lo cual es un valor que debemos aupar y reconocer.

A pesar de los errores y deficiencias de la revolución bolivariana, no es estrictamente exacto colocar el grueso de la votación de la derecha como resultado del llamado voto castigo ante gestiones calificadas de malas, tesis defendida por algunos de los elementos más lúcidos de la burguesía como Oscar Schemel, de la encuestadora Hinterlaces. El señor Schemel demostró ser un buen encuestador pero quizás no tan buen analista político. Si utilizara el materialismo dialéctico seguramente fuera chavista.

El 7-O la revolución obtiene el 55% de los votos con un casi 20% de abstención, versus el 63% de los votos con un 25% de abstención obtenidos en 2006, todas cifras redondeadas. Números tan tajantes nos inducen a pensar que estamos ante un retroceso importante. Que estamos ante una gestión gubernamental paralizada o haciendo aguas.

Pero resulta que nunca un gobierno hizo tanto por su pueblo como el gobierno de Chávez que se inicio el 2007, incluyendo las gestiones locales revolucionarias (ejemplo, el Zulia donde la Maracaibo de mayoría opositora está prácticamente rodeada por los municipios chavistas).

Nuestra tesis es que el masivo voto opositor tuvo su origen principalmente en la capacidad (y las facilidades) de la derecha de incentivar a votar por ellos a los sectores populares y medios bajos, que por años, directa e indirectamente, han estado bajo su influencia ideológica. Son sectores que no obstante haber sido beneficiados por las políticas gubernamentales, no hemos sido nosotros capaces de moverlos definitivamente de sus conservadores valores. En ocasiones algunos se han abstenido. El año 2006 un grueso sector de ellos votó por Chávez desertando temporalmente de las filas opositoras ante el estruendoso fracaso de ésta.

El fenómeno tiene su explicación si hacemos una lectura ya no producto del análisis frio de series estadísticas.

Para el año 2006, la derecha se presenta a batalla tras ser derrotada sucesivamente en el golpe de Estado, en el sabotaje petrolero, en el intento de asalto puchista paramilitar, en el referendo revocatorio, y posteriormente con la autoinfligida derrota parlamentaria del 2005. Como resultado lógico es finalmente destrozada en las presidenciales de 2006.

El 2006 fue el epílogo de la crisis de hegemonía que se inicia en 1989 y que se prolongó y agudizó producto de la gran torpeza con que la burguesía y el imperio manejaron la situación luego del triunfo bolivariano de 1998. El 63% de la votación que favorece a Chávez en el 2006 está signada por un adversario que presenta batalla políticamente debilitado, desorganizado y desmoralizado. Por ello –y sobre todo por lo que sucedió sólo un año más tarde con la reforma constitucional- no es descabellado pensar que en aquella oportunidad un importante sector de la población tradicionalmente influida por la derecha optara por votar por Chávez. Una especie de voto castigo pero a la inversa. Por otro lado, sería ilusorio pensar que todo voto chavista implica por si mismo que dicho voto se mantenga identificado plenamente con la ideología revolucionaria. Estamos atravesando un periodo de transición donde no es extraño observar flujos y reflujos, de un bando a otro, de cualquier sector social.

Ocurre que en las confrontaciones civiles cuando un ejército es derrotado muchos de sus soldados desertan engrosando las filas del enemigo. Durante la guerra de independencia (que en parte fue guerra civil) eso fue normal. Si tenemos que señalar una debilidad nuestra, ésta sería nuestra incapacidad de transformar ideológicamente a esta masa fluctuante. Esto supone un reto que implica numerosas variables. A veces los eventos se producen como parte de una dinámica social en la cual la influencia de las vanguardias puede ser mayor o menor. En la medida que controlemos más variables se reducirá la incertidumbre en la planificación estratégica.

El imperio conoce esta debilidad nuestra. Experiencia de siglos en el dominio de pueblos le ha enseñado no pocas cosas. La victoria opositora del referendo por la reforma (2007) ¡a un año de la gran victoria del 2006! confirma la fragilidad ideológica en amplias sectores populares y de las clases medias. De nuestra parte contribuyó, además de la pésima forma de hacer el planteamiento reformista, la selección del momento inadecuado para dar la batalla, seguramente influidos por el triunfalismo derivado del 2006.

El imperio no pierde tiempo. Reclama entonces un nuevo liderazgo opositor capaz de recapturar las mentes de un sector de la población por décadas bombardeada por su cultura e ideología. Sectores sociales que aún siendo expoliados por el capitalismo rentista y dependiente, integraron por décadas al bloque social hegemonizado por la burguesía, dominados más por el control ideológico que por la coacción. Recordemos también que la revolución bolivariana llega al gobierno montada en la institución burguesa del voto universal más que cabalgando un clásico movimiento de luchas sociales.

