El voto salvaje
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En la tarde cuando la oposición todavía se animaba y contaba con levantar el ánimo en las redes sociales, Patricia Bullrich, diputada de la derecha argentina que estaba en Caracas, envió unos resultados preliminares en favor de Capriles. El mensaje recibió respuestas, pero aquello era apenas un escenario virtual, que no siempre quiere decir real. En la calle el chavismo popular, desorganizado pero contundente cuando sale a votar le daba otro color a la jornada.


En los centros electorales había nervios. El chavismo del partido trataba de cubrir las goteras en los centros electorales. En la parroquia Caracciolo Parra Pérez de Maracaibo a las 4 am había que correr mucho para cubrir los testigos de los centros. Las llamadas indicaban que a esa hora no estaban todos los testigos del chavismo. Faltaban testigos y logística. En la mañana un testigo se quejaba de que la logística opositora le ganaba con creces al chavismo. No es para dejarlo en el olvido, después de que Napoleón dejara dicho que en las batallas hay que tener a la mano el agua de cada uno de los soldados.


El chavismo es atípico. A media mañana había que buscar comida. Más mil almuerzos que recibió la parroquia estaban en mal estado. Pero en la calle la gente llegaba a votar y las colas crecían. Faltaba el 1 X 10 pero sobraban ganas. El chavismo popular había salido a votar. El chavismo salvaje, según la lectura sociológica de cierto claustro. La voluntad de apostar a la esperanza que se llama Chávez vencía las precariedades.


Hay mucho por revisar y analizar. Otra vez se expresaron las dos realidades que somos. En los centros urbanos con indicadores de calidad de vida la opción opositora gana y arrasa. La clase media se conforma con su burbuja. Tiene servicios y buenas camionetas, símbolo de la clase media que se respete. En los barrios pobres de siempre cabalga la pasión de que algo hay que hacer para que esto cambie.


De ese laboratorio tengo una muestra. La Rinconada, el barrio del que conozco su historia de vida, vivió su feria electoral a su manera. Desde la madrugada estaba votando por Chávez. Los resultados lo reflejaron en la noche. En un centro, Fe y Alegría La Rinconada, Chávez ganó con 60,69 %; en otro centro, Rutilio Grande, Chávez tuvo el 71, 14 %; en otro centro, Ignacio Duarte, Chávez reunió 72 % y en el cuarto centro, Unidad Vecinal III, Chávez llegó a 63 %.


Allí se refleja otra tendencia. Otro país no visible, que no sale en los medios, ni siquiera en los medios públicos.


Este pulso lo ganó el pueblo, o una tendencia popular para no ser tan abstractos. El liderazgo de Chávez mostró la magia que hace falta para vencer obstáculos, pero falta organización popular.


Me parecen interesantes los votos del PCV (469.884 / 3,27%) y los de REDES (190.137 / 1,32%). Pueden verse como parte del voto crítico que hubo en la jornada a muchas ejecutorias del gobierno.


La lucha continúa. La derecha anoche bajó los brazos rápido y lució desconcertada. Desde temprano un sector de la oposición le dejaba toda la carga de lo que ocurriera a Capriles, después de tantos roces con el candidato. Esta vez no hubo quien gritara fraude. No hubo fuerzas ni para eso. Pastora Medina, exizquierda, exCausa R, exchavista y ahora extrema no se sabe qué, trató de decir algo y el propio Capriles la puso fuera de lugar.


Ahora viene la pulseada de diciembre. Así ha sido desde 1998. Termina una jornada y comienza otra. Con buen tino estamos lejos de la guerra civil e insistiendo en construir el país del buen vivir, con todas las diferencias que andan sueltas.


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