No se descarta ninguna hipótesis
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La tragedia de Amuay, que todavía no ha sido informada con un ético rigor periodístico, conmocionó la opinión pública venezolana. La pregunta obvia es ¿qué pasó?, pero las complejas condiciones del lugar exigen paciencia, sin embargo, la exposición del gerente de la Refinería Amuay, Jesús Luongo, pudo orientar la situación actual y los primeros pasos a seguir en caso de este tipo de acontecimientos. Y el presidente Chavez en su rol de Jefe de Estado hizo honor a su habitual comportamiento de asumir la responsabilidad y dijo una frase importantísima que desmonta cualquier tipo de especulación, bien sea por ignorancia o por miseria humana, ¨no descartamos ninguna hipótesis¨ , añadiendo que se harán las investigaciones para determinar las causas de la tragedia. A diferencia de algunos medios de comunicación y algunos dirigentes políticos, quienes sin rubor alguno repiten afirmaciones irresponsables que le echan gasolina al fuego. La rueda de prensa de unos mediocres dirigentes sindicales en Guayana advirtiendo que en las empresas básicas puede pasar lo mismo que en Amuay, reflejan cuan ignorante o miserable puede ser la especie humana.

En primer lugar, no comparto la posición de denunciar un presunto sabotaje, no porque no pueda ser factible, sino porque es apresurado e irresponsable afirmarlo. En segundo lugar, afirmar falta de mantenimiento o negligencia del Estado, es igual de apresurado e irresponsable, solo que a la inversa. La posición correcta es la asumida por el Gobierno Nacional, trasladarse hasta el sitio, atender de manera integral la emergencia dando prioridad a las personas y no descartar ninguna hipótesis. Pero las redes sociales, y esa estúpida idea de que a través de ellas la gente puede estar bien informada, atentan contra el derecho a una información veraz y oportuna. Y los medios de comunicación, en su gran mayoría, tardaron demasiado en entender cuál era la noticia y su debido tratamiento. Las personas, los heridos, las condiciones del lugar y las previsiones que se debían tomar para evitar más secuelas debido a la explosión, eran temas obvios para orientar a la opinión pública. Obviamente, que acudir a los especialistas para analizar posibles causas son parte del rigor periodístico y ello no debe ser calificado a priori como campaña mediática contra el gobierno. Sí lo es cuando el medio hace juicios de valor, o establece relaciones y teorías sin ningún tipo de fundamento o hecho constatado.

Recuerdo que cuando el accidente de Conviasa exigí a los periodistas de la dirección de información donde trabajaba, que nadie daba información que no fuese confirmada y que nuestra prioridad era de servicio público para familiares de las víctimas y la opinión pública en general. Una colega se vio tentada a comentar en su cuenta de twitter informaciones sin confirmar, argumentando que era su cuenta personal, ante lo cual respondía que era si quería informar a través de su cuenta personal que renunciara a su cargo en la institución, porque había un lineamiento de información que se debía respetar. Se necesita mucho criterio para informar en tragedias como la del avión de Conviasa y la explosión de la refinería de Amuay. Y por mucha experiencia que se tenga, se cometen errores, porque errar es de humanos. Pero en Venezuela existe una realidad mediática que ensombrece el buen ejercicio del periodismo. Todo el mundo se cree periodista y tiene la osadía de asumir ese rol sin cumplir los mecanismos que permiten confirmar una noticia y luego sin tener la debida formación de como difundirla. Por supuesto que no es culpa de las miles de personas que utilizan las redes sociales, porque sencillamente son redes sociales, no medios de difusión a quienes se les alquila el espectro radio eléctrico para informar debidamente. Entender y hacer la diferencia depende de quienes hayan optado por la opción de asumir la responsabilidad de informar. Dar tribuna en los medios a cualquier político, que ignorando lo sucedido pretenda hacer análisis y juicios de valor, es tan irresponsable como darle a un niño una pistola cargada para que juegue. Hay que investigar sin descartar ninguna hipótesis, hay que demostrar lo que se asume como noticia veraz. Hay que exigir a los medios mayor responsabilidad a la hora de informar.

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