El autobús del retroceso
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Estamos en época de elecciones, lo que conlleva de manera irremediable a la confrontación de ideas y modelos, lo cual con la ayuda y aplicación de la dialéctica política nos amplia el análisis histórico del pasado y presente, y nos proporciona elementos de juicio sobre el futuro incierto y utópico pero de alguna manera predecible o deseable por la mayoría del pueblo venezolano.

En ese sentido en el calor de la campaña electoral, se vislumbran dos modelos diametralmente opuestos. Por un lado el modelo claramente definido como y caracterizado por un neoliberalismo capitalista salvaje aupado por la ultraderecha nacional e internacional que tiene como premisas fundamentales la maximización de las utilidades privadas la privatización de todas las actividades en las áreas económicas, políticas y sociales, así como la disminución del papel del Estado-Nación como actor principal en la redistribución de la riqueza nacional y por ende de la satisfacción de las necesidades colectivas de la población, y el cual podemos denominar como modelo neoliberal de la ultraderecha.

Por otro lado un modelo incipiente y difuso,  pero con una carga humana y social sin precedentes en la historia contemporánea de nuestra nación, que tiene como premisa fundamental y centro de toda su acción al ser humano como actor principal de su desarrollo y construcción, sustentado en las normas constitucionales y leyes especiales dictadas al respecto; y el cual no tiene un nombre definido pero lo podemos denominar como modelo socialista democrático participativo.

El primer modelo está sustentado y aupado por una oligarquía política y economía que detenta el poder y lo ejerce para beneficio de sus grupos e intereses propios, creando para ello mecanismos legales que le den legitimidad a sus acciones grupales e individuales, apoyados a su vez por los grandes centro de poderes internacionales alineados en su concepción geopolítica con los mismos.

El segundo modelo, con sus fallas e imperfecciones, propias de su propia génesis insipiente y en desarrollo, sustentado por leyes sociales de avanzada y que buscan en el contexto nacional e internacional un camino común a otras sociedades que luchan por una mejor redistribución de la riqueza y el capital, con rostro humano y solidario, y que se está construyendo con sacrificio y amenazas.

El primer modelo ya fue aplicado en nuestro país en la época de la IV Republica (1958-1998) especialmente en la década de los 80 y 90, con los gobiernos de Carlos Andrés Pérez II (1988-1993) y Rafael Caldera II (1993-1998), signado por la privatización de todos los bienes de la nación así como las áreas sociales de la salud, educación, infraestructura e inflación galopante, aunado a la aplicación de las políticas neoliberales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con un alto costo social para la población, y lo cual tuvo como consecuencia emblemática el estallido social denominado como EL CARACAZO con resultados nefastos e incalculables desde el punto de vista social, económico y político para el país.

En este sentido, el candidato de la Ultraderecha Nacional Henrique Capriles Radonski en su “Autobús del Progreso” nos ofrece devolvernos al pasado mediante la aplicación del modelo neoliberal de la ultraderecha., ya superado y transmutado por nuestra sociedad, y por lo que le cambiamos el “coco” o la ruta por RETROCESO.

La rueda de la historia no debe devolverse, y mucho menos a estadios dolorosos y superados. Es por ello que la sociedad venezolana el próximo 07 de octubre votara mayoritariamente por la alternativa del modelo socialista democrático participativo, representado por el Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Fría, que por lo menos nos garantiza la búsqueda de mejores oportunidades para el país nacional y nuestra sociedad.

Lcdo. En Contaduría Pública - Profesor Universitario *

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