El riesgo chino entre Japón y Estados Unidos
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El pleito chino-japonés por las islas Diaoyu contiene viejos problemas, más bien herencias del momento fundacional del sistema imperialista de dominio, de finales del siglo XIX, con problemas nuevos.
Esos problemas nuevos están basados en la nueva potencia mundial adquirida por la economía y la política china en el mundo, por un lado, y por el control del Pacífico, por el otro.

En contradicción con su rol de segunda potencia económica mundial, primer comprador de materias primas y energía y el principal financista internacional, China vive sometida al estatus de potencia menor en el terreno geopolítico, palabra que contiene el poder del Estado y su capacidad militar de posicionamiento en el mercado mundial.

En el medio de estas disputas entre poderes de Estado, está el conflicto social de los trabajadores chinos contra su propio Estado, por el terrible sistema de trabajo que deben soportar en nombre del progreso capitalista. Las huelgas se cuentan por cientos de miles en los últimos años, sobre en las zonas de inversión externa, donde las tasas de explotación son bestiales.

Sin embargo, tiene razón el analista Rafael Poch, cuando señala que no estamos frente a un mero capricho. "La disputa entre China y Japón por los islotes Diaoyu/Senkaku no es un capricho escapista del gobierno chino ante una coyuntura, económica y política complicada por un crecimiento ralentizado, por escándalos como el del caído dirigente de Chongqing, Bo Xilai, y por el próximo relevo del grupo dirigente en el XVIII Congreso del partido", en un escrito del 23 de septiembre.

La disputa entre poderes de escala internacional, EEUU, China y Japón, sobre las costas, poblaciones y recursos del Pacífico, tiene una mediación jurídica.

Se trata de la tercera Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, UNCLOS, votada en 1982. Con ella, el poder estadounidense concentrado en las Naciones Unidas como sistema mundial de Estados, implemtó una "solución" a su favor y de Japón, su más estrecho socio estratégico en la región del Pacífico, la más importante del mundo si se la evalúa por la concentración de inversiones y fuerzas militares.

1982 era un momento en que la República China apenas despuntaba como lo que luego fue, la segunda potencia del mundo. Es decir, el Departamento de Estado se adelantó y aprovechó una brecha débil china, para instalar una Convención preventiva frente a un poder que ya se se anunciaba como nuevo competidor.
¿Qué establece la fulana Convención?

Lo primero que definió es la adjudicación del estatus de “zona económica exclusiva” a aquellas zonas marítimas situadas entre 370 y hasta 650 kilómetros alrededor del territorio insular de un Estado-nación.
Es decir, de la noche a la mañana, Japón logró por una Convención lo que no pudo con guerras y enfrentamientos con China, desde 1893. Todas las islas, islotes y rocas del Pacífico situadas hasta más o menos 2 mil kilómetros de distancia de la costa de Tokio, pasaron a ser japonesas.

Desde entonces el imperio japonés obtuvo derechos sobre una gigantesca “zona económica exclusiva” marítima de 4,5 millones de kilómetros cuadrados, "la novena mayor del mundo", según Poch.
El gobierno chino ha fracasado en sus reclamos diplomáticos. Desde hace varios años ha propuesto a Japón la explotación binacional de los recursos en esos territorios insulares.

Es bueno recordar que elimperio japonés mantiene disputas territoriales con todos sus vecinos. Con Corea por la isla de Dokdo/Takeshima y con Rusia por las Kuriles, "pero es con China donde hay más sustancia inflamable", señala Poch.

No hay que ser pro chino para comprender que se trató de una trampa jurídica entre imperios, una vulgar repartija de territorio como en los mejores tiempos de la Primera Guerra Mundial. La franja de litoral que tiene China es varias veces mayor a la que de Japón, sin embargo se quedó con apenas un poco más de los 880.000 kilómetros cuadrados, o sea, casi cuatro veces menos que lo obtenido por Japón con la Convención de 1982.
China, como Estado y territorio, quedó constreñido, cercado, frente a un cordón territorial en manos de Japón y Estados Unidos, conformado el encadenamiento de las islas de Filipinas, las islas de Guam, Palau, las Carolinas y otras islas controladas por Estados Unidos, además de Japón y Corea del Sur.

La diferencia que explica la actual disputa y su espectacular expresión mediática, está en que en 2012 China no es más la potencia débil de 1982. Su actual posicionamiento en el mercado mundial y el sistema de Estados internacional, le permite reclamar como imperio frente a otros imperios, con Convención o sin ella.

