Incendio en las esferas de la oposición
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Una oposición con aditivos de convertidos catalíticamente y gente de petróleo (viscosa, volátil, de oscuro corazón) incendia al país con sus estertores macabros. Las bajas y altas esferas de su dirigencia y militancia se consumen en un fuego dantesco provocado por una fuga de gas expelida por la podredumbre de sus entrañas y almas.

Las llamas acaban con la poca cordura que les quedaba: reducidas hasta cenizas sus esperanzas de triunfo, colocan monedas en las manos de la Parca para que aumente la cifra de muertos y heridos, total, no hay mal que por bien no venga. Se regocijan con el sonido reiterado de la explosión que en video recorre internet y que no deja dudas de su destino, cuando la voz en off dice “chamo, grabalo pa’ que lo pasen por Globovisión”.

La certeza fútil de que cada muerto será un voto más para ellos, los lleva a imaginar escenarios de nuevas tragedias e incluso a pronosticarlos, Mendoza dixit. Ya no solo serán las lluvias o el puente de Cúpira, ahora deben consumirse en el fuego sagrado de la derecha Corpoelec, y derrumbarse cual película de Hollywood el puente sobre el Lago de Maracaibo.

Y razón no les falta: cada muerto es un voto menos, porque nadie del pueblo en su sano juicio puede votar por quienes los miran como corderos al sacrificio ante la deidad imperial. Total, les dicen, mejor morir como mártires que víctimas de la delincuencia, el hambre y las enfermedades que mandan en el país virtual de sus sueños.

No hay manera de refinarlos, ni siquiera con el CRP. No hay forma de lograr que se conviertan en combustible para las buenas causas, en gasolina para la solidaridad  y la justicia social. Una pléyade de ex convertidos en dinosaurios, en adoradores del pasado, ridículos Luis XV que no cesan de decir, “Aprés moi, le déluge”, luego de ellos lo que llueve es ignorancia. Por ellos que el país coja fuego, ya no se la calan más: allí estarán, con un encendedor en una mano y un martillo en la otra, para procurar la fuga y la ignición que acaben con esta charada. Confundirán el craqueo catalítico con el cacareo apocalíptico de sus gallinas mediáticas, y aullarán como lobos ante la sangre derramada, y danzarán como buitres ante las entrañas del otro, y reirán como hienas ante el animal herido.

Pero no volverán. Ni siquiera sobre nuestras cenizas, porque no hay fuego que pueda chamuscar una idea. 

El autor es: Periodista y docente universitario

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@raboscandanga

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