Una guerra civil no se hará por CAPrichitos de nadie en mi país
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Mire señorito CAPriles, usted tiene la misma edad que yo, nacimos en 1972, también en Venezuela, pero yo crecí aquí. Fui a una escuela y al único liceo público del pueblo donde todos estudiamos y jugamos juntos. Con nuestras diferencias, pero en paz y amor, porque siempre el amor ha estado presente. La diferencia de clases se notaba muy poco, a pesar que unos tenían más que otros. Los ricos iban al mismo liceo que los pobres, y nuestros amigos de menores recursos asistían gracias al esfuerzo de ellos y de sus familias.

Nunca fui ni adeco ni copeyano, pero gran parte de mis amigos y familiares si lo eran y algunos todavía lo son. Pero nunca eso fue motivo de enfrentamiento. Fui criado con altos valores humanos, gracias a mis padres y familiares cercanos, dándonos con sus ejemplos, amor, paz, honestidad y prosperidad, enseñanzas vitales que continúan dándonos y siguen siendo los ingredientes para una vida sana, productiva y alegre, gracias a Dios.

De lo poco que sé de usted, creo que proviene de una familia muy rica, con vínculos en el extranjero. No me opongo a eso, nació rico y ya. Pero nacer rico no le da derecho de aprovecharse de esa condición para explotar a los venezolanos que nacieron en el seno de una familia de menores recursos. Y menos derecho tiene de envenenarlos de odio e intentar llevarlos a enfrentarse a otros venezolanos que piensan diferente, como lo hicieron el 11 de abril, para cumplir con sus objetivos personales, que seguramente son, realizar su sueño o el CAPricho de sus padres, de ver a Henrique ser el presidente de Venezuela.

Quizá ese viejo sueño o CAPricho, de la familia CAPriles, se hubiese realizado en una vieja Venezuela, pero no en esta nueva Venezuela. Aquí ya hemos madurado y aprendido también gracias a sus únicos logros, los paquetazos económicos, paros, sabotajes petroleros, golpes de estado, acaparamiento de alimentos, odio y manipulación mediática. Ya muchos de mis compatriotas, amigos y familiares despertaron gracias al proceso revolucionario que lidera el presidente Chávez. Aquí ya nadie es más que nadie. Todos somos iguales y tenemos los mismos derechos. Y lo más importante es que no dejaremos de ser los dueños de este hermoso país pacífico, de sus recursos naturales, humanos y de la democracia verdadera, protagónica y participativa que apenas se está construyendo.

Otra cosa que quiero que sepa, señorito CAPriles. Siempre hemos tenido muchos amigos y familiares también en la oposición. Y los amamos y los queremos. Tendremos diferencias y las hemos debatido. Un buen debate de las ideas es sano, en armonía y tolerancia. Pero las personas nos respetamos. Ninguno de nosotros somos capaces de hacernos daño o agredirnos por pensar diferente. Sería una irresponsabilidad, estupidez y un daño casi irreversible si eso ocurriese. En un supuesto bien negado que esa pesadilla sucediera, sería tal infierno que hasta los ángeles llorarían y los demonios aplaudirían. Por eso, nadie pondrá en riesgo la paz de nuestras familias.

Esperemos que reflexionen usted, sus familiares y amigos que le acompañan. Debe ser responsable de nuestros venezolanos que le siguen, y sabemos que son un número importante, pero que la historia electoral ha demostrado que no son la mayoría. Esperamos seguir teniendo unas elecciones democráticas y limpias, con el CNE que le dio la victoria a usted frente a Diosdado Cabello en el estado Miranda. Así que, le pido por favor que con madurez acate la decisión del pueblo venezolano el próximo 7 de octubre, y eso va con su pana Leopoldo López. En Venezuela somos felices y democráticos. La paz este con ustedes amigos de la oposición y con su líder Henrique Capriles. Yo seguiré apoyando democráticamente a nuestro gran líder mundial venezolano, el compatriota, Hugo Chávez Frías.

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