No son suficientes las campañas propagandísticas de el sueño americano para enamorar y atemorizar a las mayorías
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El aparente perdedor, vox pópuli. Es el ochenta porciento de los medios de comunicación. El perdedor representa además a los banqueros, a los financistas neoliberales, al poder norteamericano. El perdedor representa a quienes históricamente ganaron elecciones aun en contra de los intereses de las mayorías; con las mismas armas propagandísticas y publicitarias a través de todos los medios: libros de texto, cine, televisión, púlpito, prensa escrita, relatos verbales; permanentes campañas capaces de sembrar bajo la piel del pueblo, mentiras e irracionales complejos; con la misma frescura y acierto que en las campañas de coca cola.

La independencia política económica y social logradas en Venezuela está abriendo caminos en la lucha por la justicia social en la América del Sur, donde se van destruyendo mitos de dependencia. Y también nos sirve como aliento inspirador en Europa, donde de igual manera el capitalismo llegó a niveles de corrupción e irracionalidad inadmisibles por su crueldad e inhumanidad.

La respuesta de rechazo mayoritario en Venezuela, a la forma de vida engañosa del capitalismo neoliberal, supone la aceptación de un sistema distinto, de profunda sensibilidad social.

Es por lo que el capitalismo todos los días pierde seguidores. Su primera base de sustentación, la clase media, cada día es más pobre y/o más consciente del triste papel que debe jugar para servir de barrera de contención entre las dos fuerzas; los cada vez más ricos, y los cada vez más pobres. Los nuevos ricos componen la burguesía que, mediante corporaciones y especialistas de todas las disciplinas, mantiene en funcionamiento la industria mediática de la desinformación y la mentira. Materia prima de dominio del capitalismo en la sociedad actual, en la que el ser humano y la naturaleza han dejado de ser el fundamento de la vida.

La clase media se escalona en base al capital que posee cada estrato, sus distintos niveles se pelean entre si para mantenerse a flote, pero de sus peldaños inferiores a diario caen centenares de miles de familias, convirtiéndose en nuevos paupérrimos sin el más mínimo derecho. Caso que se observa en Norteamérica, y de forma parecida en toda Europa.

El capitalismo cultiva a la clase media como ejército jerárquico, por la vía del “premio y castigo”. Militantes, que en Venezuela tal vez estén llegando a la convicción de que el premio solo es un espejismo, comparable a la ilusión de “algún día ganar la lotería”, y con ello pagar las manipuladas tazas de interés y cualquier cantidad de penalizaciones impuestas en el nombre de la libertad, el libre mercado y los “recortes”.

La clase aferrada a los bajos peldaños en los que nunca encontró justicia, seguro que entienden que en Venezuela se está produciendo un cambio; que la salud no tiene que comercializarse, que con la comida no se debe especular, que las infraestructuras e industrialización sirven a toda la nación que, en Venezuela, la dependencia política, económica y cultural solo sirvió a Norteamérica y a otros extranjeros.

Como rechazo al histórico y funesto pasado, y a las palpables conquistas y acontecimientos de los últimos años; en las próximas elecciones se producirá un significativo aumento de aceptación al proceso revolucionario del siglo XXI que se desarrolla en Venezuela; sirviendo la contundente respuesta en las urnas, para que al candidato perdedor le resulte más difícil justificar el desconocimiento a los resultados, tal como lo pregonan, para entonces producir una sangrienta intentona golpista. Práctica del capitalismo, cuando los resultados le son adversos.

El capitalismo ya comenzó, en el exterior, a diseminar informaciones destinadas a la formación de una matriz de opinión contraria al reconocimiento internacional de la transparencia y probidad del proceso eleccionario venezolano. Atención a los efectos de las campañas que se avecinan.


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