No hablemos del gobernador de Anzoátegui ¡Primero es Chávez carajo!
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Confieso que no he perdido tiempo en pensar en candidatura a Gobernador. Como los buenos chavistas, incluyendo al actual gobernador Tarek, pienso sólo en el 7-0. Por una razón muy sencilla, creo ese día se juega el destino venezolano y en gran medida el de América Latina.

Además, mis cavilaciones, la piel misma, me dicen que lo que ahora expresan las encuestas, acerca de las tendencias con respecto a esos funcionarios regionales, puede cambiar ese día. Depende del tono que alcance el cantar de las cifras.

Digo lo anterior, porque lo creo profundamente; como solíamos decir cuando éramos jóvenes, “con la fe de los carbonarios franceses” y para evitar equivocaciones o malas interpretaciones de lo que voy a comentar.

Pareciera que el proceso de cambio que lidera el presidente Chávez, evaluado desde la perspectiva regional, marcha de manera demasiado desigual. Unas regiones, Estados o Alcaldías, marchan como muy rezagados con respecto a otros y también esa conducta asume la inversión central. No obstante, pido perdón si dije una perogrullada.

Pero esto no es nuevo, ni inherente al proceso bolivariano. Ese mismo fenómeno, se manifestaba durante la IV República. Algunas veces, los improvisados, lo atribuían a simple caprichos o deseos de los altos funcionarios nacionales y hasta del presidente mismo. No obstante, uno de los períodos de mayor indiferencia del poder central con Anzoátegui, fue el del gobierno de Jaime Lusinchi, pese que éste nació en la población de Clarines. Otros, conformistas o caídos de la mata, se embarbascaban pensando que así debía ser.

En aquellos tiempos, nosotros contra eso, dejamos escrito que en ese proceder influían tres cosas; la acumulación de capital de la zona o Estado, que había dado origen a clases poderosas con capacidad para exigir e imponer, la formulación de propuestas o proyectos sustentables y rentables, generalmente relacionados con ellas; finalmente, la existencia de direcciones políticas con inserción en el asunto. Por oportunismo, sobaqueadas por aquellas o simplemente sintonizadas con los proyectos de desarrollo que ellas imponían

Esa conjunción se hacía sentir en la formulación de las políticas y hasta en la designación de los funcionarios que ellas implementarían. La zona central del país y parte de la occidental y sus respectivas clases dominantes, contaron con los tres factores a su favor y les sacaron provecho.

Llegado a este punto, sin que esto envuelva una expresión de simpatía por su candidatura, sino porque recoge lo que antes sostuve, debo manifestar mi interés por lo expuesto por Miguel Pérez Abad, de quien el diario El Tiempo publicó una entrevista hoy lunes 3 de septiembre, y en la cual se le pregunta, ¿El Jefe del Estado tiene deudas con la entidad?:

“Las deudas nos las tiene el presidente Chávez, sino

los anzoatiguenses que apoyamos la revolución en

el Estado. A los revolucionarios del Estado nos ha

faltado coherencia política, la fuerza para ponernos

de acuerdo y llevar a Caracas los proyectos más

importantes para el desarrollo de la entidad.”

En Anzoátegui y muchas otras entidades regionales del país, la dirección política no asume el rol que le corresponde. Como ese de trabajar, de alguna manera en función de los proyectos que haya que llevar adelante y las acciones para insertarse en la etapa de transición al socialismo. Parecieran muy buenas, quizás demasiado, en colaborar en mantener el interés del votante por el presidente, para movilizar con rapidez grandes contingentes, pero descuidadas en tareas de gran envergadura que llamen la atención del Poder Central y colaboren con él, en lo de justificar grandes inversiones para transformar el país desarrollando la región y profundizando en ella el socialismo.

El presidente y los altos funcionarios de gobierno, en verdad no tienen deuda alguna con nosotros, sobre todo si no somos capaces de pensar en nuestro entorno, formular proyectos productivos, culturales, etc., y luego, atesorar la fuerza y coherencia necesarias para hacernos escuchar.

La dirección política debe renunciar a la cultura de la subalternabilidad y con razones y argumentos de peso, apoyada en el pueblo, Concejos Comunales, Partido, organizaciones sociales, sindicales, etc., debe proponer y llamar con fuerza la atención. En este sentido, es bueno recordar la importancia y peso del gremio de los trabajadores petroleros anzoatiguenses, quienes en Venezuela tienen un significativo peso tanto cuantitativa como cualitativamente.

Elaborar esos proyectos productivos y orientar adecuadamente toda esa fuerza creadora e impulsora es primordial; pues la dispersión, el limbo, no traen sino debilidad, falta de interés del interlocutor. No puede él pensar por nosotros ni hacer lo que nos corresponde. Por eso, es claro que perder el tiempo en cosas y hasta rencillas subalternas no nos va hacer competentes para cumplir la tarea que nos demanda el cambio.

Digo todo esto, sin abandonar mi posición de esperar tengamos candidato para darle mi respaldo; porque ¡primero es Chávez, carajo!.

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