Colectivo Ciudad Socialista Simón Bolívar: Caricuao rebelde y soñador
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La organización popular está llena de complejidades y están de por medio, más de las veces, los intereses individuales de algunos que desdibujan los intereses de las grandes mayorías. Pese a esas complejidades inherentes a la propia conformación del movimiento social y los intereses de algunos, por encima de todo está la organización popular misma. Uno de los elementos más importantes para la emergencia de las lógicas capitalistas tiene que ver con la dispersión del pueblo, con la atomización de la fuerza telúrica proveniente del poder popular. La gran apuesta del capitalismo está, entre otras cosas, en la generación de esos aislamientos, en la emergencia de lógicas individualistas que impidan cualquier posibilidad seria y trascendente de emancipación social.

Uno de los puntos más fuertes y resaltables del proceso revolucionario tiene que ver precisamente con la emergencia de movimientos moleculares que aspiran a participar efectivamente en la acción política, aún más, en la acción de gobierno, en la propia ejecutoria de políticas públicas. Me gusta pensar que son esos los verdaderos derroteros de la Revolución. Chávez lo sabe, ¡y vaya qué lo sabe bien! Está consciente que en el poder popular están las claves primigenias para generar la verdadera emancipación social; allí, o desde allí, emergerá la lógica potente que lograría desfigurar todo el andamiaje político-ideológico del capitalismo. Nada más peligroso para los intereses del capitalismo que la organización popular. En la medida que se construyan nichos de poder, espacios de decisión colectiva y de construcción efectiva del poder popular, en esa misma medida se le resta espacio a cualquier posibilidad de lógica individualista. Se trata entonces de apostar por la emergencia de lo popular como lógica instituyente y como forma de gobierno.

De tal manera que lo nuevo, en la lógica política nacional, debe fundarse sobre las bases del poder popular, sin miramientos de ningún tipo, sin aplazamientos burocráticos, sin cortapisas de ningún orden. Se trata del pueblo y sus necesidades más sentidas: con el amigo y poeta Pedro Ostty decimos“…también desde el dolor se puede comenzar”. El mayor incentivo para la organización popular tiene que ver precisamente con la falta, con la ausencia, con la pena, con el dolor; todo ello a causa de un sistema que imposibilita la inclusión de las grandes mayorías a los bienes y servicios producidos en el país; dolor y pena que han sido el caldo de cultivo para la propia emancipación: el capitalismo tiene esta dualidad de origen y germen de su propia aniquilación.

Reitero: uno de los logros más importantes de la Revolución tiene que ver con la emergencia de estos movimientos populares. Por doquier salen a relucir sus motivaciones, su verbo refulgente y sus lógicas. Recientemente tuve la oportunidad e compartir, una vez más, con uno de estos movimientos: hablo del Colectivo Ciudad Socialista Simón Bolívar de la UD-6 en Caricuao. Asistí con el amigo y exalumno Eric Sánchez, ambos siempre motivados por la experiencia comunal, allí donde la Revolución se hace carne y trabajo. Eso fue el sábado en la mañana, a eso de las 10:00 a.m. Me sorprendió sobremanera ver a la muchachada jugando, riendo, saltando, bailando; mientras que los padres, con machetes, palas y picos intentaban desmalezar el terreno. La historia de este colectivo es particular, toda vez que, a diferencia de otros colectivos, éstos se apostaron frente a unos terrenos baldíos que en su momento estaban adjudicados a Hidrocapital y el otro terreno contiguo pertenecía a la Universidad Simón Rodríguez. No obstante, sendos terrenos estaban prácticamente abandonados por ambas instituciones (ambos terrenos suman casi 20 mil metros cuadrados). A pesar de esta situación, el colectivo que se apostó frente a los terrenos mencionados en ningún momento intentó vulnerar el orden legal establecido. Fueron pacientes y esperaron, como debe ser. Más de 20 años tienen estos terrenos sin que aún se acometan obras para alguna de las dos instituciones que se arrogan los derechos del extenso terreno (Hidrocapital y la Universidad Simón Rodríguez).

