Oligarquía y democracia en Venezuela
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Los directivos de poderosos grupos económicos, que durante 40 años empobrecieron al pueblo venezolano, tienen la esperanza de que su candidato Henrique Capriles Radonsky gane las elecciones del próximo 7 de octubre. Hablan de recuperar la democracia y las libertades para convertir a la nación suramericana en un país competitivo. El aspirante a presidente ha dicho que no le interesa la historia, porque él y quienes fundaron su partido Primero Justicia solamente “miran hacia el futuro”. Capriles tiene 40 años e ignora que entre 1958 y 1998 el sistema, que defiende, encarceló, torturó, persiguió, exilió y asesinó a varios venezolanos que lucharon por la democracia participativa.

Acción Democrática (AD) y el Partido Socialcristiano (COPEI) compartieron el gobierno y privilegiaron a las elites. Los principales jefes de esas colectividades políticas participaron en el saqueo a la patria de Simón Bolívar. Mientras transcurrieron las cuatro décadas del llamado “Puntofijismo” por el Pacto de Punto Fijo suscrito en octubre de 1958, los medios de comunicación difundieron ante el mundo la imagen de un país que tenía una clase media poderosa, cuyos integrantes viajaban a Miami, EU, de vacaciones y disfrutaban de la riqueza petrolera. En las informaciones procedentes de Caracas, Maracaibo, Mérida y Puerto La Cruz, sobresalían las notas de reinados de belleza, telenovelas y lujos.

En 1989, unas semanas después de que Carlos Andrés Pérez asumiera la presidencia, por segunda ocasión, ocurrieron los sucesos de la rebelión popular conocida como El Caracazo. La represión y los crímenes cometidos por el gobierno de Pérez mostraron al mundo la “calidad del régimen democrático” y su “respeto” por los derechos humanos. Más de tres mil personas fueron asesinadas. Aumentaron los cuestionamientos y la indignación. Las agencias informativas mostraron fotografías donde policías disparaban indiscriminadamente contra pobladores de barrios marginados. El sistema entró en crisis y surgieron propuestas alternativas de gobierno para hacer frente a la corrupción y al neoliberalismo salvaje.

Rafael Caldera, quien se había desempeñado como presidente entre 1969 y 1974, rompió con su partido, el COPEI y se convirtió en el candidato de Convergencia, una coalición de organizaciones políticas que lo llevó nuevamente a la presidencia en 1994, dos años después de la insurrección militar patriótica producida el 4 de febrero de 1992 en la que participó Hugo Chávez Frías, teniente coronel y otros compañeros suyos. El gobierno de Caldera comprendió los motivos de la rebeldía militar en la teoría, aunque en la práctica aplicó medidas cercanas al neoliberalismo. Introdujo recomendaciones del Fondo Monetario Internacional en su llamada Agenda Venezuela y los resultados fueron nefastos: devaluación de la moneda, aumento de precios y la promesa al imperio estadounidense de que su país se retiraría de la Organización de Exportadores de Petróleo (OPEP).

Opuesta a la oligarquía empezó a despuntar la democracia participativa que se expresó en una copiosa votación a favor de Hugo Chávez Frías en diciembre de 1998. Desde que triunfó el entonces candidato del Polo Patriótico, la oligarquía ha estado inquieta y conspirando. Durante los recientes 14 años se han confrontado en Venezuela dos propuestas: la bolivariana que recupera día a día, mes tras mes, la soberanía del país suramericano y la entreguista que intentó un golpe de Estado el jueves 11 de abril de 2002 e impuso a Pedro “El Breve” Carmona Estanca. La oligarquía tuvo unas horas de felicidad y logró contagiar a sus cómplices en el exterior. Vicente Fox Quesada, en México y George W. Bush ya hacían “cuentas petroleras”.

“Chávez fue admirado por los pobres del país. Fue en los sectores marginales donde construyó su poderosa base social”, escribió desde Caracas, aquellos días del golpe, Aram Aharonian, el periodista uruguayo, radicado en Venezuela, uno de los fundadores de Telesur. Diez años después, Hugo Chávez goza de la simpatía mayoritaria en su país y ha logrado apoyo y reconocimiento de organizaciones culturales, movimientos sociales, políticos y gobiernos progresistas para hacer realidad varios de sus proyectos integracionistas como el de la Alternativa Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). El ingreso de Venezuela a Mercosur, el pasado 31 de julio, fue calificado como un triunfo en el camino hacia la construcción de la Patria Grande por sus colegas: Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina; Dilma Rousseff, de Brasil y José Mujica de la República Oriental del Uruguay. Chávez solidario con los pueblos: iraní, iraquí, libio, palestino y sirio, es un promotor de la paz en la región de Medio Oriente y el Golfo Pérsico aunque esas noticias no aparezcan en los canales de televisión mexicana Televisa y TV Azteca.

Capriles Radonsky sí aparece en los medios que rinden culto a la frivolidad. Muchas mujeres aspiran a tomarse una foto con él, “quien es guapo y destila simpatía”, según el diario español La Vanguardia. “Parezco muchas veces el actor de telenovelas”, dijo el candidato de la Mesa Unidad Democrática (MUD) ante reporteros de la península ibérica que lo comparan con Felipe González, el ex jefe de gobierno de España. Las encuestas publicadas en septiembre le otorgan 35.7 por ciento a quien también fue gobernador del estado de Miranda, mientras que a Chávez le dan 57.2 por ciento.

En trece años el gobierno bolivariano amplió el tejido social y ha configurado nuevos actores políticos protagónicos. El sistema tiene todavía varias carencias pero le ha dado oportunidad a miles de ciudadanos a prepararse y participar. A la oligarquía de Venezuela y a sus cómplices en el exterior les duele ver que la mayoría de la población apoye un proceso que los dueños del capital califican todos los días desde 1999 como “tiránico y antidemocrático”. Curiosamente, ese gobierno se ha sometido a consulta electoral en 13 ocasiones diferentes. Integrantes de misiones internacionales que representan a la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea y el Centro Carter de Estados Unidos, han participado como observadores y con plenas libertades.

Detener el proyecto de privatización de la empresa Petróleos de Venezuela, SA (PVDSA), fortalecer la educación gratuita, crear más empleos con seguridad social, dotar de más y mejores viviendas a la población, son algunas de las tareas que desean continuar los dirigentes de la Revolución Bolivariana de Venezuela. Para los oligarcas significa: populismo. Para el pueblo es el camino de la democracia participativa.


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