Extrañeza en la revolución, o una caminata por Caracas
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A pesar de las amenazas de lluvia, decidí realizar una caminata desde la famosa Esquina de San Luis de la Avenida Fuerzas Armadas, pasando por la avenida Panteón y desviándome por la avenida La Arboleda para poder llegar así a la Avenida Andrés Bello. En ese tour pude sentir algo extraño en el ambiente, pero que no podía detectar, por lo que comencé a tratar de agudizar mis sentidos y poder filtrar la incógnita que me embargaba.

¿Qué hay poca cola? No, eso es normal, estamos de vacaciones escolares.

¿Será la gran construcción de viviendas que he observado en el recorrido? Tampoco, Eso se sabe que es de la “Gran Misión Vivienda Venezuela”.

¿Será la ausencia de basura? No, porque eso se ha estado normalizando en estos últimos años.

¿Qué ha disminuido la cantidad de comerciantes informales en las calles y aceras de la ciudad? Ciertamente han disminuido, sin embargo eso ha ocurrido porque el Estado les ha dado alternativas para formalizarse en locales dignos y otros han dejado esa forma de trabajo al haber realizado cursos auspiciados también por el Estado o bien se han profesionalizado en otras áreas gracias a la oportunidad de estudio que se tiene en Venezuela ahora.

Entonces, ¿Qué es lo que extraño?.

Decidí continuar caminando, y tomé la ruta hacia el oeste por la Av. Andrés Bello, luego la Av. Urdaneta, para llegar como punto de descanso la Plaza El Venezolano.

Al haber cumplido mi meta, me senté a la mesa del ya conocido local llamado “Chocolate con cariño”; pedí un café (el cual despedía un agradable y sutil aroma a cacao), me lo tomé como el que degusta una exquisitez; poco a poco fui disfrutando de cada sorbo mientras simultáneamente me leía el Diario gratuito “Ciudad CCS”. En los interludios observaba el panorama: En una mesa contigua, una pareja disfrutaba de un chocolate mientras conversaban, en otra mesa una señora mayor estaba sentada leyendo también su prensa pero sin consumir en el local...

Aún me carcomía la extrañeza que sentía en medio de mi caminata.

Seguía observando el panorama; padres y madres iban caminando con sus niños disfrutando su paseo por la plaza. En la esquina de San jacinto se encontraba un mimo o estatua viviente emulando a un duende; por supuesto, lo rodeaba un grupo de niños disfrutando de su actuación. Observando ese evento, comencé a recordar tiempos pasados de hace unos años atrás, cuando la situación era diferente. En esos tiempos, la plaza estaba llena de comerciantes informales (buhoneros), donde las calles estaban sucias y pestilentes con olores nauseabundos, entonces fue cuando caí en razón.

“¡Por supuesto!” me dije, “¡si la mendicidad infantil ha desaparecido!”; en la media hora que estuve sentado no llegó ni un mendigo a pedirme limosna, cuando lo normal era que al menos hubiesen llegado unos 5 o 10 mendigos adultos o infantes. ¿Qué ha pasado con los mendigos? ¿Desaparecieron en Venezuela? No, aún no han desaparecido totalmente, pero si se nota la respuesta del Estado ante ese flagelo, y ¿Cómo ha ocurrido eso?; gracias a la misión “Negra Hipólita”, la misión “Madres del Barrio”, gran misión “En amor mayor”, la disminución del desempleo, la misión “Mercal” como políticas de inclusión y bienestar social.

A la conclusión que llego es que, bien decía el Che Guevara recordando a Lenín “Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, estamos en presencia de una revolución”

Nosotros percibimos ciertamente una revolución, pero los jóvenes nacidos en tiempos de esta revolución lo verán como normal, y es ahí nuestro mayor esfuerzo en tener como obligación vital el contarles la historia, y que ese pasado oscuro que vivió nuestra Venezuela no sea olvidada tras la desaparición del último de los que vivimos esos nefastos días.

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