El asunto es muy sencillo, tan sencillo que no requiere de mayores explicaciones: en Revolución los terrenos no se “engordan” ni quedan “a la buena de Dios”; con Chávez y la Revolución los terrenos como estos deben ser para el pueblo organizado que está urgido de viviendas dignas. Así fue. Luego de una larga espera, estos camaradas del Colectivo Ciudad Socialista Simón Bolívar han por fin visto una rendija por donde dejar colar sus legítimas y sentidas esperanzas de tener un techo propio. El día llegó, el viernes 17 de agosto, en el Teatro Teresa Carreño, una de las integrantes del colectivo pudo hablar directamente con el Presidente y explicó brevemente la situación de los terrenos y además tuvo la oportunidad de entregar un legajo con todo el proyecto de construcción de viviendas en los terrenos ahora ocupados por ellos de forma más que legítima. El propio Comandante-Presidente giró instrucciones precisas al ministro Molina para que se encargara personalmente del trabajo. De hecho, un par de días después, el presidente Chávez preguntaba al ministro Molina “cómo va el asunto con la gente de Caricuao”, aludiendo específicamente a lo que algunos días antes ya se había comprometido en el Teresa Carreño.

En Revolución los trámites burocráticos no tienen cabida y en eso, no cabe la menor duda, el presidente Chávez ha sido un ejemplo. Ha sido un experto en romper protocolos y pesados trámites burocráticos, su ritmo es el ritmo del pueblo; tal vez allí se fragüe el vínculo unitario e irrompible entre Chávez y el pueblo. Es allí donde la frase de Luis Britto García adquiere una significación más material: Chávez es el Presidente-Pueblo. Una pregunta me asaltó al ver la cadena del 17 de agosto de 2012: ¿Cómo sabía Chávez que esa muchacha, en ese mar de caras y en aquel bullicio estruendoso, estaba allí como vocera de todo un colectivo que clama por una vivienda justa?

El asunto es que este colectivo está realmente emocionado porque ven como se están materializando sus sueños de tener una vivienda digna. Cuando llegué al lugar, la música de Alí nos recibió, un par de ollas estaban dispuestas para hacer el sancocho colectivo, los niños revoloteaban de aquí para allá; todo era esperanza y trabajo manual; los hombres y mujeres por igual repartían el jugo, giraban instrucciones, desmalezaban a machetazo limpio, ordenaban las bolsas de basura. Todos estaban allí con esperanzas y sueños, con la cercana ilusión de ser propietarios de un techo. Ahora, pueblo y Gobierno nacional están unidos por esta lógica democrática verdaderamente radical; ya echó a andar este proyecto tejido con los sueños y luchas de un puñado de compatriotas que saben que allí, dentro de algunos meses tendrán un lugar para vivir y seguir construyendo la patria nueva, la patria revolucionaria.

Lo importante es que las ilusiones no cejan y estos camaradas están ansiosos para inicien los movimientos de tierra, que las máquinas se aposten en el lugar e inicien los trabajos; sus urgencias no admiten más demoras. Ellos han hecho un trabajo encomiable y sostenido, sólo falta que la palabra empeñada se cristalice. Lo demás ya echó a nadar. Los caminos de la Revolución son los caminos del pueblo llano y sencillo. Nada detiene este aluvión telúrico llamado pueblo organizado. Ese día sábado era imposible no contagiarse con el trabajo colectivo, nos tocó desmalezar, cargar el agua, servirla; en suma, el contagio nos animó a esta nota, nos animó a hacer este breve escrito para dar cuenta de uno más de los miles de movimientos que están clamando por participar en la construcción efectiva de su propio destino. La adición de estos colectivos tiene que ser la punta de lanza de la Revolución Socialista. Ahora en Venezuela la política transita otros lugares, ya no es un asunto palaciego, sino algo que tiene que ver con el barrio, el caserío, las veredas, allí donde las carencias y las penas se vuelven motivación y deseo de participar. Con movimientos como el Colectivo Ciudad Socialista Simón Bolívar la Revolución se robustece y el pueblo siempre sale ganando. Con la fusión Pueblo-Revolución la primavera es inexorable.
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