Yo sí soy macho y ayer lloré por Chávez, ¿y qué?...
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Ayer me sentí patriota, ayer me sentí en Carabobo.

Inicié mi caminata hacia la Av. Bolívar, en la estación del metro Parque Carabobo (Chávez se las sabe todas), y comencé a subir.

Esto no es ningún cierre de campaña, esto es una fiesta. Mochos bailando, embarazadas con la barriga pelá y con letreros que decían: “Yo también soy chavista”; “Cuando sea grande votaré por Chávez”; “Yo amo a Chávez. Trabajadores de la indigencia gozando un puyero, porque había comida y bebida de sobra.

Una señora como 96 años bailando al son de la voz del coco pelao de lentes oscuros que canta “Cháaavez corazón del pueeeeeblo”…

Una persona con discapacidad auditiva (sordo le decíamos en mi pueblo), le ponía la mano a una corneta y bailaba y bailaba y bailaba. Es que eso era una fiesta hermano.

Y en eso llegó Chávez. Y en eso llegó la lluvia también. Llegaron juntos, pero Chávez duró más que la lluvia, porque la lluvia se fue a acostar temprano; no aguantó la pela de ese gentío en la calle gritando:

.-“Chávez te amo”

Y los campesinos y los llaneros y los soldados que aunque sentían lo mismo por Bolívar no lo podían gritar muy duro, porque en esos tiempos se veía muy feo que un hombre sin camisa, con pelos en el pecho y en alpargatas gritara:

.-“Bolívar te amo”

Ellos tenían una forma particular de hacerle saber a Bolívar que lo amaban y era espescuezando escuálidos-españoles mercenarios invasores hijos de la gran reina.

Y es que los soldados también sabían pelear bajo la lluvia y no salían corriendo a taparse bajo una mata e mango, ni bajo una parada de metrobus, porque en esos tiempos de Bolívar no había metro, porque el metro lo puso Chávez. Al llanero que saliera corriendo en plena batalla, porque empezaba a llover, sus compañeros de machete, de escopeta, de lanza o de lo que usaran, le decían mojigato, es decir, gato mojao, porque a los gatos no les gusta mojarse ni con lluvia ni con ningún agua, entonces le decían: mojigato culicagao, o sea miedoso.

Y era seguro que cada vez que llovía (y cuando hacía mucho sol también) los llaneros y Bolívar le ganaban al imperio español-escuálido, porque Dios bendecía con lluvia a los que eran buena gente (después fue que los curas españoles se copiaron de Dios y empezaron a echarle agua “bendita” a los niños en la cabeza, para sacarles el escuálido que todos llevamos por dentro; lo que pasa es que algunos son muy malucos y no se les sale).

Y entonces, como les decía, ayer había un gentío alegre y mojándose con la lluvia, como cuando una era carajito y salíamos corriendo a mojarnos con la lluvia y a saltar en cuanto charco había, y es que esa vaina era una fiesta y todos gozábamos un puyero, así la mamá de uno nos agarrara por la oreja y nos diera unos coñazos, porque ella es la que se queda despierta vigilando la fiebre y echándole a uno Vic Vaporu en la noche, porque la lluvia le cayó mal.

Y vi a una señora preñada con la camisa subida y con la barrigota afuera bailando y saludando a Chávez, que estaba en una pantalla de un televisor grandote que estaba encima de un camión en la Av. Lecuna. Ella lloraba y se reía.

Y la mujer mía vio a una mujer llorando, agarrándole la mano a un niño como de 6 años que también lloraba, porque su mamá lloraba, porque cuando una mamá (o papá Chávez) llora, los niños lloran; y cuando un niño llora, la mamá (o papá Chávez) llora también. Y entonces la mujer mía le preguntó, ¿Que por qué lloraba? ¿Que si le pasaba algo? ¿Que si la podía ayudar en algo? Y la señora le dijo:

.-“No señora, gracias, no me pasa nada, es que estoy llorando por Chávez, mire como se está mojando como nosotros”. Y señaló con su dedo índice hacia la pantalla.

Mi mujer y yo miramos hacia la pantalla y vimos a Chávez con la cabeza inclinada, los ojos cerrados, con las manos en el pecho y aguantando ese chaparrón de agua, como un pollito, o como un cóndor, porque Chávez es grandote, y estaba allí bajo ese palo de agua bendita, que estaba echando Dios ayer.

Y yo me había tapado la cabeza con un cartón (para nada, porque igualito estaba empapado), pero cuando veo a aquel hombre mojándose, y a la gente que estaba cerca también mojándose y a todo el mundo también mojándose, me quité el cartón y lo tiré en el piso (como todo buen caraqueño que se precie de cochino), y me quedé viendo a aquel hombre mojándose, con frio, con hambre, recién salido de un cáncer, chorriándole agua por toda su ropa, en vez de estar en su casa, calientico, comiendo arroz con pollo y tajadas, o en su casa viendo una película en Tves, arropadito y comiendo cotufas, o armando un rompecabezas con su hija María, esa que es primera dama y primera hija, o jugando pelota como magallanero en el Parque del Este, ese donde pusieron el barco de Miranda, pero bueno, entonces ahí estaba el hombre ese mojándose, como cualquiera de nosotros, con frio como cualquiera de nosotros, con ganas de estar empiernao como cualquiera de nosotros, pero ahí estaba gozando , cantando, mojándose como un carajito como todos nosotros los que estábamos allí; y entonces yo lloré.

Y entonces mi mujer me preguntó que si yo estaba llorando y le dije que no, que era la lluvia. Y me pasé la mano por la cara para quitarme la lluvia y que no se notara que estaba llorando. Y cuando voltié para los lados había mujeres, hombres y niños llorando como el hombre ese que se estaba mojando bajo la lluvia y que seguramente también estaba llorando pero no se le notaba por las gotas que caían por su cara. Y a nadie se le notaba que estaba llorando, lo que tenían en su cara eran gotas de lluvia. Igualitas a las gotas de lluvia que tenía Bolívar cuando en el Campo de Carabobo, cuando les dio una patada por el fundillo a los españoles-escuálidos para que nos dejaran en paz, nos dejaran ser un país libre y un país de machos y mujeres dispuesto a caerle a lanzazos limpios a los españoles-escuálidos de hoy que son los gringos.

Y nos van a ver llorar de arrechera y de amor por Bolívar, por Chávez, por nuestros hijos y por la patria.

Fernando Pérez
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