¡Violencia en la UNELLEZ!
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La violencia es un fenómeno social que ha estado pervirtiendo la convivencia cívica de las sociedades desde que la civilización tomó un cauce racional y empezó a edificarse sobre el cuerpo de Etnias, Imperios, Estados…Esa violencia a secas es parte de la naturaleza humana; pero cuando esa violencia surge condimentada con aditivos de inseguridad e incertidumbre, se vuelve todo un caos y tiende a generar condiciones de inestabilidad, miedo e indefensión.

El pasado miércoles 10 de octubre del 2012, venía de mis actividades académicas en la UNEFA-Guanare, y como en el trayecto se coincide con la entrada de la Universidad de Los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, UNELLEZ-VEPA-Guanare, donde también laboro, ya a eso de las siete y tanto de la noche, encuentro una situación de pánico y alteración. Casi de inmediato me llaman al celular una colega docente indicándome que se encontraba en el piso, encerrada en su aula con los estudiantes, ante la detonación de varios disparos. Al cabo de un rato, me informan que unos pistoleros entraron a la Unellez y en clara demostración de un acto vandálico que tuvo como consecuencia un docente herido de bala en la cabeza (al momento de redactar este artículo, el docente le habían extraído la bala y está en estado crítico), se produjo un hecho de violencia que hoy conmueve a la comunidad unelleizta, así como abre los espacios para debatir en torno a las causas que pudieron generar una situación tan lamentable.

En este sentido muchas voces agoreras podrán esgrimir que es culpa del Estado, de las Autoridades de la universidad, de la poca previsión de las personas, entre muchas cosas más. Pero el asunto no es tan sencillo como el de buscar culpables. La responsabilidad de que esto haya ocurrido es de todos, no es momento de buscar esconder el bulto; el problema puntual se circunscribe a la inseguridad, propia de las sociedades modernas, el Estado hace lo propio para atacarla, pero existe esa inseguridad; y a las condiciones de vulnerabilidad que tienen los espacios universitarios en razón de su condición de ser un lugar para el conocimiento y el debate público. En el caso de la Unellez-Mesa de Cavacas en Guanare, es “archi conocido” que los linderos de la universidad no tienen un nivel mínimo de seguridad para evitar el acceso de personas con “malas intensiones”, lo cual, desde hace ya bastante tiempo, ha venido repercutiendo en robos a gran escala, no sólo de bienes de la universidad, sino a los propios estudiantes y docentes en sus aulas de clases. Sobre este punto se ha debatido hasta la saciedad y se han creado planes de acción que combatan tan difícil situación. El asunto no se ha concretado por esas razones propias de la burocracia administrativa y por la carencia de recursos económicos para llevar adelante propuesta de envergadura que blinden el acceso a los espacios académicos y que hagan posible crear en ellos cierto margen de seguridad para la investigación, docencia y extensión. Recuerden que la seguridad la crea uno mismo tomando las previsiones necesarias, cuando se presenta la inseguridad no es sólo que una política pública ha sido vulnerada, sino que hemos permitido que se de esa vulnerabilidad.

A todas estas, hoy la comunidad universitaria tiene que ver entre la vida y la muerte a uno de sus docentes para que ese pequeño o gran impulso que faltaba logre concretarse. Las condiciones de inseguridad, a pesar del enorme esfuerzo que se ha hecho, han sido insuficientes. Es necesario crear mecanismos de inteligencia, de seguimiento y control, en los espacios universitarios. La violencia sólo es el producto final de una situación de inseguridad continuada que hace que los delincuentes vean como presa fácil el delinquir en estos espacios, sin mayor dificultad que el de permanecer atentos para satisfacer sus instintos.

Volviendo a la idea de la violencia en los espacios universitarios, es una situación que no podemos tolerar; es una situación que no debe permitir que el miedo nos ciegue y nos haga eunucos a la hora de tomar medidas. Debe haber una postura institucional ejemplarizante y debe generarse en la universidad condiciones de seguridad que eviten que se sigan perdiendo el talante y la notoriedad de ser espacios para la elevar las condiciones morales y humanas de la sociedad. Tiene que haber más control, eso no implica condiciones de confiscación, de pérdida de autonomía, solamente que se garantice la vida y la propiedad privada de quienes día a día se valen de los espacios universitario para contribuir al desarrollo del país.

Finalmente, después de haber pasado el trago amargo de una situación límite como la ocurrida en nuestra universidad, no me toca más que invitar a los unelleiztas a ser valientes, a no permitir que sus espacios sean contaminados por la delincuencia y/o la droga, debe prevalecer el espíritu de lucha por encima de ese natural miedo que como humanos sentimos. Confieso que como parte de ese contingente humano que laboramos en Unellez, siento profundo dolor por situaciones como estas, que no tienen explicación lógica, salvo que ocurren bajo efecto de vicios y deformación moral. Ante una caída, un impulso; ante el miedo, la confrontación directa y por la calle del medio.
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