Las “mentiras blancas” del antichavismo
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A aquellos que siguen creyendo en el liderazgo antichavista y en su coro mediático conviene releer la entrevista que Teodoro Petkoff dio a Noticiero Digital el 8 de diciembre de 2006, cinco días después de las últimas elecciones presidenciales.

Para ese momento, los opositores vivían un guayabo. Al contrario de lo que les habían asegurado sus dirigentes, televisoras, radios y periódicos, mordieron el polvo de la derrota el 3 de diciembre, cuando su candidato, Manuel Rosales, cayó 63% a 37% ante Hugo Chávez.

Petkoff perteneció al comando de Rosales, a quien aupó luego de tres meses proponiéndose a sí mismo como encarnación de una candidatura “combólica” y no simbólica.

Consumado el fracaso, Petkoff confesó a Roger Santodomingo, director de ND, que nunca creyó en “pajaritos preñados”. Así le salió al paso a Oswaldo Álvarez Paz y Pablo Medina y otros (“valientes de internet”, los llamaba) que tramitaban su despecho atribuyéndoselo a un fraude. Los alardes triunfalistas en torno a Rosales, similares a los que ahora hay alrededor de Capriles, fueron, según el político, simples “mentiras blancas”. De paso, aceptó que encuestadoras como Datanálisis e Hinterlaces sí decían la verdad cuando daban ganador a Chávez. Cualquier semejanza con el tiempo actual es más que una casualidad.

Petkoff negó que los exit polls, o encuestas a boca de urna, favorables a Rosales, puestos a circular por factores de oposición durante el día de las elecciones, fuesen prueba de un fraude.

—Los exit polls no son sino una fotografía de un instante y van cambiando a lo largo del día. Cualquier encuestador serio explicaría que los resultados de los exit polls se consolidan al final de la jornada cuando se estabiliza la tendencia. De tal manera que divulgar exit polls al mediodía es un error. Por supuesto que hay exit polls parciales, de sitios donde ganaste que pueden confundir las tendencias. De manera que sí hubo gente en el comando de Rosales que hizo eso estaba actuando en forma enteramente irresponsable. Ahora, afortunadamente, Rosales tiene un liderazgo tan sólido en su grupo que cuando él vio lo que pasaba, de inmediato dijo: “Perdimos señores, vamos a reconocerlo”. Y allí ahí nadie chistó.

—Esto que está ocurriendo sumió en una especie de depresión a un amplio sector de la población que sintió que su opción no triunfó. Incluso se siente en el tráfico citadino que una semana después aún parece que estuviésemos en un primero de enero. Decíamos que eso tiene que ver con expectativas infladas El hecho de que las encuestas utilizadas por el mismo comando de campaña, Penn and Schoen, por ejemplo, daban la posibilidad real de un triunfo o de algo muy parejo, lo cual estuvo completamente lejos de la realidad.

—Nadie puede ir a un proceso electoral, hacer campaña diciendo que va a perder. Naturalmente, tiene que hacer el juego de estimular a sus propios partidarios diciendo esas, vamos a llamarlas, mentiras blancas. Más cuando en plena campaña tu adversario está utilizando encuestas mentirosas que colocaban a Rosales en el subsuelo. Pues obviamente, había que dar una respuesta también que permitiera que la gente no se desanimara antes de tiempo.

—Entonces puede y debería producirse una disculpa pública a Datanálisis e Hinterlaces, entre otras que fueron descalificadas por representantes del comando y cuyos voceros fueron linchados moralmente por sus seguidores. ¿Estaban o no estaban las encuestas en la razón?

—Pues es verdad, estaban en lo cierto, estaban en lo cierto. Y además lo sabíamos. Siempre partí, puertas adentro, de que lo que nos iba a tocar enfrentar era justamente un resultado desfavorable. Y eso pasaba por actuar del modo como se hizo para impedir que la natural decepción que mencionas se transformara en una desbandada. Y creo que lo logramos. Creo que el gesto de Rosales permitió que la gente dijera: bueno, después de vivir el ratón, el guayabo, ok, está bien, pero aquí hay un liderazgo y aquí hay una manera de seguir luchando. Eso es lo que me parece importante. Ahora, desgraciadamente, las confrontaciones electorales, pues… yo recuerdo cuando yo era candidato del MAS, perfectamente consciente que era una candidatura simbólica y ¿yo no decía que iba a ganar?

—¿Hubo, en algún momento de la campaña, una mínima posibilidad de triunfo?

—Mínimamente. Pero francamente no creo. La tendencia estuvo clara desde el primer momento. Bueno chico, ya que pasó todo, puedo decir con franqueza que, por lo que a mí respecta, que creo conocer el país, que no estoy distanciado de la realidad popular venezolana, para mí no había ninguna duda del resultado. Ni cuando me lancé como candidato –y en esos breves meses que recorrí el país pude darme cuenta de lo que significaba subir corozo de espalda–, ni cuando acompañé a Manuel Rosales con el entusiasmo con que lo hice pensé que derrotaríamos electoralmente a Chávez, pero sabía que su derrota futura pasaba por este trago amargo. 

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Ciudad CCS

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