Olvidar no es bueno ni despechado
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El candidato derrotado por la voluntad y la consciencia del pueblo, pretende que pasemos un borrador a la memoria histórica. Pretende inventar otra manera de ver la realidad. Con un discurso bobalicón, para hacer creer que está distanciado de los grupos violentos, que él encabezó los días 11 y 12 de abril de 2002, junto a su par Leopoldo López, se hace la inofensiva ovejita extraviada del redil, cuando en realidad es el coyote al acecho.

El conductor sobreviviente del autobús del desastre, junto a sus compañeros de aventura, pretenden que la “reconciliación” del país se de sobre la base del olvido y la impunidad. Quieren que se repita la escena del crucifijo de la madrugada del 13 de abril y la inocentada del reenganche de la mafia que sabiamente había sido echada de PDVSA y que el Comandante, luego de su secuestro e intento de asesinato, en aras de la paz, de la unidad del país, de la reconciliación; en un gesto de buena voluntad, reenganchó a sus verdugos y les puso nuevamente en sus criminales manos, los destinos de la columna vertebral de la economía del país, creyendo que se trataba de venezolanos íntegros y pensando quizás que se había equivocado, cuando en un “Aló Presidente”, les sacó tarjeta roja a todos y los echó del campo de juego.

Esa buena voluntad fue interpretada como un acto de debilidad, de cobardía del comandante del proceso y fueron precisamente, Primero Justicia, junto a AD, Copei, la cúpula podrida de la Iglesia Católica, los bonzos del sindicalerismo cuarto republicano, la mafia especuladora organizada en Fedecámaras y la oligarquía desquiciada y expoliadora, quienes pretendieron incendiar al país por los cuatro costados y convocaron al criminal paro patronal y petrolero que costó al país 20 mi millones de dólares en perdidas, centenares de vidas de venezolanos y venezolanas, de todas las edades que perecieron por falta de una atención a tiempo, ya fuese porque los médicos estaban plegados a la huelga o porque la falta de combustible no permitió la movilización de un vehículo automotor para llevarlo al centro asistencial más cercano, otros porque las hordas violentas de la derecha los asesinaron en plena calle. De esa violencia hay un episodio en Maracay, donde un padre de familia, trabajador del transporte público fue quemado junto al autobús que conducía, porque no obedeció la orden de la mafia sindicalera que desde la CTV, liderada por el delincuente prófugo de la justicia, Carlos Ortega, incitaba a la violencia contra todo aquel que no se plegara al criminal paro.

Los trabajadores petroleros patriotas, que enfrentaron a los traidores a la patria, lo hicieron con arrojo y a riesgo de sus propias vidas, por cuanto los saboteadores de la petrolera nacional, tenían sicarios apostados por todas partes para arremeter contra los patriotas que defendían PDVSA. Pero ese es el episodio mas reciente y cuyo libreto no han lanzado a la hoguera, sino que continúan haciéndole correcciones, mientras en público hablan de diálogo y reconciliación.

Si hurgamos un poco más atrás tenemos que el llamado “Caracazo”, en contra del paquetazo majunche, que aplicó Carlos Andrés Pérez, en su segundo gobierno, fue la carnicería más grande que conoce la historia de nuestro país. Se habló de tres mil o más víctimas, de las cuales cientos fueron a parara a “La Peste”, nombre que el colectivo dio a la fosa común a donde fueron a reposar los cuerpos de los fusilados en plena calle o en las sedes policiales y militares luego de ser detenidos como presuntos rebeldes. Otros fueron botados en diferentes sitios hasta ahora no establecidos. De las víctimas de esa matanza es posible establecer el número de venezolanos y extranjeros debidamente identificados, a través de los registros en las dependencias del Ministerio del Interior, pero los indocumentados que eran ejecutados en el acto al no presentar documentos, nadie los cuenta, sobre todos los extranjeros que indocumentados, residían en el país sin familia que los reclamara. El principal ejecutor fue el Ministro de la Defensa, General Ítalo Del Valle Alliegro, que salía en cámaras con su sádica sonrisa, anunciando que todo estaba en calma, mientras sectores populares, como el 23 de Enero, en Caracas, luego de una semana de la rebelión popular permanecían bajo el fuego de ametralladoras, emplazas en sus alrededores. Era tal la tragedia, que al Ministro de Relaciones Interiores del momento, el doctor Izaguirre, apodado "El Policía Izaguirre", cuando fue a dirigirse al país, apenas saludó, se le quebró la voz,literalmente lloró y, dijo: “No puedo...perdonen..no puedo” y se retiró. Hasta allí llegó su carrera política.

