La irresponsabilidad del voto opositor
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No pocas veces tenemos que escuchar intentos de argumento por parte de opositores, que sin ningún aparente interés en lo que pueda decir o dejar de decir su candidato, simplemente optan por sostener que cualquier cosa distinta a Chávez es mejor, afirmación que puede ir acompañada por un odio iracundo por el líder y presidente o por cuestiones expresiones tales como que es necesario cambiar, que quieren algo distinto. Pero el punto importante a destacar es la irresponsabilidad del votante opositor, que la podemos encontrar desde jóvenes perdidos en la música alienante hasta profesores universitarios en las facultades de humanidades, que al menos deberían hacer un ejercicio neuronal aparte de estar encerrados en sus libros de textos.

Una vez que estos opositores han expuesto su simplona razón, suele terminar cualquier intento de discusión con respecto a la campaña sostenida por el candidato de la oligarquía. Porque no hay manera de que los haga entrar en un mínimo de razón la poca habilidad verbal de Capriles, su discurso lleno de referentes vacíos, los intentos ridículos por imitar a Chávez, en definitiva, en muchos casos ni siquiera lo escuchan. De igual modo, explicar qué significa su proyecto, qué hay detrás de sus intentos por acceder al poder, cuáles personajes y conexiones financian la campaña, es una pérdida de tiempo. Nada de eso importa, simplemente se trata de votar para impedir que el presidente se reelija por un período más, por ello llegan en muchos casos a darnos la razón ante las críticas que se le puedan hacer al candidato, porque eso simplemente no es relevante, ni quién sea, ni cómo se comporte.

Es la conducta irresponsable de todo un sector de la ciudadanía a la cual le encanta hacer pasar a quienes acompañamos el proceso revolucionario como una masa que sigue ciegamente un proyecto sin detenerse a pensar en su contenido. Cada vez es más tangible que la cosa es al revés, es la oposición la que por salir de Chávez es capaz de votar ciegamente por cualquier candidato, sin pensar propuesta, no necesita escucharlas, la única válida y suficiente es ver otro rostro en la silla presidencial. Habría que apartar a los sectores opositores que están claros en lo que hacen, entreguistas y burgueses que ven en Capriles su retorno al poder.

Los asesores de campaña del candidato de la MUD y lo políticos miembros de ésta conocen bien este fenómeno, si ya les pusieron una vez a un tipo como Manuel Rosales y salieron a votar en cantidad, pese a que para muchos de ellos resultaba una figura ridícula y risible, cualquier candidato con la maquinaria y el sello opositor será votado por todos esos que no quieren la continuidad y profundizando de un proceso político, demonizado cotidianamente por la prensa burguesa y rentista de los Estados Unidos.

Ésta es la mayoría del voto opositor, no quiere decir que no existan individualidades que se hayan ocupado al menos de leer el plan presentado al CNE. El lineamiento de la MUD, que no se encuentra en la página de Capriles, consta de 175 páginas, ha sido revisado de seguro por un porcentaje avasalladoramente mayor de nosotros que de los que pretenden convertirlo en un programa de gobierno real. Entre esas líneas encontramos el contenido real de la propuesta de la derecha, ahí comentan la eliminación del “gasto social” que le corresponde a PDVSA, el retorno a sus “legítimos dueños” de todo lo que ha sido entregado al pueblo, darle carácter constitucional a la defensa de la propiedad privada en todos sus niveles, qué pasará con las misiones, la eliminación de las relaciones internacionales con los países hermanos, para retornar así al “natural desenvolvimiento histórico de nuestra diplomacia”. En cambio, el programa de gobierno presentado por Capriles transmite los mismos referentes vacíos del “progresismo” simplón con el que ha llenado su discurso, sabiendo que la mayoría de sus afectos no revisarán el primero, la manipulación es mucho más sencilla.

Si por un lado tenemos la irresponsabilidad del votante opositor, más cercano al elector del cuento “el diente roto” que a un ciudadano consciente, por el otro hay un pueblo movilizado, haciendo política cotidianamente en todos los espacios, leyendo la propuesta para un Segundo Plan Socialista, haciendo círculos de estudios, activado en la formación política diaria que no se restringe a la recepción de ideas emitidas por el Presidente Chávez, sino a la construcción subversiva de su propia realidad.

Ante lo que representa la política y la decisión del voto vemos dos posturas muy distintas, una que restringe su ejercicio a unos pocos minutos en los que se sienten “patriotas”, políticos cabales hasta que retornan a la cotidianidad alienante, por lo que el horizonte y significado de la decisión resultan poco profundos. La otra, ve la política como un quehacer cotidiano, frente al cual el voto es un acto más en una cadena de labores, responsabilidades que se asumen con un compromiso real con su comunidad y el país, en el marco de la permanencia y garantía de un proceso. 

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