Para el imperio era necesario detener lo que estaba ocurriendo ante el descalabro de una incompetente dirigencia opositora: una masa antiguamente cautiva, empezaba a orientarse electoralmente hacia el bolivarianismo. La casta de burócratas de los partidos tradicionales AD-Copei y afines, se encuentra demasiado desprestigiada para la tarea. Su último intento por hegemonizar la alianza de clases dominantes fracasa estruendosamente el 2006. Punto final del quiebre de la hegemonía absoluta que esta casta mantuvo sobre el bloque social de derecha por casi sesenta años y que entró en crisis a partir de febrero de 1989, agudizándose en 1992 con las rebeliones militares.

El imperio da entonces su espaldarazo al sector de derecha más comprometido con el neoliberalismo y con la burguesía apátrida, incluso vinculada a ésta por vínculos de sangre. Nada mejor para ellos que el grupo de Primero Justicia y afines. Su lealtad al imperio había sido más que demostrada durante el golpe de Estado y acontecimientos subsecuentes. No obstante, su capacidad política a nivel de oficio no estaba completada. El imperio inicia una operación costosísima tendente a lavar la cara de este sector –desvinculándolo mediáticamente del viejo liderazgo-. Se compromete a fondo al análisis de escenarios (incluyendo al “fenómeno” Chávez), al diseño de estrategias de psicología de masas para activar los reflejos condicionados creados en décadas de penetración cultural-ideológica, considerados por ellos como “dormidos”.

La estrategia aprobada para el 2012 consiste en presentar un discurso capaz de enamorar a las masas populares con engañosas propuestas. La visita durante la campaña a sectores populares (poblados rurales, barrios populares y comunidades indígenas) busca restablecer viejos vínculos de dominación ideológica dentro de la base social menos politizada. Ello sobre la base de despertar la esperanza de resolución automática de problemas, de raíz estructural, o la magnificación de nuestras deficiencias, errores y omisiones (tema este último donde han contado con la colaboración del criticismo pequeño burgués dentro de nuestras filas, que una vez más se pone a la cola de la burguesía y del imperialismo). La base ideológica de esta campaña está en el cortoplacismo propio de la ideología burguesa –en nuestro caso exacerbada por el rentismo- que ellos suponen impera en la mentalidad de las clases populares. De allí que, el aparente voto castigo se fundamenta en realidad en la capacidad que dentro de un sistema genuinamente libre y democrático, de revolución legalista y pacífica, permite el despliegue casi sin límites de una fuerza política-mediática como extensión de una poderosa coalición internacional burguesa, aplicando inmensos recursos para la manipulación de masas. Esta situación no había sido explotada con tanta eficacia por la burguesía como ahora. Sólo fue la resistencia casi espontánea de las masas revolucionarias la que pacíficamente impidió en muchos sitios el libre movimiento de los propagandistas y agitadores de la burguesía. La acción de gobierno (misiones y grandes misiones, etc.) junto a un aparato propagandístico y comunicacional que ha mejorado mucho (pero aún no lo suficiente), más una extraordinaria campaña electoral del candidato de la Patria, dieron al traste, por ahora, con la estrategia burguesa-imperial.

De allí la importancia que para la revolución tiene en esta etapa que se abre priorizar en: 1. La formación de cuadros políticos integrales (organizadores y excelentes ideólogos y combatientes mediáticos); 2. Una audaz política de medios, en todos sus ámbitos y formatos, empezando por los medios comunitarios, más cercanos al poder popular (a éstos por lo menos le corresponde una de las micros-misiones ya anunciadas, sugerimos nosotros); 3. Trabajar el cómo atraer hacia el bando revolucionario las sectores populares y capas medias que no sólo se abstienen, sino que están votando a favor de la oposición (ello implica el diseño de políticas concretas que los incorpore a los beneficios materiales coadyuvando a la vez a su transformación ideológica). Todo ello apalancado en el poder popular como motor estratégico.

La victoria del chavismo el 7-O es una gran victoria. No solo porque se produce luego de un periodo de grandes dificultades demagógicamente explotadas por una oposición tutelada más de cerca por el imperio y toda una coalición internacional. Recordemos la caída de los precios petroleros que afectó drásticamente al PIB nacional (provocando parálisis o retardo de algunos de los proyectos de infraestructura banderas de la revolución); la tremenda sequía que casi paraliza al país y que afectó un servicio tan sensible para la producción y la calidad de vida como es el eléctrico; la audacia que representó construir un partido político (el PSUV) acción que lamentablemente fue marcada por el triunfalismo post-electoral del 2006. Fue evidente el error de convocar el referendo para la reforma constitucional en medio del proceso de construcción de dicho partido lo que probablemente costó la derrota en el referendo (2007). Errores políticos como el ultra-democratismo al seno del PSUV (negando toda cooptación) trajeron como consecuencia la captura por parte de la oposición de dos gobernaciones claves: Lara y Monagas. La deserción de un gobernador divide las fuerzas del chavismo en el estratégico Estado Carabobo permitiendo en el 2008 el retorno al gobierno regional del mafioso clan Salas. Estados estratégicos como Miranda, y la Alcaldía Mayor de Caracas, son recuperados por la oposición que ahora tiene acceso de nuevo a recursos importantes del Estado, además de los propios.

