Capriles vislumbra la derrota
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De cara a las próximas elecciones presidenciales en Venezuela, Henrique Capriles, candidato de la burguesía corrupta, empezó a aullar desesperado: ¡Debate! ¡Debate! A ese chillido le han dado mucho eco los grandes medios comerciales al servicio de los intereses hegemónicos de los Estados Unidos en Sudamérica. Los publicistas han querido convertir el grito, en una demanda por mayor democracia en Venezuela. Es decir, si Hugo Chávez no acepta tener un debate, entonces él mismo estaría evidenciando “una vez más”, que estamos ante una dictadura. No existe un solo medio perteneciente a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en todo nuestro continente que, un día sí y otro también, insista en decir que en Venezuela se vive una tiranía chavista.

Aunque los grandes medios comerciales no quieren admitirlo, conforme se acerca el domingo 07 de octubre, aumentan las señales de que el líder bolivariano ganará las próximas elecciones. Entre los signos están: 1) las multitudinarias manifestaciones desbordantes de alegría, compromiso y esperanza del chavismo; 2) no hay una sola empresa encuestadora seria y responsable cuyo resultados no arrojen ganador -y por amplia ventaja- a Hugo Chávez; 3) los análisis políticos de respetados académicos e intelectuales de América Latina revelan que una gran mayoría del pueblo venezolano ha sido beneficiado por los logros de la revolución bolivariana; 4) en las últimas semanas han aumentado las deserciones y divisiones al interior de la oposición; 5) ha descendido la credibilidad en Capriles en el Estrato Social B, al prometerles el paquetazo, con el que privatizaría todos los servicios sociales de los que hoy goza la gente, y 6) el sector de los llamados indecisos votaría a última hora por Hugo Chávez, porque no quieren retornar al pasado de la derecha corrupta.

En Venezuela antes de que Hugo Chávez llegara a la presidencia, la burguesía siempre hizo lo que quiso con las riquezas del país; y para sus buenos negocios siempre contó con la cobertura ideológica de los medios comerciales oligárquicos que desempeñaban bien su papel, ofreciendo circo e ignorancia al pueblo. Cuando el Comandante Chávez llegó a la presidencia, se preocupó por alfabetizar a cientos de miles de venezolanos (“Ser culto es el único modo de ser libres” José Martí), dotarles de cultura política, generar espacios de participación popular y revolucionar la democracia. Todos estos son pecados que la derecha que estuvo enquistada por varias décadas en el poder no perdona.

La oligarquía no acepta que el pueblo de trabajadores humildes, negros, indígenas, mujeres, pobres, personas de a pie, gente que no han tenido nunca el privilegio de turistear dentro y fuera de Venezuela, posea derechos humanos negados por muchos años. Todo indica que la revolución bolivariana ha llegado para quedarse. A estas alturas el pueblo venezolano siente que Chávez les pertenece. Ya en el 2003, los escritores cubanos Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez a través de múltiples testimonios de investigación periodística publicaron el libro Chávez Nuestro, donde revelan la profunda identificación del pueblo con Chávez Esto no tolera la derecha venezolana.

Quien pide debate en estos días es el candidato de los ricos, el mismo que ha derrochado millones de dólares en propaganda, copando todos los medios privados de comunicación. Ahora pretende mostrar una nueva careta, pero ya es demasiado tarde, porque el pueblo venezolano, culto y libre, conoce quién es Capriles, y sabe qué intereses representa.

En una contienda electoral, cuando dos candidatos con mayores opciones que los demás ingresan a la recta final, quien solicita debate es el que va abajo en las simpatías de la gente; el que reclama debate es el que observa cómo se despunta el adversario. Capriles chilla: ¡Debate! ¡Debate! porque va perdiendo, y quiere aprovechar cualquier oportunidad para sumar. Pero ya es demasiado tarde, porque Venezuela hoy no es la misma que aquella en la que la oligarquía se distribuía las riquezas como les daba la gana. Con sus chillidos, el candidato de la derecha -sin querer- le está diciendo al mundo que va perdiendo en esta disputa; el endeble opositor no termina de mandarles malas señales a sus amigotes de la oligarquía empresarial internacional. Y los grandes medios que se hicieron eco de sus chillidos han contribuido en este entierro.

Como puede verse, Capriles no se ha dado cuenta que él mismo vislumbra su derrota.

El autor es: M. Sc.

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