Balbuceos y tropezones en el discurso de Capriles
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Hace unos días la periodista de la Agencia Venezolana de Noticias Osjanny Montero, me hizo una consulta para la realización de un artículo que publicó con el título “Cuando de la boca salen capullos sin rastros de flor”: http://www.avn.info.ve/node/135678 El pequeño aporte que hice al excelente trabajo de Osjanny, me motivó a organizar las siguientes consideraciones basadas en el contenido y en la forma del discurso de Henrique Capriles Radonsky.

En el discurso del candidato Henrique Capriles se revela una ausencia absoluta de rasgos de carácter colectivo que lo vinculen con la venezolanidad, con nuestra cultura, nuestra historia o tradiciones; la única identificación que Capriles genera en sus seguidores es a partir del antichavismo compartido. Entonces podríamos afirmar que no hay un “discurso caprilista” y que por ende el “caprilismo” no existe. Es decir, no hay un fundamento político, ideológico o filosófico que podamos identificar como propio de su pensamiento. Esto no significa que Capriles no tenga una ideología, por supuesto que la tiene, pero es impresentable para quien aspire ser presidente de este país pues nada tiene que ver lo que se ha materializado en su proceder con los ideales más representativos de nuestra identidad colectiva.

Por esta ausencia de elementos que promuevan esa identificación de quienes lo apoyan con su figura (y aquí me refiero a elementos propios), Capriles recurre al uso de símbolos como la bandera o la franela de nuestra selección de fútbol nacional; es decir, a través de éstos intenta llenar ese vacío de identidad.

Sus referentes ideológicos más recurrentes son religiosos, manifestados en expresiones como “el tiempo de Dios es perfecto” y tienen la misma función, esa búsqueda de identificación del colectivo que lo sigue con su figura, es decir, que ellos se vean a sí mismos en sus palabras. Como dato anecdótico vale la pena recordar que cuando se le ocurrió nombrar al Libertador en su discurso de Plaza Caracas lo pitaron, no a él, a Bolívar por supuesto, pues sus seguidores son antibolivarianos, consecuencia directa de su antichavismo.

Ha sido evidente un empeño por referirse a la juventud o apariencia física como valores asociados a su imagen, y en muchos casos enfocados en la virilidad como un atributo masculino que ostenta públicamente.

En la fase final de la campaña ha sido perceptible el trabajo de asesores, evidenciado en frases “de laboratorio”, aprendidas de memoria que intentan parecer espontáneas, como por ejemplo una emitida en la Avenida Bolívar el pasado domingo: “una cosa es creerse el corazón de la patria y otra llevar a la patria en el corazón”; que aparecen desvinculadas de un contexto lingüístico que de cuenta de una reflexión previa.

Otra evidencia de la falta de contenido en su expresión es que ha reciclado referentes propios de la Revolución Bolivariana. En cierta medida su discurso, sobre todo el de las últimas semanas, se estructura con base en los principales logros revolucionarios, tales como las misiones.

Por último, un elemento a tomar en cuenta, es el acompañamiento de figuras públicas conocidas, generalmente artistas de la televisión, con las que se busca hacer más “popular” su imagen desaliñada y sin gracia; que unida al manejo poco virtuoso de su discurso, pesan demasiado al enfrentarse a un “rethor” lleno de carisma como Hugo Chávez.

No existe a mi parecer un discurso “de Capriles”, pues el candidato no manifiesta por medio de sus palabras un pensamiento de fondo que podamos identificar como propio. Su discurso es adaptable a sus circunstancias, profundamente evasivo y velado. Lo único identificable y permanente en su pensamiento es el antichavismo, de resto sólo hay mucho ensayo, memorización y nada de espontaneidad.

En cuanto a la forma, los silencios excesivamente prolongados, sus redundancias o la presencia de lugares comunes (como gritar “te quiero Venezuela” o hablar de paz y reconciliación sin desarrollarlas como ideas), nada aportan al contenido pero tienen como función darle tiempo para pensar sobre la marcha cuando no puede leer lo que va a decir. Estos elementos, sumados al típico balanceo de su cuerpo de un lado al otro y esa forma particular de aferrarse al micrófono; no sólo evidencian inseguridad sino también ausencia de contenido, es decir, de ideas.

Las imprecisiones al nombrar a la sapoara o confundir Chivacoa con Coquivacoa, no son producto de alguna patología lingüística, es simplemente la evidencia del desconocimiento que tiene del país que quiere gobernar, de su geografía, de su gente, de sus tradiciones, de su historia y de su cultura.

Es ignorancia de contenido (pensamiento) que se manifiesta en la forma (las palabras).

En contraposición, la riqueza simbólica del discurso del Presidente Chávez es indiscutible porque es una riqueza de vida; es un contenido conformado por la propia experiencia, conocimiento y estudio; que se manifiesta en sus palabras y genera en el pueblo una identificación que nos hace reconocerlo como uno de nosotros. Chávez nos conoce, conoce nuestra tierra, nuestras necesidades y eso lo percibimos. Chávez es pueblo.

¿Qué le falta al discurso de Capriles? Le falta Venezuela, le falta el pueblo y su historia, sus tradiciones, su geografía, sus gustos, sus canciones, su orgullo patrio; pero también conocimiento, estudio y mucha espontaneidad.


Catherine García Bazó
Lic. en Letras
Magíster en Lingüística
Prof UBV
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