Capriles crucificaba a Caldera mientras los adecos chocaban las copas
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Tan sólo minutos después de que se mostrara ante la opinión pública el escandaloso video donde el diputado a la Asamblea Juan Carlos Caldera recibe una importante suma de dinero y le promete al "donador" de esos bolívares concertarle una cita fuera del país con Henrique Capriles Radonski, el candidato presidencial (y ahora nuevo Poncio Pilatos) le anuncia al país que debido a su mala conducta, Caldera queda fuera del partido Primero Justicia y de su campaña electoral.

Todo parece indicar que Capriles tiene como prioridad salvar su imagen por encima de cualquier valor ético, pues independientemente de la culpabilidad o grado de responsabilidad de Caldera en este presunto acto de corrupción, lo cierto es que toda sanción exige un procedimiento previo que le garantice al involucrado la posibilidad de ejercer su derecho a la defensa en el marco del debido proceso.

Lejos de que esa expulsión, suspensión o separación (las tres son prácticamente lo mismo)aplicada a Caldera, pueda contribuir con limpiar la imagen de Capriles en relación con la corrupción, lo que realmente se evidencia es su desesperado esfuerzo por evadir cualquier procedimiento de averiguación para esclarecer la verdad de los hechos y su probable participación directa en los mismos.

El soborno, dícese de la entrega de dinero a un funcionario para que realice un determinado acto o se abstenga de ejercerlo, es tan sólo uno de los muchos ilícitos penales que han podido cometerse en la operación registrada en el video. Queda todavía por investigar las implicaciones de este suceso de cara a la ley que regula la obtención de fondos para campañas electorales.

No fue un simple militante el que se ha visto inmerso en este vergonzoso hecho, sino un flamante dirigente nacional del partido (Primero Justicia) que se autoproclamaba como autor de una nueva forma de hacer política, supuestamente honesta, pulcra e impoluta. El personaje que toma las pacas de billetes en el video, es diputado a la Asamblea Nacional, candidato a la Alcaldía del Municipio Sucre y representante de su organización partidista ante el CNE.

Caldera durante su rueda de prensa mostró un mosaico de contradicciones y torpes intentos por victimizarse, como si el delito no fuese la irregular recepción de este dinero de dudosa procedencia (y con fines que generan mala sospecha) sino que insinúa que el delito fue que lo grabaran cometiendo su vagabundería. Parece este joven abogado ignorar que este delito tiene pluralidad de sujetos pues lo comete quien da el dinero pero también quien lo recibe.

No cabe duda que la imagen de Capriles queda manchada a consecuencia de la conducta impropia de uno de sus más íntimos colaboradores y queda por aclarar si definitivamente el candidato presidencial se ha reunido con éste u otros "donadores" de dinero.

Ahora bien, como era de esperarse, los culpables siempre huyen hacia adelante y una vez más procuran responsabilizar al Gobierno Nacional y al PSUV por una campaña sucia en contra de ellos, como si fuese aceptable darle tan grosera denominación a la investigación de los crímenes de corrupción. Sólo una mentalidad que funcione al revés podría aceptar que los delincuentes son las víctimas y los denunciantes son los victimarios.

La investigación criminal es en torno al hecho irregular de esta entrega de dinero, no de quienes captaron la imagen del acto de corrupción para presentarlo ante la justicia y la opinión pública. Los venezolanos tenemos derecho a conocer la conducta de quienes aspiran ejercer cargos de elección popular y mucho más si cometen desviaciones contra la ética, la moral y las leyes.

Llama poderosamente la atención que este escándalo de corrupción haya estallado precisamente en el aniversario del partido Acción Democrática, el cual mantiene una especie de relación sadomasoquista con Primero Justicia y especialmente con Capriles, ya que a pesar de en sentido formal los adecos tienen a este personaje como su candidato presidencial, es público y notorio el desprecio de Capriles hacia esta organización política y su ausencia en el festejo conmemorativo del adecaje era un hecho totalmente previsible.

Luego de tantos dimes y diretes en esta relación de amor y odio entre blancos y amarillos, razonable es preguntarse si durante tan emblemática fecha, los adecos no tendrían sus manos metidas en la preparación de esta supuesta emboscada contra Caldera y el bochorno al que hoy quedan expuestos los llamados por Henry Ramos Allup: "burguesitos, lechuguinos petimetres y ultramontanos".

El autor es: Constitucionalista y penalista. Profesor de estudios políticos e internacionales.
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