¿Jalabolas yo: Chávez?
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Eso no se vale: que el que pega primero tiene la razón para llevar adelante la batuta de la confrontación de ideas que en política se respeta y, que así como majunche me llamaste majunche me quedé con mi gorrita que me tapa todas las afrentas que me lanzan de lado y lado y, yo como excelente vende patria me encaramo en lo más alto del podio de mi juventud a deshojar las ironías que más me entristecen con lo que quiero decirte: que ya el tiempo de quítame esa paja de detrás de las orejas para caernos a trompadas limpias que varias veces practicaron los líderes de los viejos partidos como AD y Copey es cosa del pasado y por supuesto no cabe en la vigente enciclopedia de la guerra sucia.

Aclaro sin solicitud alguna que esa expresión casi pasada de moda se me ocurrió en Guayana a ver si tapaba lo de la soapara que me dejo bien mal parado: al tratar de tragarme una espina de ese pescado que me enredo el papagayo filosofal de mi exquisitez culinaria de las regiones que visito, pero, tampoco era para tanto que, equivocarse es lo más fácil que hay en esta vida y más de nosotros que somos candidatos inteligentes como guías partidistas con una experiencia kilométrica dentro del panorama político internacional en que yo –Capriles- como carite-sierra sin escama me muevo a futuro.

Hago constar bajo toda circunstancia que lo de llamar jalabolas a los trabajadores fue un disparo al aire que me salió sin mucho esfuerzo en el sentido de aduladores en que muchos de ellos se mueven para direccionar a su antojo los sindicatos de allá y de acá, por lo que no inventé el modo de caminar de las argonautas ni fue lo que pensé en el momento de tan sacrificada idea de reventarle el tímpano de la desobediencia a alguien en particular a sabiendas que a nosotros los que nos mueve es el lucro y como tal nos lucramos en el paraíso de las finanzas que nos envuelve de dólares dentro del neoliberalismo de nuestra burguesía.

Pueda que en sí sea un jalabolas, pero de los yanquis -eso jamás-, ya que es todo lo contrario al ser ellos los que se guindan de mí o, quizás de Uribe lo fui y, que posiblemente pasó rozando por encima de la mesa como una leve metida de pata a causa de Leopoldo López, quien me lo puso en la puerta de la inseguridad en que andábamos y a raíz de que no culipandeamos a tiempo es que quedamos con la corbata del asomo enredada, pero en lo que resta de campaña vendrán días mejores como muy bien lo dijo Enrique Mendoza y, que nosotros esperaremos con gusto a ver si llegamos a la meta de primero a no ser que todos los jalabolas de Primero Justicia se vayan con el otro candidato que muchos adecos y copeyanos sin vergüenza alguna lo harán.

Lo que si me molesta y me mantiene en el filo de la preocupación como un síndrome nefasto es que el presidente Chávez se haya ido por la tangente de la furia y se halla ofendido de tal forma que se llevó por delante la equidad de su justicia social y se haya embravecido tan a la ligera que puso el auditorio del Teresa Carreño a reventar de aplausos cuando se dirigió a mí y solamente a mí: como “más jalabolas serás tú majunche” y nunca pronunció mis apellidos como le correspondía dentro de las más elementales normas de cortesía y eso me molesta sin medir por lo que el candelero gasífero de mi intimidad no encuentra como apagarse de la rabia que me arde por dentro.

He recibido órdenes bien precisas de mis asesores mayameros y, en particular de JJ Rendón que no me acelere mucho y, más bien coja mínimo secuencial que desorbite mis buenas intenciones catalíticas de mi organismo y que siga metiendo la pata, pero no tan seguido que así como el cilantro no tanto y, al respecto he pensado no dejar de tirar la primera piedra donde haya que tirarla y si el candidato Chávez me la devuelve que no sea con el tino que lo caracteriza y quien quita que me deje pasar algunas engorrosas de por sí y, también he recibido algunas observaciones del peso pesado Teodoro Petkof que con su gran experiencia de diletante político ecuánime me hace ver que por mi bien no abra mucho la boca, porque en boca cerrada no entran moscas, frase que no entendí por lo complicado de su suplemento idiomático de un izquierdista sin parangón que fue jefe de campaña del filósofo zuliano Manuel Rosales quien administró esa campaña a su favor sin mérito alguno que destacar y, además me exige que no juegue mucho con el jalabolismo que eso a la larga se pega y para despegarlo cuesta un bolón y parte de otra y, que tampoco le saque el trapo rojo al presidente Chávez, porque entonces me puede reventar los cachos –cosa que tampoco entendí- por lo apretujado de su significado.

¿Jalabolas yo: Chávez?

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