Marcel Granier y Teodoro, lagrimeando en Europa
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Marcel Granier continúa, cual alma en pena, visitando cada cueva se le abra en el camino, con la misma cantaleta.

No acaba de entender se le acabó su cuarto de hora, venció la concesión y el propietario, con todo el derecho que le asiste, la asignó a una mejor causa.

Sería bueno amarrar a Granier a una silla y obligarle ver por tiempo prudencial, sin llegar a la tortura, la programación de su antiguo canal. Si tiene seso y algo de buena fe, tanta como para olvidarse de los reales por un rato, terminaría al ser liberado de dar gracias porque alguien evitase siguiese difundiendo tanta basura audiovisual. ¡Gracias señor por librarme del pecado, infierno y mal gusto!

Viene Granier a cuento porque, en su deambular como Juana La Loca, con su muerto a cuestas, ahora aparece allá en Bruselas, en el Parlamento Europeo, repitiendo su caliche, que en Venezuela no hay libertad de prensa.

“Señores vengo a contarles una historia muy contada”; se detuvo de repente porque su locura, que va y viene, en el ir, le permitiò percatarse que estaba cantando el corrido mexicano “Juan Charrasqueado”. Se acarició los bigotes, patinados por el tiempo, como se dijese en un tango, calmò, pero volvió a enloquecer, es decir le vino y continuò divagando.

“Desde el gobierno de Pedro Carmona Estanga, en Venezuela no ha habido libertades. La gente teme hablar, tanto que Capriles, nuestro candidato, ha tenido que aprender a usar el lenguaje de las señas y de las volutas de humo y simular el discurso.”

“No es que èl se enrede, mienta como Rajoy, sino que asume, de la boca para afuera, el programa de Chàvez, porque si dice lo que piensa, lo prensan.”

Como desde hace tiempo Granier anda como Juana la Loca, con su urna a cuestas, contando lo de sus amores con Felipe; o la otra, de la muchachita muerta que nunca tuvo, no quiso desperdiciar la oportunidad que unos parlamentarios desocupados y deseosos de evadirse de la crisis europea, intentaran prestarle atención y se fajò a hablarles, con la habitual locura y estudiada tristeza, su tragedia, lo de la señal de Radio Caracas.

“¡Algo hay què hacer!”, dijeron los eurodiputados que no escuchan a su gente pese la mentadera de madre a pulmòn pleno.

Narró Marcel con los ojos aguados y los bigotes impregnados de secreciones nasales, que quien hable contra el gobierno le matan, expulsan o encierran en ergástulas. Los medios informativos, impresos o audiovisuales, no informan nada. Las hordas desdentadas del gobierno, “armadas hasta los dientes”, escuchan, vigilan y hasta muerden para evitar que algo contra aquèl digan. Pocos opuestos en las calles quedan, porque andan a la chita callando; por eso, Capriles perderá las elecciones, que ganaría si hubiese libertad de hablar, comprar, vender especulando, robar y producir programas culturales como los nuestros.

Al final, a lágrima viva y llanto portentoso, volvió a contar la historia de su Radio Caracas y còmo el gobierno, todos los días, cierra diarios, emisoras de radio y televisión “sin explicación alguna.”

“¡Por favor señores, hagan algo! Devuélvanme mi planta con sus bellos y constructivos programas; tan buenos, que nunca permití que mis hijos los viesen.”

En esto no estoy solo. Me acompaña la gente de “Reporteros Sin Fronteras”, tan buenos en eso de defender las libertades que cada uno de ellos carga guindando al cuello no un carnet sino un embudo. Pero también, me asiste, aunque de lejos, un hombre equilibrado, sensato, ponderado, ajeno a toda pose histèrica e histriònica, como Teodoro Petkoff, director de un diario caraqueño, a quien nada dejan decir. No quiero manifestar con esto que su medio sea enjuto, de dos páginas, con un título siempre escandaloso y ofensivo sobre el presidente y un artículo suyo plagado de falsedades, sino que en verdad si algo fino y delicado dice, como es habitual, le cierran o al dueño y director encierran.

En efecto, Granier peló por un video que le entregó Petkoff, para que allá en Bruselas, en una comisión que domina la derecha que a Europa tiene en la ruina, escuchasen sus justos y equilibrados reclamos.

En el audiovisual, Petkoff entonó la misma canción de Granier; después de regañar a sus oyentes, manotearles la cara través de la cámara, se pudo contener y contò, “acá en Venezuela el gobierno acorrala a los medios”. Por supuesto, es el mismo video, donde “el catire” se contorsiona extrañamente y dice “por allì viene reptando una culebra, una brutal censura de prensa”. Advertencia que viene haciendo desde años atrás y aùn con fe espera se haga realidad.

Si no fuera porque lo dicen Granier y Teodoro, uno que vive en Venezuela y nada de eso ve, sino todo lo contrario, no lo creyera.

No obstante, hubo unos eurodiputados, que le gritaron en la cara a Granier una calumnia. Le llamaron golpista y le acusaron de participar en el intento de tumbar a Chávez. ¡Vaya usted a ver!

¡Dios los crea!

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