Este despojo territorial con sombras de amenaza militar preventiva, es el que está usando la abigarrada burocracia imperial china, para movilizar el "sentimiento nacional" del pueblo chino, en marhas multitudinarias contra Japón. Este desvío emotivo patriotero de los chinos le sirve al gobierno de Pekín para evadir, frenar, desviar, los reclamos laborales y huelgas internas.

La historia muestra que no existen capricho alguno en los posicionamientos territoriales de los Estados. El lío chino-japonés por las islas Diaoyu contiene un posicionamiento político-militar.

Aunque nada indica que se vaya a llegar a los tiros, el mensaje enviado de Estados Unidos es uno solo: aquí mando yo. Para demostrar que no se trata de un desplante pasajero, el gobierno de Barak Obama ha desplegado una poderosa combinación de fuerzas militares sobre el Pacífico. El más grande después del instalado en el Golfo Pérsico.

La Administración norteamericana anunció hace 7 meses que ubicará el 60% de su marina de guerra en los mares que bordean las costas de China. También se anunció el envío de 6 portaviones y submarinos nucleares, además de dispositivos bélicos eletrónicos, escudos anti misiles. Los especialistas, como el australiano P. McCormack, opinan que las fuerzas anti nucleares movilizadas contra Corea del Norte, también tienen como objetivo decirle a China quién manda en la región del inmenso Pacífico. EEUU renovó reciemtemente el pacto militar con el imperio japonés, firmado tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

“La combinación de la propiedad japonesa de amplias zonas oceánicas y su alianza subalterna con el diseño estratégico de Estados Unidos para la región, significa una seria desventaja y riesgo para China”, dice el autor.

La movilización de masas en China es, entonces, un recurso para dos objetivos, como ha sucedido en casos similares en la historia. Por un lado, mostrar su nuevo poder mundial, reclamando la soberanía de las islas Diaoyu y Senkaku, que de hecho es la única manera de acceder a las aguas internacionales. No se conoce de yacimiento de petróleo o minerales de mucho valor en esa cadena de islas e islotes.

Pero al mismo tiempo, le sirve a Pekín como preservativo emocional frente al riesgo social interno. Nada más efectivo que el sentimiento patriotero para desdibujar problemas internos. Eso explica que el gobierno chino remueva el sentimiento de dolor guardado por los chinos desde los años 30 hasta el final de la II Guerra del siglo pasado, cuando la dominación japonesa dejó casi 20 millones de muertos.

El riesgo imponderable de los acontecimientos que más desean evitar, tanto China como Estadods Unidos y Japón, es que la disputa pase a mayores y se convierta en guerra.

Una de las preocupaciones marcadas por el corresponsal Poch, del diario La Vanguardia, es la consigna aparecida en las manifestaciones antijaponeses de Shenzhen. Miles gritaron “abajo el Ejército de Liberación Popular”,una manera de reclamarle al gobierno de Hu Jintao, que no haya enviado la marina de guerra a las islas.
"Los gobernantes chinos tienen que permitir soltar vapor de vez en cuando a la caldera de la indignación popular china, que supera y desborda con creces su casi siempre prudente y pragmático cálculo, pero han tenido que apretar el freno", advierte el analista.

“La violencia no puede ser tolerada únicamente porque la protesta sea contra Japón, China va a tener más conflictos en el futuro a los que hay que responder con los medios adecuados para ganar el respeto de nuestros competidores”, señalaba una editorial de Global Times, una publicación china especializada en temas internacionales, agrega el catedrático australiano McCormack.

La situación podría agravarse porque el nacionalismo chino despertó el ultranacionalismo japonés. Los sectores ultras de ese imperio representados por el gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, "tienen gran influencia y capacidad de arrastre en este asunto. La provocadora idea de “nacionalizar” las islas mediante la compra de algunas de ellas a sus “propietarios” japoneses partió de Ishihara, un negacionista del holocausto chino y apologeta del imperialismo japonés en Asia", comenta Poch.

Estados Unidos no tiene capacidad de mediar porque es parte central de la cosa. El secretario de defensa, Leon Panetta, tuvo que llamar a la calma para evitar una escalada de riesgos impredecibles.
La verdadera respuesta de Washington fue la confirmación de la centenaria alianza militar con Tokio y la puesta en escena de su flota militar en el Pacífico"para apoyar la reclamación japonesa".

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