Pero antes estaban los antecedentes de nuestro país, de ser el creador, el fundador del nada honroso método de las desapariciones forzosas, como medio de combate al “comunismo y a los enemigos de la democracia”, creado y practicado hasta la saciedad, por el gobierno de Raúl Leoni Otero, “El Presidente bueno” como lo bautizaron los adecos. Este democrático método que dejó como saldo una cifra que pudiera estar en el orden de algo mas de cinco mil desaparecidos, fue tan eficiente, que lo adoptaron como novísimo patrón de lucha contra la disidencia las dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y demás países que entonces estaban bajo regímenes de fuerza, bendecidos y apoyados por Estados Unidos de Norteamérica y El Vaticano, cuyos príncipes,( Cardenales y Obispos), bendecían las armas con las cuales los “Cachorros del Pentágono”, pacificaban al pueblo, cuando en las calles reclamaba libertad y derechos humanos.

Pero a Raúl Leoni, le había antecedido el “Padre de la Democracia” Romulo Betancourt Bello, que se hizo famosos por gobernar cinco años con las garantías constitucionales suspendidas y aquella orden, consigna, ejecutada por su ministro del interior, Carlos Andrés Pérez “Disparen primero y averigüen después”. Esto era nada más y nada menos que la licencia para matar, dada mediante decreto a la Digepol (Policía Política), Guardia Nacional y policías estadales y demás cuerpos de seguridad, que regaron las calles, avenidas, valles y montañas de Venezuela con sangre inocente de obreros, estudiantes, campesinos, hombres y mujeres, sin importar edad. La Digepol y la Guardia Nacional, así como los cuerpos élites del estamento militar, recibían entrenamientos en la “Escuela de las américas” ubicada en Panamá, donde la materia base que les enseñaban, era, como acabar con los comunistas. Estos mismos “Cachorros del Pentágono”, fueron utilizados por Rafael Caldera en su primer gobierno para ejecutar, la “Operación Vanguardia”, otro diseño represivo para asesinar a estudiantes, obreros, campesinos y amas de casa, por el solo hecho de que a un sicario de estos, le parecieran sospechosos de ser malandros o subversivos. “Operación Vanguardia” es recordada, por la matanza de la pensión de Valencia, capital del Estado Carabobo.

Capitulo aparte merecen las carnicerías de Yumare, Cantaura, Caño La Colorada, amén de los caseríos que en Falcón, Lara, Portuguesa y Oriente, fueron barridos, por las operaciones anti guerrilleras, acciones conjunta de cuerpos militares y la Digepol. Por eso tenemos que decirle no al olvido, no a la impunidad y conste que esto no es sembrar odio. Todo lo contrario lo que pretendemos es que nuestros jóvenes que no conocieron las atrocidades de los gobiernos de la derecha venezolana, no caigan en las redes de la mentira, el engaño y la deshonestidad del mensaje de la “Mesa de la Unidad Democrática” y su derrotado candidato, porque todos ellos son responsables de esa época, cuando lo normal era la recolección de cadáveres en las calles, carreteras, valles y montañas venezolanas de inocentes víctimas de la represión sin piedad, sin contar los que morían de hambre y de menguas, por falta de alimentos y de asistencia médica, hechos que están pasando a la historia con las políticas incluyentes de la revolución bolivariana. Por esto y otras razones, que aunque son dolorosas, no debemos olvidarlas para no permitir que se repitan con un gobierno de CAPriles y compañía. Así como el despechado en medio de su desdicha no quiere olvidar, lo que le hace sufrir, para no reincidir y bebe, para potenciarlo, nosotros no podemos olvidar el baño de sangre que sufrió nuestra amada patria. Camaradas, Olvidar no es bueno ni despechado.



Periodista*

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