¡La abstención, la abstención!
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No hay duda alguna que Chávez tiene la mayoría de la aceptación, lo dicen las encuestas y lo dice la calle, pero esa “mayoría” es necesario materializarla, en votación, el 7O. En lo que va de año, hemos visitado 21 de los 24 Estados del país. La mayor parte del pueblo está con Chávez, va a votar por él, y al mismo tiempo dice que no va a votar por nuestros gobernadores. Situación, ya casi obvia, a estas alturas... 

Las encuestas no reflejan bien la “no participación”. ¿Por qué? Porque las encuestas se hacen por medio de visitas domiciliarias, entrevistas telefónicas o en la calle. El encuestado es un sujeto “pasivo” en cuanto a que no tiene que movilizarse; la empresa encuestadora va a su encuentro. El votante, por el contrario, es un sujeto “activo” que tiene que desplazarse hacia el centro de votación, hacer una cola, etc. Eso establece una gran diferencia.

La abstención es mayor en nuestras filas. Razones: mayor precariedad de vida de buena parte de nuestro electorado (barrios o zonas rurales alejados de los centros de votación), malestar por las gestiones de los gobiernos regionales o locales, inmadurez política para diferenciar lo que es la revolución de lo que son malas gestiones y triunfalismo. 

No nos gusta hacer predicciones pero las haremos en aras de llamar la atención sobre este tema. La abstención difícilmente bajará de un 25%, eso deja un universo de votantes de 14 millones aproximadamente. La oposición debería sacar unos 6.2 millones de votos, eso deja un poco menos de 8 millones de votos para el Presidente Chávez. Una extraordinaria ventaja. Sin embargo, si la abstención aumenta y Capriles logra conquistar algunos espacios adicionales, con sus bien pensadas y seleccionadas visitas, a municipios pequeños y zonas rurales de predominancia chavista, dicha ventaja disminuiría. ¡Aún se triunfaría pero con un margen menor!  

El foco principal de nuestra campaña debe ser, como lo ha marcado Chávez, los Grandes Objetivos Históricos, la discusión seria sobre los programas o, en pocas palabras, la política trascendente… El recurso de las declaraciones de Ojeda y De Lima e, incluso, del video de Caldera es frágil y fugaz. Dejémosle a la oposición el lodazal de la historia. Allí estarán siempre Luís Giusti y su gestión para la infausta memoria. 

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