Mi querida Miss Venezuela
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Es probable que no haya en este país ningún otro evento que manifieste las más melladas estructuras de la burguesía, que esa chamusquina idiotizante llamada Miss Venezuela. Uno no sabe con que tipo de sentimiento se traga alguna venezolana de cualquier humilde lugar de este país, ese retornelo infecundo de que se está eligiendo la “mujer más bella de Venezuela”.

A partir de allí, tampoco se sabe hasta donde llega el simplismo más execrable de los organizadores de ese evento, al sobreponer los rasgos físico-fisonómicos a los valores sentimentales y culturales de la mujer. Con razón suele con frecuencia suceder la ausencia de los apellidos más oriundos de la venezolanidad, en el nombre de las finalistas empinadas al cetro de la beldad que los Cisneros guardan cada año con tanto celo.

Y en una noche tan linda como esa, las agraciadas jovencitas escogidas para disputarse la aureola dorada que le catapultará a la fama de las mas acaudalados, bailan como divas, muestran sus esculturales fisonomías y expresan con aireados semblantes sus mas exquisitas sonrisas, para inducir a un jurado profundamente penetrado por lo mas torpes procedimientos del capitalismo, a que se les escoja como la que mejor tan expresivas manifestaciones corporales ha descollado.

Así es la práctica capitalista. Sus contravalores van directamente a la búsqueda del protagonismo superficial. Hurgan hasta en la anatomía humana, para vender los productos de la alienación. Deforman con inquina la magnanimidad de la presencia humana, para desdoblarla en el espejismo inocuo de una la lindeza efímera. Por eso la mujer, ese ser que se hace irresistible ante una mirada humana y sencilla más que de una sonrisa rebuscada por la comercialización, debe continuar en sus procesos liberadores que la arranquen de la tentación capitalista.

La belleza de la mujer se hace mas sublime cuanto mas solidaridad exprese y cuanto mayor sea su compromiso con de humanidad y emancipación. Cualquier dama en este concepto, fácilmente podría expresar que no valdría la pena ser la “mujer mas bella de Venezuela”, si la enajenación capitalista no le permite ser cada día mas útil.

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