Para colmo, el Comandante Chávez cae gravemente enfermo lo cual lo restringe por un año de manera importante de sus funciones de liderazgo estratégico (pero a la vez pone de relieve la necesidad de formación de la generación de relevo).

Con todo ello, la revolución bolivariana demuestra una fuerza increíble que va más allá de los números electorales. Los seis años visados el 7-O con más del 55% del voto popular no representan un lapso cualquiera, ni un periodo cualquiera, ni un tiempo ”igual” en términos cualitativos a periodos constitucionales anteriores. Los próximos seis años representan un tiempo de cosecha acompañada a su vez de la siembra de una semilla mucho más robusta que germinará aun más pronto.

La revolución bolivariana ha transitado las etapas de acceso al gobierno y de defensa política para su elemental sobrevivencia (1999-2006), así como también la etapa de echar las bases del edificio de la Venezuela potencia-buena (2007-2012). Y ha logrado resistir y salir airosa a pesar del empeño burgués-imperial por derrocarla y a pesar de nuestros errores.

Es en el lapso que se abre cuando el pueblo venezolano se verá más impactado positivamente por la transformación social del país. Y sobre todo ese sector popular y medio que aún desconoce o no percibe las bondades materiales y espirituales del proceso y sigue atrapado ideológicamente por la derecha.

Esta transformación será y se está construyendo sobre una impresionante base material: viviendas; trenes, metros, metrocables y cabletrenes; puertos; agroindustrias e industrias de todo tipo; electrificación; soberanía alimentaria; desarrollo tecnológico y de las comunicaciones; masificación con calidad de la salud, la educación y demás servicios básicos; desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco y del eje Norte-Llanero; plan agresivo de mantenimiento de la infraestructura existente (asfaltado, puentes, distribución eléctrica, plantel hospitalario, potabilización de agua, sistemas de riego, etc.); inserción de las industrias básicas de Guayana en el desarrollo nacional; inserción plena en el Mercosur lo cual abre un espacio no sólo para el naciente sector económico socialista sino también para el sector productivo y no-parasitario de la burguesía venezolana. Y muchos más proyectos que darán viabilidad a las metas de desempleo cero y la reducción a un dígito de la inflación, acompañada de un impresionante salto en la calidad de vida del pueblo. De allí la importancia de las elecciones para gobernaciones y el gran ejemplo de conciencia que están demostrando los partidos de la revolución apoyando prácticamente todas las candidaturas. Habrá tiempo y oportunidad para dirimir las controversias entre camaradas.

Así que cualquier análisis que sólo se detenga en los números, por ejemplo resaltar los más de 6 millones y medio de votos obtenidos por la oposición versus los casi ocho millones doscientos mil nuestros, pecará de sesgado. Es necesario observar el contexto y el proceso como un todo.

La victoria de 2006 es cualitativamente distinta a la victoria de 2012. El enemigo a enfrentar en aquella oportunidad era un enemigo debilitado. El enemigo a enfrentar en 2012 fue un enemigo recompuesto y muy poderoso. Un enemigo internacional que ha tomado conciencia del peligro que para el poder unipolar del capitalismo occidental representa la revolución bolivariana y está accionando al respecto con mayor diligencia. Ambos bandos en lucha han aprendido.

La derrota burguesa del 7-O no sólo da una nueva oportunidad de avance profundo de la revolución bolivariana, sino que contribuye a aislar internacionalmente a la derecha yanqui y europea en su pretensión de bloquear económicamente a Venezuela, al estilo de Irán o de Cuba. La solvencia del sistema democrático venezolano ha superado su prueba más dura.

Los casi 8 millones doscientos mil votos chavistas representan en estas circunstancias una mayoritaria base social muy dura, que también salió a votar a sabiendas que el quedarse en casa representaba darle una oportunidad de victoria al nefasto pasado y el trunque de un futuro que ya se dibuja en el porvenir de la Patria.

En esta etapa debemos consolidar nuestra base social y arrancar definitivamente de la influencia burguesa a la masa de venezolanos y venezolanas de las clases medias y populares inoculados por el virus del individualismo, del egoísmo, de la pseudo-cultura del consumismo desmedido y de los anti-valores patrios.

INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA. VIVEREMOS Y VENCEREMOS.

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Nota: Se equivocan quienes esperaban una respuesta destemplada a los artículos que nos aluden en aporrea o que han enviado a nuestro correo (en son de “purificadores” de la Santa Inquisición). Seguiremos honrosamente desde ésta y otras trincheras con nuestra pequeñita tarea de aportar a la lucha ideológica. Esta es, humildemente, nuestra mejor respuesta. Gracias
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