El voto castigo nos acecha y el electorerismo, fase superior del burocratismo, carcome la Revolución
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Diría Fidel -en Venezuela no hay 6 millones de oligarcas-, y no los hay, no llegan a 100 los plutócratas criollos, pero la burocracia del PSUV se comporta como tal y está abriendo una profunda brecha entre ella y la militancia, entre los funcionarios de “alto” gobierno y los empleados de nómina baja, entre éstos y el proletariado, entre elegidos y electores, entre pueblo y cogollo, entre revolucionarios y cooptados.

El PSUV no es El Partido, ni a maquinaria electoral llega; los votos de Chávez se mueven solos. Chávez es la luz y la sombra del pueblo por las razones que sean, no viene al caso meditar al respecto, al menos no en este momento: Chávez es, y punto. El PSUV está obsoleto, es el Mastodonte de Troya para que los oportunistas de cualquier pelaje, pasen del vientre de la bestia al gobierno con sólo colocarse debajo de la axila de alguna autoridad del lugar. El PSUV se enfeudó, y en cada feudo ha impuesto el nepotismo consanguíneo o por afinidad; padres, madres, hijos, hijas, compadres, comadres, panas, curruñas, concañeros, aduladores de oficio, faranduleros de comarca, logorreícos, encantadores de lombrices.

El PSUV tomó por asalto todas las instituciones, se adueñó de todas las instancias organizativas para desgobernarlas. La ley del más gritón o la más gritona se impone milimétrica en todos los rincones de la cotidianidad política, desde una Junta de Condominio hasta el Ministerio. A cualquier vocinglero(a) le basta con invocar cien veces el nombre de Chávez en la televisión, para ocupar un cargo público, cobrar y darse el vuelto, mandar, disponer, y abusar ejerciendo doble autoridad: la del Partido y la del Gobierno.

Contra esa deslegitimación del poderío revolucionario votó la gente sencilla, la gente común y corriente que no ha sido convencida por Capriles, ni por la astucia de Tradición Familia y Propiedad de infiltrarse en el Barrio, en el caserío, en Mercal, en las Misiones, entre el chavismo. Contra quienes parodian el socialismo votaron esos seis millones de venezolanos, confiados en ésta democracia de carne y hueso, de CNE. Seis millones de venezolanos que aceptaron, sin chistar, los resultados. Capriles simplemente usurpó la vocería del descontento generalizado, chavista y no chavista. No es cierto que ese descontento sea pragmático, el pueblo venezolano no es pragmático, la precariedad de los servicios se asume como lo que es: un vulgar síntoma. Al venezolano no lo arredran los síntomas, ni los guarimberos, ni los paros golpistas, ni Yongo, ni Globovisión, ni Capriles insinuando un General activo en funciones de ministro majunche.

Prohibido olvidar la estoica resistencia popular al ensayo genocida del 2002, sin agua, sin luz, sin gas, sin comida, sin gasolina, sueldos y salarios retenidos en los bancos, condenados a comer cable y alfombras, vencimos al imperialismo y sus lamesuelas, sin intermediarios, bajo el mando único de nuestro querido Tribilín. Hoy, la contrarrevolución burocrática, el modus operandi PSUV, los infiltrados de derecha y de izquierda, interpuestos entre Chávez y nosotros, vienen asestando un golpe continuo contra el proyecto socialista. Arengan a las “masas” con el verbo bolivariano, corean consignas con las “bases”, ganan indulgencias con el escapulario de Chávez, y a la hora de la verdad, hacen lo que les da su reaccionaria gana, es decir, se colocan y colocan a sus allegados, donde haiga. Donde haiga poder, donde haiga plata, donde haiga proyección mediática.

Seis millones de venezolanos expresaron sin tapujos su rechazo a la demagogia, el populismo, el autoritarismo, la indolencia, la corrupción, el acriticismo, el amiguismo, el compadrazgo, las complicidades. Seis millones de venezolanos piden a gritos ser tomados en cuenta, rechazan al adeco y al copeyano de cachucha roja. Esos seis millones de venezolanos también necesitan sacudir esta modorra teórica, armarse de ideas, bajarle volumen a los slogans huecos, avivar la llama revolucionaria. Esos seis millones de venezolanos que no son oligarcas, también exigen inventar para no seguir errando, darle un sacudón a esta vaina con Chávez en la vanguardia.

Señores ministros, vice, secretarios, autoridades, magistrados, alcaldes, directores, coordinadores, diputados, concejales, gobernadores; tómense unas largas vacaciones militando en las bases, bájense de las nubes, sólo así las próximas elecciones serán una fiesta ciudadana y no una devastadora batalla publicitaria entre Kauam y Amigos Invisibles, contribuyan para que las próximas elecciones sean una escuela de saberes políticos y no una trapacera escaramuza entre encuestadoras, abran paso para que en las próximas elecciones no se sacrifique lo connotativo en aras de lo denotativo, para que las próximas elecciones no sean una orgía mediática sino una universidad abierta a la inteligencia popular.

El pueblo venezolano, incluidos los seis millones, no es, ni ha sido nunca estúpido, flojo, pendejo, dormido, alienado, como afirman con mucha frecuencia algunos irresponsables jerarcas del PSUV que creen que la Historia Universal comenzó al ellos asumir su cargo. Si los venezolanos hubiéramos sido alguna vez, los imbéciles de la fábula adeco-copeyana, Chávez no sería Chávez, sería un teniente coronel felizmente retirado, y nosotros, los otros, seríamos un montón de utopistas frustrados, no estaríamos protagonizando ésta sostenida insurrección socialista, antiburguesa, antineoliberal y antimperialista.

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